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miércoles, 3 de diciembre de 2025

LAS MADRES, ARTISTAS DE LA FAMILIA



                               LAS MADRES, ARTISTAS DE LA FAMILIA 




Una originalidad de la familia, la institución natural más amable y antigua, es que tiene dos líderes al mismo nivel. Para dirigir una familia necesitamos un padre y una madre que se quieren, bien unidos, formando equipo. 


Cada cual aporta su forma de ser, de dirigir, de relacionarse, de querer... Somos muy diferentes, y de eso se trata. Cada uno tiene unas capacidades y cualidades distintas, que las pone al servicio del amor y de la familia. Y tenemos formas de educar a los hijos, un poco diferentes, que se complementan en beneficio de ellos. Los hijos necesitan ver esa diferencia, en la cual cada uno está diseñado para el otro, mostrando cariño y unión, siendo un buen referente para ellos.


La madre puede ser la directora del hogar, y el padre el líder de la familia. Mientras uno, principalmente, pone "de moda” unos valores humanos nobles, personificándolos, el otro, o la otra generalmente, se encarga más de crear un ambiente de hogar confiado y alegre, saturado de cariño, atendiendo a los sentimientos y la afectividad de cada uno. 






En ese ambiente entrañable es donde crecen las personas, gracias a la libertad y al cariño. La mujer disfruta y se le da bien estar en los detalles, manejar sentimientos, pues su ser está diseñado de ese modo, hacia el cuidado de los otros. Es acogedora de por sí, y afectiva.





 

** Algunas características de la madre, en el trato con los hijos:



1) La madre enseñan a comunicar lo que cada uno lleva dentro, para compartirlo y conectar con los demás, a expresar sentimientos y estados interiores… Y eso ayuda a nutrir las relaciones familiares y hacer ese ambiente cálido, donde todos quieren estar...



Ella cuida el trato personal y la convivencia, fijándose y fomentando lo bueno, con su amabilidad, mediante pequeñas conversaciones, quizá entorno a la mesa, donde se disfruta de la vida en familia, y los niños lo aprenden todo. Sabe mirar a los ojos y llegar al corazón.


La mujer es como un refugio para los otros: comprensiva y acogedora. Esto se ve especialmente en la maternidad. Traer un hijo a este mundo la transforma, la hace “casa habitada", despliega sus talentos y acoge a las personas.




2) También anima a los hijos a participar de la vida en familia, gracias a ese aspecto del liderazgo de los padres que es la autoridad: una guía en su autonomía y crecimiento como personas.


- Primero les enseña cómo hacer las cosas, para que lo hagan por sí mismos. A ellos les encanta aprender algo nuevo, y les posibilita desarrollarse y crecer.


- Los hijos aprenden todo de los padres: somos sus modelos y referente, porque se sienten queridos. Les enseñamos con el ejemplo y buen hacer, con nuestro trato recíproco en pareja, con las vivencias sumergidas en cariño, explicándoles las cosas según su edad. Les ayudamos a reflexionar sobre lo que está bien, o mal, para que vayan interiorizando los criterios de actuación. Que sepan cómo comportarse, y actúen con libertad. Aquí c aprenden a tratar a las personas como tales, con delicadeza y consideración...



3) Les enseñan a querer...


Educa el corazón al calor del ambiente de familia tan entrañable y alegre, lleno de libertad, para que puedan aprender a querer... Es algo que les dará plenitud personal, porque estamos creador para amar y ser amados, y además les hará felices.


Atiende a los sentimientos, tiene momentos de confidencia con cada hijo, mira a los ojos, conversa..., acaricia con la mirada. Les hace pensar con buenas preguntas: ¿cómo crees que se encuentra tu hermano, tu abuela?, ¿cómo se habrá sentido con lo que has dicho, hecho?... Aprenden el trato amable, y la empatía, para comprender de veras y actuar en consecuencia.






** Aprovechar estas características de la mujer-madre para:



- Descubrir cualidades y fortalezas de los hijos: aquello que hacen bien, y les gusta, y hacérselo notar. Así lo podrán desarrollar.


- Dar autonomía bien pronto; enseñarles a elegir y a tomar pequeñas decisiones.


- Construir sobre los puntos fuertes y la singularidad de cada uno. Conocerlos.


- Educar el corazón y la afectividad, clave para amar.


