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sábado, 4 de febrero de 2023

PLASTICIDAD CEREBRAL Y CARÁCTER IV: LA VOLUNTAD



               PLASTICIDAD CEREBRAL Y EDUCACIÓN DEL CARÁCTER IV   

     

Hemos visto en otras entradas los primeros apartados: desarrollo, maduración y aprendizaje personal, hábitos en edades infantiles. Dejo enlaces abajo. Ahora vamos con el siguiente tema: el carácter. 

Conocer los ritmos habituales en los que desarrollan determinadas capacidades y destrezas es bueno para ayudarles a crecer, sin perder de vista la singularidad de cada uno.


1- ¿CÓMO ES EL DESARRROLLO CEREBRAL? 
2- FASES DE MADURACIÓN  
3- ¿CÓMO APRENDEN LOS NIÑOS?, ¿CÓMO SE FORMAN COMO PERSONAS SINGULARES?

4- EDUCACIÓN, HÁBITOS Y PLASTICIDAD CEREBRAL 

5- EL CARÁCTER







5- EDUCAR EL CARÁCTER

Desde el nacimiento, el cerebro está en continuo desarrollo y aprendizaje gracias a su plasticidad tan característica. 


Y se traduce en formación de neuronas y sobre todo sinapsis entre ellas, nuevos caminos, circuitos y redes que conectan y amplían posibilidades y funciones. Y luego, con sus uso frecuente se van haciendo más sólidas y estables...

El cerebro se estimula y cambia, y por tanto aprende, con vivencias y percepciones, con cogniciones, palabras, pensamientos, conversaciones que guardamos en la memoria, y con las acciones. Todo influye, hasta el sueño, donde se fijan muchas vivencias.




* Temperamento y educación

En la educación de nuestros hijos partimos de las características heredadas del temperamento. Pero luego se pueden modelar para conformar su carácter y personalidad concreta.

Las respuestas emocionales de una persona dependen de ese temperamento, y se van configurando en la infancia con la educación. 


La información que recibimos a través de los sentidos pasa por el tálamo hacia el cerebro más emocional, el sistema límbico, y ahí adquiere una tonalidad afectiva positiva o negativa, buena o mala. Cada uno percibe la realidad de una manera singular, personal, según su afectividad. Y eso es lo que permite el aprendizaje de lo que nos gusta y percibimos como bueno. Aquí es importante, como vimos con los hábitos, un referente de los padres sobre lo que es bueno o malo. Dicha afectividad también ayuda a experimentar la dicha de hacer lo correcto y de ayudar a los demás, lo cual hace de retroalimentación positiva. Luego, se integra esa información en distintas áreas y se emite una respuesta. Es la denominada respuesta emocional.


Sin embargo, las respuestas emocionales más primarias se pueden modular y educar. Por ejemplo, mediante el pensamiento o con unos buenos hábitos. Así no ser tan impulsivos, o habituarse a pensar antes de actuar. Es lo propio de la persona, que la diferencia de los animales, y lo que va conformando su carácter. 


Porque, hacia los 7 años, con el pensamiento más lógico y razonado, las respuestas y acciones se hacen más deliberadas, con libertad, se interiorizan y van modelando el carácter de esa persona. De este modo los hábitos se transforman en virtudes, mucho más enraizadas en algo sólido. 




Por otro lado, es bueno plantearse metas altas, tener ideales nobles, aprender a querer a los demás. Eso no “viene” de serie con el temperamento…, aunque sí las características propias de una persona, como son la confianza, el cerebro social y empático, las neuronas espejo... que ayudan precisamente en este cometido, al que nos sentimos inclinados.





Por eso la necesidad de la educación, partiendo de los talentos y características de cada uno, para lograr hábitos y virtudes que aporten autodominio y faciliten el actuar bien, o permitan plantearse retos a más largo plazo. Madurar. También para guiar las respuestas emocionales temperamentales, más impulsivas, poniendo pensamiento. Es decir, pasándolas por la corteza prefrontal, como te cuento en ese artículo. Así, en último término poder querer los demás. 





