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domingo, 31 de mayo de 2020

NEUROEDUCACIÓN II






                  
                   
           DESARROLLO CEREBRAL, NEUROBIOLOGÍA Y EDUCACIÓN II


           Seguimos con el tema de la neurobiología enfocada a la educación. Vamos con el desarrollo cerebral, y su gran plasticidad, que hemos tratado en parte en diversos post. Dejo abajo enlaces.

       El cerebro es un órgano de extraordinaria complejidad, que capta la información y la procesa e integra en distintas áreas. Sin embargo, no está "acabado" al nacimiento, ni mucho menos, sino que tarda muchos años en "formarse" y madurar. Y siempre está en constante cambio y reestructuración, adaptándose al entorno, a las relaciones personales, vitales en el desarrollo personal, a nuestra actividad personal, al pensamiento y afectos que tiñen la realidad..., y rehaciéndose. Es decir, es muy plástico, y cada uno modela su propio cerebro, único, como ya señalara el gran científico Santiago Ramón y Cajal.





            Su estructuración se realiza desde la gestación, y es consecuencia de la multiplicación de neuronas y la formación de ramificaciones y sinapsis entre ellas, especialmente en el primer año de vida. También de células gliales: un tipo de células estructurales, con más funciones. Los genes determinan el patrón y funcionamiento básico de circuitos cerebrales, pero, están influenciados por el ambiente. Es la llamada regulación genética, que influye en su expresión. En cada persona se pueden expresar de forma distinta.


            Ese ambiente de cariño y aceptación, de relaciones auténticamente humanas, permite a cada persona sentirse querida, con experiencias emocionales, sensoriales, perceptivas, de mirada interior, exploratorias, de equilibrio, propiocepción... etc., que van conformando su cerebro.


    



      La curiosidad del niño, la ilusión por conocer, hacen que le entusiasme todo. 


    La admiración y la emoción que el mundo despierta en ellos es, como dijera Aristóteles, la “chispa” que enciende la atención y la mantiene viva. Sus ganas de explorar y experimentar alimentan ese entusiasmo… Entonces su cerebro va secretando sustancias neuroplásticas que lo nutren y modelan. 



          Además los niños vienen a este planeta con ansias de desarrollar su talento, su creatividad, algo ya inscrito en los genes, como la comunicación y la cooperación, como señala el doctor Sonnenfeld. Los genes son capaces de ayudarnos a ser originales y creativos, a establecer lazos..., sostiene Joachim Bauer. Es el modo de actuar de la naturaleza humana. 


           Esto también lo confirma Carl Woese, un microbiólogo que estudiaba este tema de las relaciones de los seres vivos.



         Asimismo, en todo ello influyen las hormonas, sobre todo en el periodo embrionario, y luego en la adolescencia, en la que se produce una elevación muy considerable en sangre, por estímulo de la adenohipófisis. Así, ayudan en esa maduración cerebral. 




           Ya desde el embarazo aparecen cambios según el entorno, la relación con la madre, con el padre, el sonido de la voz…, el ambiente de familia, las miradas cálidas, la atención e interés de las personas, y el cariño. También por la impresión que causan las distintas situaciones y relaciones personales. Más tarde, por las propias acciones, que dejan su impronta y van moldeando el cerebro de cada uno, gracias a esa plasticidad neuronal y sináptica tan grande que posee. 




        Dicha neuroplasticidad es mayor en las primeras etapas de la vida. Consiste, como hemos mencionado, en la formación de neurogénesis, y de conexiones sinápticas entre esas neuronas. Luego va disminuyendo, y presenta otro pico en la adolescencia. En ese momento se precisa una reestructuración cerebral grande para aprender a controlar respuestas instintivas y emocionales, y sobre todo, fundamentar unas capacidades superiores, como el propio pensamiento, analítico y crítico, el autocontrol personal, con esa regulación emocional, la empatía, el juicio, la toma de decisiones... etc. 


         Todo esto requiere la maduración de la corteza prefrontal, que se inicia desde edades tempranas, pero, tarda en completarse muchos años. De ahí la importancia de la educación desde bien pequeños. Y es lo último en madurar, y rodearse de vainas de mielina, por la complejidad que requiere, y por la relación y control sobre otras áreas y redes neuronales, que se van consolidando antes.






       Por eso necesitan espacios de silencio, de estar con ellos mismos, de reflexionar... etc. Cuidar su cerebro para su buena formación como personas.