- Valorar su esfuerzo, y sobre todo el cariño, no sólo los logros.

             

- Pensar objetivos y metas con cada hijo, único, con sus cualidades propias.


- Con encargos específicos, que les encantan y hacen crecer.




Los padres necesitamos tener clara la meta de la familia, esa misión propia, para saber hacia dónde encaminarnos. Y la madre en especial acerca esas ilusiones a los hijos. Ella tiene todo relacionado en su pensamiento y su corazón. Y actúa de ese modo en la convivencia en familia: uniendo, relacionando, poniendo cariño. Revitalizando.


Y luego anima a los hijos a conquistar unas metas nobles que les reten y ayuden a desplegar su personalidad, partiendo de esas cualidades suyas. Con el referente del padre.



Poner nuestras mejores ideas y recursos en ello, los dos en equipo. Hablarlo, usar la imaginación y la creatividad, y transmitirlo por ejemplo en una tertulia familiar…, en una merienda en el campo, e intentar llevarlo a la acción. 

        

Dedicar tiempo a pensar qué tipo de personas queremos ser, cómo formar a nuestros hijos, qué valores importantes transmitirles… Es decir, cuál va a ser nuestro "norte" para orientarnos. Y aquí las madres tienen un gran papel para concretar todo eso. Por ejemplo, en un lema familiar, en el que cada uno contribuye con sus ideas o preferencias, en un plan de acción, o como creas mejor...


Apoyarnos en las situaciones de cada día, ver qué encargos y tareas del hogar les podemos proponer, que les gusten y también les reten, desde pequeños. Como traer los pañales para el hermanito, cuidarle o leerle cuentos, poner la mesa, regar las plantas, atender a los abuelos, arreglos de la casa... Según la edad, gustos, talentos y madurez. 



Así van adquiriendo capacidades, habilidades, libertad y responsabilidad. Sabiendo que "toda ayuda innecesaria es una limitación para quien la recibe". Ellos necesitan hacer por sí mismos todo lo que pueden hacer. De este modo crecen, mejoran, y hacemos familia.

      

Con esas vivencias adquieren hábitos y virtudes, y así van aprendiendo y se van haciendo responsables de sus pequeños encargos. Y se acostumbran a pensar en los demás: algo de veras muy relevante en la vida. Por eso es bueno contar con los sentimientos y la empatía, enseñarles a pensar cómo hacen sentir a los otros… para que aprendan a querer. Te lo cuento en ese artículo.



Poniendo cariño en cada tarea, en cada conversación, cuidando los detalles, y preocupándose de los que tiene cerca para alegrarles la vida. De nuevo, la madre es especial para esto…, y una forma de acercarse a los hijos y conectar con ellos. Abrir canales de comunicación que persistan en el tiempo. Luego será más fácil “escucharles” cuando no sepan o no quieran expresarlo…



Y preparando la adolescencia, apoyarse más en su colaboración e ideas: darles más libertad, la que puedan asumir por su madurez concreta, y responsabilidades. Tratarlos un poquito mejor de lo que son en ese momento. Y confiar siempre: sin confianza no pueden crecer, ni mejorar. La confianza les da alas para usar su libertad, para aprender a manejarse. Y tienen que salir, tienen que construir su vida y volar.



La mujer enseña el arte de amar, el arte de vivir… Decía Chesterton que, si la educación es la cosa más grande del mundo, y la madre tiene un papel importante, no la podemos relegar de eso que la hace imprescindible, y además feliz. Debemos tenerlo presente y agradecerlo más.







Algunos "tips" para pensar y llevar a la ación, estimulando lo mejor de cada hijo:


-Mirar a los ojos y decir un ¡te quiero!

-Tienes un corazón grande

-Eres muy alegre y… 

-Estamos orgullosos de ti

-Ya veo que te esfuerzas...


-Hacer una llamada a lo mejor de cada uno

-¿Qué te ilusiona?, ¿qué te preocupa?, ¿cómo te puedo ayudar?

- Cuéntame...

-Ánimo, ¡sé que mejorarás!