Pensando en nuestros hijos, muchas veces nos preocupamos de que tengan muchos conocimientos, idiomas, música, y otras actividades y habilidades, sin darnos cuenta de que, el vivir unos valores humanos es imprescindible para conducirse como personas. Y es lo que va formando estructuras sólidas en el cerebro, para asentar otras funciones en el futuro, de forma eficiente. Es como la base donde se sustenta todo lo demás.


Podemos aprovechar esos momentos más sensibles con que nos obsequia la naturaleza en su formación. Además esto se aprende en familia, ámbito por excelencia de las verdaderas relaciones humanas y del cariño incondicional. Y requieren tiempo y cariño, convivencia familiar. Además es lo que nos hace más felices.
             
    
En estas edades se puede aprender a vivir esos valores que ven personificados en sus padres. Hacer atractiva la generosidad, el agradecimiento, la sinceridad, el optimismo, la fortaleza, la empatía, la confianza, el ayudar a los demás, la responsabilidad, el esfuerzo, la resiliencia, la integridad y coherencia personal… aprovechando esos momentos. 




Es decir, hay una predisposición natural en las personas para tener unas cualidades humanas nobles… Pero, los hijos necesitan que se lo mostremos y les demos muchas oportunidades de ensayar y llevarlo a la acción.


De ahí la importancia de crear tiempos para conversar con los hijos de forma distendida, de hacer tertulias entrañables, donde se aprende lo importante de la vida con el enfoque adecuado…, a tener en cuenta a los demás y a alegrarles la vida con gestos y detalles llenos de cariño y ternura.

Estos hábitos y virtudes se pueden trabajar día a día con ellos, para ayudarles a pensar con claridad, a tener voluntad, a preocuparse de los demás… En definitiva, para aprender a amar, que eso es precisamente educar.



Los hijos, al ir creciendo y vivir esos hábitos de forma libre se convierten en virtudes: término griego que significa fuerza. 



* Virtudes

Como apuntaba, nuestros hijos, al ir creciendo y vivir esos hábitos de forma libre e interiorizada, porque quieren hacerlo, se conforman en virtudes concretas. Palabra que significa etimológicamente fuerza. 




Una virtud es un valor personificado, hecho vida, que da fuerza para realizar esa acción del mejor modo, y además disfrutando. Las virtudes nos capacitan para ser buenas personas y obrar bien. Son disposiciones estables que nos ayudan a controlar las emociones más primarias de forma inteligente, buscando el bien. Esas acciones forman circuitos neuronales más estables, cada vez más rápidos y eficientes, interconectados entre sí, que facilitan el obrar en esa línea.









Y sobre esta base de valores vividos, o virtudes, se pueden asentar otros conocimientos y aprendizajes. 


Porque, el cerebro funciona con estructuras y redes neuronales, las cuales se van apoyando unas en otras para adquirir nuevos aprendizajes. Luego es necesario relacionar las distintas cosas en las diferentes zonas cerebrales para su conocimiento más profundo, su recuerdo y evocación. Y tiene mucho que ver la memoria a largo plazo, donde se consolidan las vivencias. No se trata de llenarlo de datos, sino de relacionarlo con lo que ya conoce, en determinada área cerebral, e interconectarlo, y todo sumergido en afectos. Cada vez que se repite una acción o función determinada, los circuitos se van haciendo más pronunciados y fuertes, y facilitan esas acciones.









Posteriormente, en la adolescencia, se produce una una “poda selectiva" de sinapsis que no se utilizan, y una reorganización de circuitos neuronales, quedando las sinapsis más necesarias, según el aprendizaje…, las cualidades de cada uno, los gustos… Y se crean redes neuronales nuevas para adquirir unas funciones superiores, mucho más complejas, según las propias acciones, los intereses, el pensamiento, la motivación, las propias decisiones… En definitiva, según la libertad de cada persona. Teniendo en cuenta que lo que no se usa se pierde.