       Esta plasticidad es la forma de desarrollarse el cerebro, a la par que la persona va creciendo y madurando. Ambos aspectos van estrechamente unidos. Y precisa de sustancias neuroplásticas, como los neurotransmisores, de los cuales cada uno tiene una función más específica, aunque depende de las redes donde actúan. A grandes rasgos, permiten la conexión neuronal y la transmisión de información de unas neuronas a otras, mediante impulsos químicos y despolarización de membranas. Así se conectan áreas sensitivas y propioceptivas con motoras y emocionales, y éstas con las zonas de pensamiento... etc.



  Hay factores que potencian esa plasticidad, como la curiosidad, tan propia de los niños, que hay que aprender a fomentar y mantener a lo largo de la vida. También el trabajo intelectual profundo tiene ese poder. Es decir, la capacidad de estudio, de pensar por cuenta propia, el mantener la atención y concentrarse en una tarea..., el pensamiento crítico y analítico. Todo ello permite disfrutar, alcanzar ese estado de "flow" en el que se está inmerso y entusiasmado en una actividad, y por tanto se aprende. Y se traduce en estimulación de sustancias transmisoras, nuevas sinapsis y cambios neurológicos. Es decir, un aprendizaje emocionante y creativo.


        Algo que suelen dificultar o entorpecer las pantallas, sobre todo en edades tempranas. Como señala Nicholas Carr, y muchos otros, erosionan el pensamiento profundo.



     
        Tanto la curiosidad como el estudio profundo estimulan la neurogénesis y la formación de nuevas sinapsis, y remodelan redes neuronales, originando cambios cerebrales profundos, con el consiguiente aprendizaje y desarrollo. Así, se despliega una armonía dinámica cerebral, porque, el cerebro está en constante cambio y modelación. Gracias a lo cual, siempre se puede aprender algo nuevo, incluso a edades avanzadas, si se pone ilusión y entusiasmo en ello. Es el estado de "flujo" que permite disfrutar aprendiendo. Se está tan inmerso en ello, que parece que el tiempo no existiera. Es la gran capacidad que tenemos las personas de aprender cosas nuevas, durante toda la vida. Hasta el último segundo podemos soñar y vivir entusiasmados.








Continuará... con ideas sobre cómo aprenden los niños.



Después de todas estas nociones a modo de pinceladas, dejo enlaces a otros post, muy relacionados con la neuro-educación, vistos desde otro punto de vista, pero que, como decía, confluyen en la persona: ¡el niño!, ¡cada hijo!, ¡cada persona!, única y singular, con toda su grandeza, sus cualidades y talentos, su "ser para los demás".

Espero que te haya gustado, y puedes compartir con amigos. ¡Gracias!




1) Plasticidad cerebral:


                                                                   







URL del post:
http://optimistaseducando.blogspot.com/2020/05/neuroeducacion-ii.html

domingo, 18 de noviembre de 2018

¿NIÑOS EN LO VIRTUAL?




                                          ¿NIÑOS EN EL MUNDO DIGITAL?


          
Este post lo escribo partiendo del desarrollo cerebral, porque me parece esencial percatarnos de este tema tan trascendente, teniendo bastante conocimiento de la biología y fisiología, y la maduración cerebral. 

Usar pantallas en niños pequeños no es intrascendente ni banal... Se puede alterar el proceso de formación y maduración cerebral, y por tanto el pensamiento y aprendizaje a todos los niveles.





       
La tecnología es un medio para la vida, pero hemos tenido la ventaja de educarnos en un mundo analógico y así poder descubrir sus posibilidades, limitaciones y peligros. 

Nuestros hijos son "nativos digitales”, y si no los orientamos ellos no podrán hacerlo. Por eso hace falta cuidar su neurodesarrollo y madurez.

Hace tiempo leí un artículo del doctor Manfred Spitzer, científico y neuropsiquiatra, que me gustó especialmente, pues tiene mucho sentido y hace reflexionar sobre el uso de estos medios. Habla de la importancia del aprendizaje de cada persona, de la figura de los padres y del maestro para estructurar su conocimiento, de la capacidad del pensamiento... etc. Y del retraso de la maduración y del aprendizaje que pueden producir las pantallas. Por eso, es preciso usarlas de un modo adecuado, protegiendo a los niños, y también preadolescentes y adolescentes, en los que su cerebro está en plena formación.