La mujer es muy creativa, puede apuntar a metas altas y transformar el mundo con su amor por lo concreto. Da sentido y alegría donde se encuentra. Mucho más las madres: es uno de sus talentos y privilegios, que puede usar y potenciar en la relación en pareja primero, y con los hijos. Uno a uno. Dedicar a cada uno el tiempo y la intimidad que necesitan: que puedan abrir su corazón, o contar lo que anhelan, les emociona o preocupa… 


Y ese trabajo del hogar, tan escondido a veces, con miras de eternidad, que rebosa trascendencia. Posee brillos que trascienden el aquí y el ahora. Forma personas libres, con criterio, capaces de amar. ¿Qué más se puede pedir?



El padre también tiene sus talentos, muy distintos, que pone al servicio del amor mutuo y de la familia, y hay que valorarlo siempre, haciendo equipo. Las diferencias suman y unen. Lo veremos. No es prescindible, como a veces se hace creer… Cada uno potencia y prestigia al otro, porque le quiere de veras. Y el resultado es una sinergia creciente entre los dos. Siempre en beneficio de los hijos, que se sienten inmersos en ese cariño recíproco que les da vida, y les ayudará a desarrollar su personalidad.



La familia es una maravilla, porque todos nos podemos querer, comprender y ayudar, a pesar de cansancios y dificultades, contando siempre con el perdón, que sana heridas y acrecienta el cariño. La familia es sanadora en sí misma. 







                                                                      Mª José Calvo

                                                                       @Mjoseeopt  
                                                        optimistaseducando.blogstpot.com 




Dejo enlaces relacionados:


URL:

https://optimistaseducando.blogspot.com/2025/12/las-madres-artistas-de-la-familia.html

viernes, 25 de julio de 2025

FORJAR EL CARÁCTER DE LOS HIJOS



                                                  FORJAR EL CARÁCTER 
  

     
En la educación de los hijos, los buenos hábitos que se aprenden en familia son fundamentales, y tienen mucho que ver con la plasticidad cerebral. Hemos visto en otras entradas el desarrollo y maduración cerebral, y el aprendizaje, junto con esos hábitos en edades infantiles.

Conocer los ritmos naturales en los que desarrollan determinadas capacidades y destrezas es bueno para ayudarles a crecer, sin perder de vista la singularidad de cada uno, sus cualidades y características, que debemos ayudar a fomentar.



Desde el nacimiento el cerebro está en continuo desarrollo y formación gracias a esa plasticidad suya, que permite el aprendizaje a cualquier edad. Y se traduce en formación de neuronas y conexiones o sinapsis entre ellas: nuevos caminos, circuitos y redes que conectan y amplían posibilidades y funciones. Y luego, con sus uso frecuente en forma de hábitos se van haciendo más sólidas y estables... Se afianzan. Todo esto ya lo investigó y descubrió Ramón y Cajal.



El cerebro se estimula y cambia, y por tanto aprende, desde muy pequeños, con las percepciones y vivencias, en un ambiente cálido y afectuoso en familia, con palabras amables, pensamientos y conversaciones que guardamos en la memoria y el corazón. Y más adelante con las propias acciones, decisiones, gustos... Todo influye, incluso el sueño: fundamental para todos los procesos. Te cuento algo en "plasticidad I, II..."





Dejo a modo de índice unos puntos que iremos viendo:

1- Partimos del temperamento y cualidades
2- Construir el carácter
3- En familia    

4- Un libro 
5- Afectividad y sensibilidad   
6- Preparando la adolescencia 




1) Partimos del temperamento 


En la educación de nuestros hijos partimos de las características heredadas: del temperamento de cada uno. Luego se puede modelar y trabajar para forjar su carácter y personalidad concreta, anclada en sus virtualidades, cualidades y talentos propios.   





Ante cualquier estímulo, situación, emoción, dificultad..., la respuesta depende del temperamento, pero se va configurando en la infancia con la educación y el aprendizaje.


* Analizando las vías neurológicas, la información la recibimos a través de los sentidos pasa por el tálamo hacia el cerebro más emocional: el sistema límbico o "basal", y ahí adquiere una tonalidad afectiva positiva o negativa, agradable o desagradable. Cada uno percibe la realidad de una manera un tanto singular, personal, según su afectividad. Y eso es lo que anima al aprendizaje de lo que más le "llega" dentro al niño, o al chico, junto con las motivaciones...