En esta etapa van descubriendo su personalidad e identidad personal. Es el tiempo de interiorizar y reafirmar hábitos y virtudes, que conformen su carácter y personalidad. Necesitan espacios de reflexión, de silencio interior, y que mostremos confianza. Pero, ellos son los protagonistas y artífices de su desarrollo.





Es buen momento para enseñarles a pensar antes de reaccionar, autocontrol y dominio personal ante ese mundo hiperemocional que les llega, e ir aprendiendo a encauzar su libertad, con responsabilidad ante sus acciones: la “otra cara” de la libertad que tanto les gusta… Entrenarse en integrar cabeza y emociones, para guiar sus respuestas emocionales. Porque en esta fase, el sistema límbico y el mundo emocional están hiperfuncionantes, pero la corteza prefrontal, con sus capacidades de pensamiento analítico, autocontrol, poder de decisión, está por madurar. Se podría decir que son todo acelerador y poco freno. Y los padres debemos ayudarles en este sentido, desde un segundo plano.


Y el aprendizaje no mediofinaliza hasta que la persona, más a allá de la adolescencia, adquiere esas funciones superiores. Todo este proceso puede durar hasta los 25-30 años, o incluso más. De todas formas, siempre el cerebro está en constante cambio y construcción...

Y la ilusión y el entusiasmo tienen mucho que ver: estimulan nuevas sinapsis, incluso ese estado de “flow” del que te he hablado muchas veces.










* Virtudes y caracter


Lo bueno de los hábitos y virtudes es que cada vez que se realiza esa acción, se ejecuta con más perfección, a la vez que con mayor rapidez y disfrutando en ello. Y se va haciendo de forma más automática,  de manera que la corteza cerebral se “desentiende” un poco, y puede ocuparse de otras cosas, como el propio pensamiento o funciones ejecutivas. Dan una facilidad de acción permanente, y un disfrute mayor: es como poner el "piloto automático”.







Por otra parte, esta adquisición de buenos hábitos y virtudes fortalece la voluntad. Así, al entrenarse en pequeñas cosas, serán capaces de acometer muchos retos, poniendo el corazón en ello. También favorece el autodominio para pensar cómo actuar, controlar respuestas emocionales, y ser más responsables. Y todo ello les va capacitando para poder amar. 





Además, las acciones nos van conformando. Toda buena acción nos mejora como personas, y a la vez, nos permite hacer el bien. También sucede lo mismo con las malas acciones… Y es preciso cuidar los hábitos, porque generan conductas, y nos influyen de gran manera en el pensamiento y en nuestra vida, porque van modelando el carácter y la personalidad de cada uno. Y al final, como señala un gran filósofo griego, "somos lo que hacemos cada día"...







* Los padres

Los padres debemos ejercer un buen liderazgo, y orientar y guiar a los hijos en su autonomía y crecimiento. Por eso son necesarias unas normas claras desde pequeños que marquen un camino, que les digan lo que es correcto o no, para darles un referente e ir encauzando su conducta. De esta forma, les damos la seguridad que necesitan.






Siempre con cariño y confianza, pero sin dejar de exigir lo necesario, para que se construyan como personas. Luego ir dando más autonomía y libertad para que aprendan a conducirse por sí mismos. La que puedan gestionar en ese momento, sin hacer o decidir todo por ellos. 



Muchas veces es bueno pararse a pensar cómo nos gustaría que fueran nuestros hijos en un futuro. No solo qué estudios serán más rentables, sino su forma de ser persona, anclada en sus cualidades personales. Y son fundamentales los valores y las virtudes que les vamos enseñado, sobre todo con la coherencia de nuestro ejemplo, para que que luego ellos asuman e interioricen con su propio pensamiento y libertad.


       

Para todo ello es necesario motivar y seducir con la belleza de esos valores hechos vida… Y el amor es el gran motivador, que además transforma las acciones en virtudes.  Por eso el amor es la “forma” de todas las virtudes.


Con una idea genial de Goethe, si tratas a una persona como es, seguirá siendo así, pero si la tratas mejor de lo que es, le ayudas a mejorar… Educar es quererlos un poquito mejor de lo que son en ese momento para estimularles a serlo. Ponerles delante un ideal. 