Siempre es bueno permitir la curiosidad y el asombro, el entusiasmo por lo que les gusta, y el silencio interior. Cultivar la imaginación y la creatividad tan propia de la persona, no darles todo solucionado... Así es como aprenden las cosas desde bien pequeños: desde su interior.




        
La educación de una persona siempre será analógica. Hace falta aprender en familia lo importante de la vida, interactuar con las personas, mirar a los ojos, atender a los sentimientos, sentirse querido, saber sorprender, imaginar, ayudar... etc. La afectividad es un refuerzo de las capacidades, y vital en ese aprender a amar a los que tenemos cerca.



       
Poner inteligencia emocional en las relaciones personales. Y de esta forma, con cariño, y atendiendo a los intereses del niño, se puede enseñar algunas cosas más, cuando su cerebro está preparado y estructurado. 

Por ejemplo, a hacer tareas de la casa, encargos, que les gustan, leer y escribir, tomar notas y hacer esquemas, trabajar en clase con el profesor, estudiar... Los niños aprenden con experiencias sensibles, sensorio-motoras, y con las relaciones personales llenas de afecto. Las emociones tiene mucho que ver con el aprendizaje, en especial el cariño de la familia. 








1- ¿INTRODUCIR AL NIÑO EN EL MUNDO DIGITAL? 


Las "pantallas" están diseñadas para atrapar la atención y enganchar sin apenas darnos cuenta. Hay una industria detrás de ello, psicólogos y especialistas, y se ha invertido mucho estudiando el cómo. Por ejemplo, la necesidad que todos tenemos de sentirnos aceptados y valorados. 

El cerebro de los hijos es muy sensible a todos los estímulos, pues no está desarrollado ni madurado. Muchas veces las pantallas dificultan el buen desarrollo, y lo pueden retrasar o alterar... No usarlas ¡nunca! en los más pequeños: cuanto más tarde mejor. 

Además, ese tiempo no lo dedican a vivencias y aprendizaje en el mundo real, en el que se da precisamente el primer aprendizaje experiencial y más básico, y la relación con los demás, fuente de formación personal y afectividad: un componente eminentemente humano. En ellas el cerebro está muy a gusto, y secreta las sustancias mensajeras neuroplásticas que lo revitalizan y crean nuevas conexiones.



* Investigación y estudios

Se ha visto en un estudio con un número importante de niños, avalado por los Institutos Nacionales de Salud de Estados Unidos, que el cerebro en edades tempranas es diferente cuando pasan tiempo frente a pantallas. Aumentan las zonas que procesan estímulos visuales, pero, disminuye la capacidad lógica y del lenguaje, de veras importante para todo, porque el uso de la tecnología impide que se desarrolle adecuadamente.

Se pierden el contacto humano, enriquecedor de por sí, donde se aprende a interactuar, a captar sentimientos y sentirse a gusto, incluso necesario para la formación de propia personalidad y la identidad. Y para una sana autoestima.


Señala un neurocientífico, Michel Desmurget, que se ha observado que el tiempo que se pasa ante una pantalla por motivos recreativos retrasa la maduración anatómica y funcional del cerebro, dentro de diversas redes cognitivas relacionadas con el lenguaje y la atención. Por eso, apunta este autor, los nativos digitales son los primeros niños con un coeficiente intelectual por debajo de sus padres. Algo realmente preocupante... Es el efecto Flynn, pero al contrario.







Las capacidades humanas, tan propias de las personas, como la sonrisa, la comprensión, unas palabras de aliento, la creatividad y la imaginación, la memoria tan relacionada, el propio pensamiento, las relaciones personales y la amistad, ¡los sueños...!, con el uso prolongado de pantallas se van perdiendo.







   
La Academia de Pediatría hizo hace mucho unas recomendaciones sobre este punto, dirigidas a los gobiernos, colegios..., pero se supone que los padres debemos ser mucho más cautos en ello, al menos por precaución. Hace falta repensarlo con calma, y ante la duda ser muy prudentes.

Por ejemplo, aconseja no usar tabletas nunca al menos en niños menores de dos años. Tampoco televisión. Posteriormente lo ha ampliado más, incluso hasta los 6 años, pero recomienda atrasarlo lo más posible. 