Aquí es importante el referente de los padres sobre lo que es bueno o malo, y la resonancia y feedback con ellos, pues en familia se aprende lo importante, en ese ambiente de cariño. De ese modo se forma el "yo" del niño, en la resonancia con un "tú". El bebé desde que nace necesita ser acogido e interpelado... De ese modo se aprende a pensar y relacionarse.




        


     

La afectividad también facilita experimentar la dicha de hacer lo correcto, y de ayudar a los demás, lo cual hace de retroalimentación positiva. 



Posteriormente, la información se integra en distintas áreas cerebrales, algunas corticales, se unifica y pondera, y se emite una respuesta adecuada en cada circunstancia. Te lo cuento en "emociones: ¿cómo respondemos?"... Pero estas zonas maduran más tarde.





2) Construir el carácter


Las respuestas del temperamento, más reflejas y primarias, se pueden modular y educar. Por ejemplo mediante el pensamiento, y, con unos buenos hábitos desde pequeños. De ese modo ser menos impulsivos, habituarse a pensar antes de actuar o responder, adquirir o fomentar cualidades, hábitos y virtudes, que dan una facilidad de acción, mediada por valores intemporales. Es lo propio de una persona, que la diferencia de los animales, y lo que va conformando su carácter. 


Porque, hacia los 7 años, el pensamiento de los niños tan imaginativo se hace más lógico y razonado, las respuestas y acciones más deliberadas, se interiorizan y van modelando su carácter. Así, los hábitos se transforman en virtudes, motivadas por el amor, y mucho más enraizadas y hechas libremente.


Pero, partiendo de los talentos y características de cada uno, para lograr virtudes concretas que dan singularidad, y aportan autodominio, con objetivos y retos a medio largo plazo. Esto facilita el actuar bien, por criterios. Así forjar el carácter y la personalidad, ¡madurar!, para en último término ser capaces de querer a los demás. 




                


Por tanto, es importante tener ideales altos, nobles, y plantearse metas en ese sentido. Y los hábitos y virtudes, que apuntan a ellos, lo facilitan. 






* Como decía, partimos de las cualidades singulares y puntos positivos de una persona, y tenemos otros apoyos como son la confianza y cariño de los padres, el "cerebro social" y el "cerebro empático", las neuronas espejo... que ayudan precisamente a un sano apego en los niños, a conectar en familia con los seres queridos, a relacionarse bien, a lo cual nos sentimos inclinados y necesitados. 


* Los hijos también necesitan para el desarrollo de su personalidad el despliegue de la creatividad, y de las tareas y encargos del hogar, que a ellos les encantan, si se lo permitimos. Es más, esto viene inscrito en los genes, junto con la tendencia a comunicar y cooperar, como ha investigado el genetista J. Bauer. Los genes no son egoístas... como decían algunos.


El niño nace con ganas de realizar tareas que le gustan y retan, con ideas de desarrollar su creatividad y habilidades. Se concentra y disfruta, y su cerebro produce neurotransmisores y sustancias mensajeras neuroplásticas como la dopamina, la oxitocina, los opiáceos endógenos… que hacen que esté muy a gusto, disfrutando y aprendiendo. Es el estado de “flow” del que tanto te hablo, tan rico para el desarrollo cerebral.





3) En familia

Pensando en nuestros hijos, muchas veces nos preocupamos de que tengan muchos conocimientos, idiomas, música, y otras actividades y habilidades, sin darnos cuenta de que vivir unos valores humanos es fundamental, e imprescindible para conducirse como personas. Y concretarlo en hábitos cotidianos. Es lo que va formando estructuras sólidas en el cerebro para asentar otras funciones y habilidades en el futuro. Y es como la base donde se sustentan otros aprendizajes.


Podemos aprovechar estos momentos más sensibles con los que nos obsequia la naturaleza, en su formación: esos "periodos críticos" del neurodesarrollo, que te explico en otros artículos. En ellos se desarrollan de la mejor forma, con un aprendizaje mayor y más eficaz. Por ejemplo, el desarrollo sensorio motor, el habla y la comunicación, tan importante para relacionarse, y las capacidades superiores, que comienzan desde pequeños, además de las bases humanas de la personalidad.


Es más, la familia es el ámbito por excelencia de las verdaderas relaciones humanas, y del amor incondicional. "Sólo" requieren tiempo y cariño, estar de veras presente: convivencia familiar. Y es precisamente lo que nos "construye" y "re-construye" día a día, al sentirnos queridos y poder querer a los demás... Lo cual nos hace más felices.           
             