Mª José Calvo
Médico de Familia
Optimistas Educando y Amando

domingo, 26 de enero de 2020

NEUROBIOLOGÍA Y NEUROEDUCACIÓN....


    


                        NEUROBIOLOGÍA Y NEURO-EDUCACIÓN



        
Un tema que me apasiona del que ya he escrito bastantes post. Con éste trato de recopilar y unificar algunos aspectos, que siempre confluyen en la persona. ¡Cada persona!, singular y especial, con unos talentos y virtualidades únicas, que debemos descubrir y ayudar a desarrollar. 

         
Así, forjar cada uno su carácter y personalidad, poniendo sus cualidades al servicio de los demás, y logrando su plenitud como persona. Puesto que, estamos diseñados para los demás, tenemos un cerebro empático y social, y en ello encontramos nuestra realización más plena. Como señalara Viktor Frankl, el sentido de la vida no se encuentra en uno mismo. La persona se transciende a sí misma, mira hacia los otros...



      
La formación y maduración cerebral conforma el estrato anatómico sobre el que se forma la personalidad de cada uno. Pero la persona no se reduce a materia y conexiones neurológicas, es mucho más trascendente... con capacidades mentales asombrosas.


Dejo un vídeo precioso de la formación embriológica y neurológica de una persona, por cortesía de @NEUROFACIL (puedes seguirlo en instagram).







Esa formación del sistema nervioso se realiza desde la gestación, y es consecuencia de la multiplicación de células nerviosas y de la formación de ramificaciones y conexiones o sinapsis entre neuronas. Es decir, neurogénesis y nuevas sinapsis neuronales. Su finalidad es capacitar a esa persona para unas funciones y facultades personales, ser capaces de pensar y comprender, de sentir, de actuar con libertad, y poder querer. 

      
       
Todo esto requiere mucho tiempo, y un ambiente afectivo propicio, rico en cariño y experiencias perceptivas sensitivas, emocionales, motoras… donde desarrollarse bien. Interactuar con otras personas. Es decir, ¡la familia!



      
Ese ambiente de acogimiento y cariño de los padres facilita que los genes anti-estrés, bloquedados dese el nacimiento, se expresen, y el niño se sienta a gusto, con calma y confianza. Así pueda desarrollarse bien, gracias a la relación con ellos.

El cometido de estos genes lo pudo demostrar el neurólogo Michael Meaney de la Universidad McGill de Montreal. El cariño de los padres es fundamental en su desarrollo. Necesita relación, empatía, y sentirse inmerso en su cariño mutuo. Y lo aprende todo en la relación de ellos entre sí.  





Se trata de aprovechar los conocimientos sobre el desarrollo y funcionamiento del cerebro, integrados con conocimientos pedagógicos, pediátricos, biológicos, psicológicos..., para ayudar a nuestros hijos en su proceso de desarrollo. Cuidar la maduración de cada uno, permitir su aprendizaje, a su ritmo concreto..., partiendo de sus cualidades y anhelos. Te lo cuento en los marcos del desarrollo infantil. 



Respetando sus periodos más sensibles, sus tiempos atencionales pausados, permitiendo su curiosidad y asombro, la admiración por el mundo que le rodea..., tan grandes en las primeras etapas. Así como relacionándose con los demás, puesto que somos seres sociales capaces de pensar, no sólo en nosotros mismos, sino también en los demás.

Y ahí, en las relaciones personales, es donde encontramos afecto y logramos una mayor plenitud como personas. La persona es, por naturaleza, un ser que muestra confianza y empatía con los demás, abierto a ellos. Una "intimidad abierta". Y como consecuencia de ese "ser" más pleno, uno es y se siente más feliz.



