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domingo, 15 de marzo de 2026

EL PADRE Y SUS FORTALEZAS

                                  

                                      EL PADRE EN LA FAMILIA     

  


Acercándose la festividad de San José, y el día dedicado a los padres, unas ideas para refrescar y agradecer sus cualidades y fortalezas en bien de la familia, y de la humanidad entera. 


Hemos visto que la familia es algo tan original, que tiene dos líderes al mismo nivel. Para dirigir una familia, la institución natural más antigua y amable de la historia, necesitamos un padre y una madre, bien unidos, formando un solo equipo. 


Cada uno aporta su forma de ser, de interpretar la realidad, de dirigir, de relacionarse, de querer... Con unas cualidades y habilidades propias, y distintas del otro, al servicio de la familia. Y formas de educar a los hijos un poco diferentes, que se complementan en beneficio de ellos. Los hijos necesitan ver esa alteridad y diferencia, en la cual cada uno está diseñado para el otro, mostrando cariño y unión, y siendo un buen referente para ellos en todos los aspectos. 




Decíamos en otro artículo que a la madre, la "directora del hogar", le gusta y se le da muy bien hacer ambiente confiado y alegre, atendiendo a los sentimientos de cada uno, tejiendo buenas relaciones.


Y el padre, el "líder" de la familia, se le da bien señalar un camino, ser modelo de identidad. Él pone "de moda” unos valores humanos nobles que trata de personificar, para que los hijos lo vean hecho vida, y sean su referente.




En ese ambiente entrañable de la familia es donde crecen las personas, gracias al ambiente de libertad y cariño. A la mujer le gusta precisamente estar en los detalles, poner afecto: está diseñada hacia el cuidado de los demás, muy especialmente en la maternidad. Es acogedora y tiende a proteger.

En cambio es más propio del varón, del padre, dar seguridad, ser un referente que guía y arrastra, y hacer fuertes a los hijos para la vida.







* Vamos a la neurobiología y al desarrollo embrionario...


Cada nueva persona que es concebida, gracias a ese acto de amor espléndido de sus padres, en la octava semana de la gestación se diferencia, como sucede con otros órganos.



Si sigue su curso, será una niña, si se diferencia, un niño. Y cada una de las células del organismo es XX o XY, además de los caracteres sexuales primarios que conforman el sexo biológico: femenino o masculino.


Posteriormente, con el nacimiento, las niñas están muy a gusto en el ambiente femenino en la relación con su madre, con el sano apego y sus cuidados..., aunque también necesitan de la figura del padre para formar su identidad. 


Sin embargo, los niños varones necesitan esa forma de ser masculina para reconocerse en ella. Y mucho más antes de la pubertad, entorno a los 6-7 años, para formar su identidad sexual y su personalidad. Así como en la adolescencia, ambos necesitan especialmente al padre. 




*Los padres....


Respecto a la paternidad, se ha reaccionado ante formas de ser del pasado, quizá muy autoritarias o patriarcales, y ahora "se llevan" unos padres estilo madres. Es decir, cariñosos, empáticos, amables... Algo que está muy bien, y es una faceta de la masculinidad, pero poco se dice de su específica personalidad masculina, de su capacidad de fortaleza, de su autoridad y concreción de valores que señalen el camino y den seguridad a los niños.


Es propio de ellos los dos aspectos, señala Mariolina Ceriotti: la delicadeza y ternura, y la fortaleza, e importante y necesario para los hijos. Y la autoridad no es algo pasado de moda, sino la forma de guiar a los hijos en su creciente desarrollo, autonomía, y libertad. Te lo cuento en el artículo "autoridad y libertad". 



En este sentido son muy relevantes los valores que encarna el padre, y también la madre, basados en principios, y por eso no pasan de moda. Son una guía luminosa en el actuar cotidiano. Esos valores vividos "cristalizan" en hábitos y virtudes personales, que aprenden los hijos, y ennoblecen y cualifican al ser humano. El padre es para los hijos esa luz que ilumina, señala y anima a actuar con dignidad y sentido, motivando y elevando con su ejemplo vivo.


Los padres son firmes en los objetivos, pero a la vez flexibles en los modos de alcanzarlos. Son coherentes con esos valores hechos vida. Dan estabilidad emocional, además de cariño y confianza. Por eso es tan bueno que dediquen tiempo real en familia, estando presentes, sin "interferencias", construyendo familia. Tratan con delicadeza y cariño atento a su esposa, saben conversar, escuchar, conectar, también con los hijos. 