    
En estas edades pueden aprender a vivir esos hábitos que ven personificados en sus padres. Podemos intentar seducir con la belleza de la alegría, de la generosidad del corazón, el agradecimiento, la sinceridad, el optimismo, la confianza y empatía, la fortaleza, ayudar a los demás... Así como la responsabilidad, el esfuerzo, la resiliencia, o la integridad y coherencia personal, en los más mayores. 

Es decir, convertir el hogar "en un lugar delicioso", que apunta Chesterton, para respirar el oxígeno de la libertad...






* Por tanto, para concretarlo en la vida familiar:



a) Predisposición natural, un modelo, y entrenarse


Sabemos que hay una predisposición natural en las personas para tener unas cualidades humanas, pero los hijos necesitan que se lo mostremos, y mostremos su atractivo. Y les demos muchas oportunidades de ensayar, entrenarse, experimentar y llevarlo a la acción.


De ahí la importancia de crear tiempos y ambientes en familia para conversar con los hijos de forma distendida, hacer comidas y tertulias entrañables, tener en cuenta a los demás, y alegrarles la vida con gestos y detalles llenos de cariño y ternura. ¡Convivir! De ese modo aprenden, como por ósmosis, lo más importante, y esos hábitos y virtudes que cuidamos, vivimos, y concretamos con ellos. Siempre darles ejemplo de lucha por intentar vivir eso que queremos y el corazón anhela... Animarles a esos ideales nobles, desarrollando sus talentos.





b) Ir construyendo el carácter y la personalidad

Se podría decir que, los "ladrillos" del edificio de la personalidad son las virtudes personales. Y una virtud es un valor personificado, hecho vida, que da fuerza para realizar esa acción del mejor modo, y además disfrutando.


La palabra virtud significa fuerza, y debe estar motivada por el amor. 2v El amor es el trasfondo de todas ellas.  


Son disposiciones estables necesarias para vivir con dignidad, y ayudan a controlar impulsos y emociones, más primarias, de forma inteligente, buscando el bien integral de la persona.


Esas acciones van formando circuitos neuronales, cada vez más señalados y eficientes, interconectados entre sí, formando redes, que facilitan el obrar bien: con criterios y valores. Y capacitan para ser buenas personas, con corazón atento a los demás.




 


Esta adquisición de buenos hábitos y virtudes fortalece la voluntad. De ese modo, al entrenarse en pequeñas cosas, poniendo el corazón, desarrollan su personalidad, y serán capaces de acometer retos mayores.

Además favorecen el autodominio, necesario para pensar cómo actuar, controlar respuestas emocionales reflejas, y por tanto ser más libres y responsables. Esto super importante preparando la adolescencia... Todo ello les va capacitando para poder amar: la asignatura más relevante de la vida, y la que nos hace de veras felices... pues la persona está diseñada con un corazón para querer.








4) Un libro                            


A este respecto te traigo un libro muy interesante de A. Mullins, "Educar el carácter de tu hijo", de Ed. Palabra, que te recomiendo, y dejo algunas pinceladas.


Este autor nos habla de 4 hábitos base para ir formando el carácter de cada hijo:


-Sensatez de juicio, o claridad de pensamiento

-Autocontrol


-Fortaleza

-Responsabilidad



Estos hábitos se harán virtudes..., entorno a los 7 años.



* Las dos primeras, sensatez de juicio y autocontrol, son más del interior de la persona y dan fuerza para pensar, controlar la mente y los impulsos y pasiones, buscando lo bueno, lo bello, tan relacionados.        



* Las dos siguientes, la fortaleza y la responsabilidad, son un poco hacia fuera. Permiten sobreponerse a las dificultades, y afrontar tareas y compromisos que conlleva la vida.




Así forjar una buena personalidad que sepa pensar con claridad, armonizar cabeza y corazón, y querer a los demás.








Continuará...






Espero que te haya gustado, y puedes compartir con amigos. Dejo abajo la URL.




Mª José Calvo
Médico de Familia
Optimistas Educando y Amando



Dejo enlaces relacionados:



* Plasticidad-IV: hábitos y carácter 












                                              


               


                                                   


URL: 
https://optimistaseducando.blogspot.com/2025/07/forjar-el-caracter-de-los-hijos.html