Esto es debido, según la American Academy of Pediatrics, healthychildren.org, a que el cerebro del bebé tarda al menos 18 meses en desarrollarse para comprender que los símbolos de la pantalla tienen un equivalente en el mundo real. Si se usan antes interfieren en el desarrollo del idioma, en la lectura y en la memoria a corto plazo. También se relaciona con problemas de atención y sueño. 

Así mismo hay estudios que indican riesgo en el desarrollo del pensamiento, la imaginación, la integración de emociones, y también su desarrollo psicomotor.


Lo que los niños pequeños necesitan para aprender es tocar, experimentar, ensayar, y la interacción con las personas: ver los rostros y oír las voces de quienes más quieren, dice el Dr. David L. Hill. 

Y entusiasmarse con lo que hacen en sus juegos y tareas de la casa..., que les encantan y ayudan en su desarrollo personal.





Por tanto, el retraso de la maduración anatómica y funcional del cerebro, relacionado con el lenguaje, la atención, la cognición... es preocupante.

La Asociación Española de Pediatría apunta que hay problemas de sueño, y de desarrollo..., y que los niños no deberían ver ninguna pantalla digital.

Estas alteraciones se han evidenciado en estudios, además los cambios cerebrales no sólo suceden funcionalmente, sino estructuralmente. Hay que proteger a los niños.

Por eso es vital el pensamiento y el control de los padres, y ser coherentes dando ejemplo, aunque cueste, por cuidar su cerebro.

       
Además, está comprobado que la tecnología dificulta la interacción social, el saber mirar a los ojos y comprender, la empatía, el lenguaje gestual, el manejarse bien con los demás... etc. 

Esto ya se está notando en adolescentes, que les resulta más fácil interactuar en lo digital que en relaciones personales, donde se "cuece" de veras la vida y la felicidad...





        
Algún dato más... 

Los pediatras apuntan que hay problemas de desarrollo... Hasta los 6 años es importante dar prioridad al movimiento y al juego real, sin pantallas. Siempre son los padres los que debemos guiarles y estar con ellos para hablarles o explicarles lo que necesiten... Cuidando tiempos para que puedan jugar al aire libre, en entornos naturales, estudiar, tener aficiones variadas, dieta saludable, y descansar bien. El sueño reparador es vital. 


                              




Por lo tanto, saber que ante la sobrecarga de estímulos, la capacidad de atención y concentración, relacionadas con la corteza prefrontal, lo más específico del ser humano, se debilitan, o no se desarrollan. 

Uno no es capaz de centrarse en un tema, o incluso es más difícil reflexionar y plantearse metas valiosas, organizarse en el tiempo, actividades y retos, haciendo que lo importante suceda, como señalara Stephen Covey.

Para los mayores de seis años también es muy necesario un tiempo de ejercicio físico, de lectura y pensamiento con calma, estudio, y un cuidado del sueño, y las pantallas lo alteran. Por eso, cada familia debe usar el sentido común, estando muy atentos para respetar sus ritmos biológicos y etapas de crecimiento, su desarrollo cerebral, y ese sueño, en el que se asientan los aprendizajes y vivencias y se recuperan funciones físicas y mentales. Y siempre dar prioridad a las experiencias vividas y las relaciones con otras personas.


     
Tener un proyecto educativo con cada hijo respecto a la adquisición de unos hábitos y un conocimiento, un atender a los sentimientos... Ayudarle a ser crítico con lo que se ve, se oye..., para lo cual se necesita formación. 

Como se deduce, todas estas capacidades requieren una madurez notable que no tienen los niños, también en su estrato cerebral, y además, esa formación.


     
Los pediatras alertan por la frecuencia de “calmar” a los niños con pantallas. El chupete digital. Y no es bueno, insisto, puesto que altera el buen desarrollo cerebral, y se habitúan, y pueden crear conductas adictivas..., muy relacionadas con la recompensa que producen y el efecto dopamina. Alterando el sistema de recompensa cerebral. Te lo cuento en "pantallas y dependencia", y en "niños, adolescentes y pantallas I".




2- CÓMO FUNCIONA EL CEREBRO


El cerebro no es como un ordenador, con una capacidad de almacenamiento concreta. No se trata de llenarlo de datos sin más… Funciona de dentro afuera, como todo lo vivo. Aprende partiendo de experiencias percibidas, del pensamiento, imaginación..., memoria, y estableciendo conexiones, circuitos y redes neuronales, relacionando todo en distintas zonas cerebrales, sensoriales, visuales, del lenguaje, motoras, de asociación.... etc., en base a lo ya asimilado. Y tienen mucho que ver los afectos, las buenas relaciones personales, el sentirse a gusto y querido, y el disfrutar por aprender. Así se secretan las sustancias neuroplásticas que lo revitalizan, potenciándose el aprendizaje.