      
Sin duda es importante el estrato anatómico donde se asienta todo aprendizaje para la vida, pero, la persona no se reduce a conexiones neurológicas. Trasciende toda esa realidad. Es mucho más grande que todo eso... Imposible de exagerar la maravilla y dignidad de cada persona. De ahí la importancia de la educación ¡personalizada! Es decir, poner en el centro a cada niño, con sus capacidades y talentos específicos. Este término lo acuñó el profesor Víctor García Hoz, hace ya unos cuantos años, pero, es importante tenerlo en mente: ¡cada persona!, ¡cada niño!




         PLASTICIDAD CEREBRAL Y DESARROLLO HUMANO

      
La plasticidad cerebral es importante a la hora de entender un poco los porqués de la educación, de respetar los ritmos naturales de los niños, de permitir y fomentar su deseo de explorar, su admiración y entusiasmo, su pensamiento mágico de los primeros años. 

Asimismo, podemos ayudarles a forjar buenos hábitos, guiados por principios, desde bien pequeños. Todo va modelando y dejando una "huella" profunda en su cerebro. Lo va conformando, a la par que se va perfilando su singular personalidad, anclada en sus cualidades, únicas en el mundo..., que debemos descubrir y ayudar a potenciar. Dejo abajo enlace.




        
En las primeras etapas todo es maravilloso..., como apunta Chesterton. Ese entusiasmo es fundamental: permite que el niño logre un estado mental  emocionante, de "flow", al estar inmerso en una actividad que le apasiona, desconectando con el exterior, con un disfrute total. Así se estimula la neurogénesis y las conexiones neuronales y sinapsis, y por tanto el aprendizaje. Este término lo introdujo M. Csikszentmihayi, estudiando personas en este estado. 

      
Esto es debido a la producción de neurotransmisores y sustancias neuroplásticas que modelan el tejido neuronal. Igualmente, en etapas posteriores, también es importante para el aprendizaje y para la vida. Saber disfrutar de las cosas, concentrarse en una tarea, usar la imaginación y el pensamiento...





Además los niños vienen a este planeta con ansias de desarrollar su talento, su creatividad, algo ya inscrito en los genes, como la comunicación y la cooperación. No era cierto que los genes son "egoístas"...


Los genes son capaces de ayudarnos a ser originales y creativos, a establecer lazos... Esto lo ha investigado un genetista alemán: Joachim Bauer. Es el modo de actuar de la naturaleza humana. 


También Carl Woese, un microbiólogo que estudiaba este tema, sabe que los seres vivos tienden a relacionarse con los otros y cooperar. Es signo de vida.




Algo que nos preocupa a los padres es cómo ayudar a nuestros hijos en su formación como personas. El conocimiento del cerebro y su maduración con la adquisición de funciones concretas nos puede ayudar, puesto que, es la base anatómica para ir construyendo su personalidad. Partiendo de esos talentos específicos, su modo de ser, heredado y temperamental. Puliéndolo, para forjar un buen carácter personal, y una personalidad con belleza interior. Interactuando con los demás. Y el mejor artífice de todo ello es el cariño y la alegría del ambiente de familia. El niño se siente querido.





         
Pero, insisto, sabiendo que no todo se reduce a materia. El ser humano tiene una dimensión espiritual, además de la psíquica, y de la somática, no empírica ni medible, no cuantificable, que la trasciende.  Dicha personalidad no está sólo en esa "materia". Cada persona tiene algo de inconmensurabilidad y de misterio. No se la puede abarcar y comprehender en su totalidad. Siempre podrá sorprendernos..., porque es un misterioso arcano. 



      
Tiene ansias de grandeza, de sentirse querida, y puede aspirar a metas altas, bellas, acordes con su plenitud del “ser”. Además, puede pensar por cuenta propia, y controlar sus respuestas más instintivas, incluso comportarse de forma heroica..., con motivaciones adecuadas. Es algo único en el planeta tierra.


      
Y ese componente espiritual apunta a buscar y encontrar las respuestas esenciales de la vida. Aporta mayor profundidad y relieve, dándonos un sentido eminentemente personal a la vida. Bien lo descubrió el doctor Viktor Frankl, con su difícil y dolorosa experiencia, pero, llena de dignidad, dotada de un sentido, que supo encontrar y fomentar en medio de tanto sufrimiento. Lo cual le llevó, no sólo a no desesperarse, sino a ayudar a tantas personas, y además, crear la logoterapia. Una antropología que destaca la grandeza de la persona, y el poder curativo de su dimensión más elevada: la espiritual. Creía que lo que todos necesitamos es un fundamento para ser felices, no tanto la felicidad en sí..., que surge como consecuencia.



       
Cuando una persona es coherente en su actuar, posee paz interior, a pesar de las circunstancia adversas en las que se pueda encontrar. Y esa paz le predispone a ayudar a los demás, logrando una vida más plena, con más sentido. Porque, la persona es un ser responsable: responde a esa realidad con sus decisiones y su comportamiento. Pero, depende de cada una la forma de responder, y la actitud al respecto. Lo cual es esencial para su felicidad, como señala Elisabet Lukas, continuadora de Frankl.






        
Siguiendo con el tema que nos ocupa, el desarrollo humano se realiza desde las primeras etapas de la vida, favorecido e impulsado por la curiosidad y la capacidad de asombro de los niños, que, como ya señalara Tomás de Aquino, son su "motor" de aprendizaje. La admiración y la emoción que el mundo despierta en ellos es, como dijera Aristóteles, la “chispa” que enciende la atención y la mantiene viva. De esa forma, se alienta el aprendizaje de todo tipo, y facilita ese estado de "flujo", o "flow", en el cual el niño disfruta al máximo, como sin esfuerzo, potenciándose la creatividad y el aprendizaje.






        
También son fundamentales los estímulos de la vida cotidiana, en un ambiente saturado de cariño y oportunidades como es la familia. Necesita la relación con los demás para desarrollar empatía, para conectar y aprender. Porque, la persona, como señala el humanista Tomás Melendo, "se hace" y se "re-hace", "se construye" y se "re-construye”, en la familia, ámbito propio de la persona y de las relaciones verdaderamente humanas, que nacen del amor.




            
En ambientes carenciales de afecto la persona no puede desarrollarse, incluso puede morir. Ya se hizo un fatídico experimento. El cariño es vital en las primeras etapas, para que los genes antiestrés se manifiesten, y el niño pueda estar a gusto y desarrollarse adecuadamente. 


         
El sentirse acogido y valorado, mirado e interpelado, lo es todo. Posteriormente también: cuanto mayor es el desarrollo personal de alguien, más necesita de la familia para ser persona y desarrollarse. Es decir, para querer a los demás, puesto que somos "seres de aportaciones", como acuñó el gran pedagogo Oliveros F. Otero.

      


Entonces, nos podemos hacer muchas preguntas... ¿Cómo es el desarrollo cerebral?, ¿qué fases de maduración tiene?, ¿qué momentos "críticos"? Y, ¿cómo aprenden los niños....?, ¿cómo relacionan ideas?, ¿qué papel tienen sus cualidades personales en su carácter...?, ¿y los hábitos y virtudes?, ¿y la creatividad...? Todo esto lo desarrollamos en diversas entradas. 



Continuará...


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                                                               Mª José Calvo
                                                  Optimistas Educando y Amando                                                                                    @Mariajoseopt                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                              optimistaseducando.blogspot.com
                                                             

    
Dejo enlaces a otras entradas relacionadas con el neurodesarrollo y la educación, vistos desde otro punto de vista, pero que, como decía, confluyen en la persona: ¡el niño!, ¡cada hijo!, único y singular, con toda su grandeza, cualidades y talentos.
2) Marcos de desarrollo infantil:

 

* Marco neurológico, familiar, antropológico, psicológico... etc.


3) Imaginación y creatividad:

  * Cultivar la imaginación I y II


4) Emociones y respuestas emocionales

  * Emociones-cómo-respondemos-a-ellas 

5) Adolescentes:

 * Cerebro adolescente y afectividad


6) Tecnología y cerebro: 




                                           

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https://optimistaseducando.blogspot.com/2020/01/neuroeducacion-y-neurobiologia.html