          
Por eso, cuanto más se sabe, mejor se aprenden cosas nuevas, porque se tiene dónde asentarlo y relacionarlo.

         
El cerebro no es un almacén de datos, sino que los procesa, y se basa en la conexión de redes neuronales que relacionan la información que manejan. Por eso, ser inteligente es saber relacionar distintas cosas en el pensamiento. También hay distintos modos de usar la inteligencia, y de talentos, aunque el cerebro siempre funciona como "un todo”.

        
Pero hace falta tener una base experiencial vivida para aprender y construir el propio conocimiento. Y los niños necesitan una persona que vaya guiando y estructurando su aprendizaje. Primero son los padres, luego los maestros y profesores, ayudados de los padres: un trabajo en equipo. Y dejarle libertad desde pequeño para que vaya explorando lo que más le atrae y adquiriendo habilidades y funciones, cada vez más complejas.

       



Además, el cerebro no sólo maneja percepciones de la realidad, sino imágenes, recuerdos, pensamientos, sentimientos y emociones. Toda la realidad está inmersa en sentimientos y la conocemos a través de nuestra afectividad. Y todo ello surge en el mundo real: en el trato personal, sobre todo en familia, primera y auténtica "escuela emocional" y de valores humanos. No olvidemos lo esencial en la educación de nuestros hijos.




3- ASÍ APRENDEN LOS NIÑOS...

       
Un niño aprende cuando lo nuevo lo interioriza sobre lo que ya sabe, cuando lo relaciona con ello y establece un vínculo afectivo. Si no, no puede aprender. Los padres y el profesor van dando estructuras sobre las cuales construir cosas nuevas. Todo ello es posible gracias a la gran plasticidad neuronal.






Las emociones, el disfrute en los juegos con otros niños, con ese estado de "flow" tan genial, estimulan el aprendizaje disfrutando.


Las pantallas, hasta que su mente esté estructurada, y esto requiere muchísimos años, lo que pueden hacer es retrasar el desarrollo y la maduración. Impedirle aprender de las percepciones y experiencias vividas, que forman una base para construir las primeras estructuras neuronales, que le servirán durante toda su vida. 

      
Además, no todo vale ni es saludable en la red... Para recibir información, procesarla y valorarla y luego gestionarla es preciso tener formación. Hay que saber ser críticos y filtrar. Por eso, los hijos estarán “desarmados” si no les formamos previamente. Y eso también conlleva madurez y tiempo.




Inger Enkvist, experta sueca en educación, ya lo afirmaba hace muchos años antes del boom de la tecnología. Las habilidades digitales son más bien un tipo de aprendizaje profesional que se puede adquirir o perfeccionar en cualquier momento de la vida. Pero, cuando la persona está formada y ha madurado su cerebro, y no ayuda al desarrollo intelectual, ni a la capacidad de pensamiento del niño o adolescente, como algunos creían... 

Ella sostiene que una buena formación precisa una educación sistemática y estructurada, sobre todo en los primeros años, y el esfuerzo por aprender. Es necesario guiar ese aprendizaje, así ir logrando un conocimiento básico sobre el cual ir construyendo y desarrollando habilidades y trabajo y creatividad personal.





Debemos proteger a los más pequeños y ser coherentes con nuestro ejemplo… Bloquear los tiempos familiares, guardar dispositivos, hacer un parking de móviles, disfrutar, jugar, pasarlo bien juntos, que además es lo que los hará más felices y dejará una huella de gratos recuerdos en los corazones, especialmente de los niños. 

Es de gran relevancia que los hijos no nos vean mirando el móvil a todas horas, pues creerán que es algo más importante que ellos..., y se sentirán desplazados, poco atendidos. Pongamos todo el corazón en las relaciones familiares. Valoremos ese tesoro, hagámosles sentirse únicos, valiosos, queridos.

              



  

Mª José Calvo                                                                                               optimistaseducando.blogspot.com.es
@Mariajoseopt      
Optimistas Educando y Amando



Espero que te haya sido útil, y lo puedes compartir con amigos. Muchas gracias.



Dejo enlaces relacionados:



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