Los niños aprenden cómo se trata a las personas, especialmente a las chicas, en ese trato delicado del padre hacia su madre. Aprecia y valora la feminidad.


Y podríamos seguir...






Como señala el humanista Tomás Melendo, las personas mejoran y se "pulen" con el trato personal con los demás. Por eso en familia es necesario dedicar tiempo, primero en pareja, y luego a los hijos, tanto la madre como el padre: nos necesitan a ambos. Ahí se "cuece" la formación de la personalidad de cada uno. También la de los padres, que, en ese ayudar a ser... a los hijos, ponen toda su persona, sus talentos, su vida, sus anhelos, en esa misión tan trascendente con ecos de eternidad.



Siguiendo con los padres, varones, ellos lanzan a los hijos, primero jugando, luego dándoles metas y retos, fortaleza y empuje. Y más tarde los conecta con el mundo exterior de la familia: los lanza fuera. Sin su apoyo les sería más difícil salir, porque las madres tendemos a proteger, algo muy valioso al principio de la vida, pero llega un momento en el que tienen que salir del "nido", y acometer su vida. Y para ello deben entrenarse antes, donde si se caen puedan levantarse y volver a intentarlo, aunque nos duela más a nosotros...


Es decir, se trata de ir dando libertad, la que puedan asumir en ese momento según su madurez y circunstancias, para que aprendan a pensar y actuar por sí mismos. Así también aprenden a ser responsables: la otra cara de la libertad que tanto les gusta. Y aquí el padre es fundamental. De este modo podrán volar y construir su propia vida.





Por tanto, la mujer tiene un papel muy relevante a la hora de validar, admirar y apoyar a su marido, aunque muchas veces no esté totalmente de acuerdo. Algo imposible dadas las diferencias entre los dos, pero, en aras de la unidad en la familia, de hacer equipo, y hacia los hijos, que ven ese referente de unión que les da seguridad y confianza, y cariño del bueno, además de ser su guía y su punto de mira. El padre no es una figura accesoria, sino constituyente de familia. Necesario. Imprescindible. Que no nos engañen...




Él tiene sus talentos, distintos a la madre, pero las diferencias suman y unen porque somos seres recíprocos. Cada uno diseñado para el otro, y potencia y prestigia al otro, porque le quiere de veras. Y el resultado es una sinergia creciente entre los dos, en beneficio de la familia, y de los hijos, que se sienten inmersos en ese cariño que les da vida y les ayuda a desarrollarse y desplegar sus cualidades, únicas, singulares. 



                                                     



Es necesario redescubrir el valor de la masculinidad autentica, en sinergia con la mujer. Que él se sienta valorado, admirado y querido. Y ambos dotar de esa alteridad, equilibrio y cariño a los hijos. 

Como dice la experta María Calvo, sin olvidar lo bueno del pasado, ni las actuales circunstancias de la vida moderna, en las que la mujer suele trabajar también fuera del hogar. Pero, sin apartar al hombre, o considerarlo poco cualificado, como se hace en ciertas ideologías..., por ejemplo en la revolución de los años 60.

Ambos somos imprescindibles, distintos: en la forma de amar y formar una familia, ámbito propio de las personas y del cariño, en la dirección del hogar y la educación de los hijos... Y logramos sinergia. Y de ello depende el futuro de la humanidad.






* Algunas características de los padres hacia la educación de los hijos:



- Descubrir las cualidades de los hijos y dar autonomía: enseñarles a tomar pequeñas decisiones.


- Poner de moda unos valores nobles, haciéndolos vida, para acercárselos a los hijos y mejorar como personas.


- Pensar encargos, objetivos y metas con cada hijo, según sus cualidades y forma de ser. Sabiendo que, toda ayuda innecesaria limita a quien la recibe.


- Ayudarles a confiar en sí mismos.


- Educar su voluntad: enseñarles a ser fuertes, a aplazar gratificaciones y controlar impulsos... Estimular su fortaleza con actividades y deporte.


- Dar estabilidad emocional y psicológica, y una sana autoestima, basada en el cariño.

            

- Él ayuda a pensar, a armonizar cabeza y corazón y querer a los demás. Lo más importante de la vida, fuente de plenitud y por tanto de felicidad.



De este modo los hijos van adquiriendo capacidades, habilidades, empatía, responsabilidad, y se acostumbran a pensar en los otros, con hábitos y virtudes concretas que van conformando su carácter y haciéndolos auténticas personas.




En definitiva, los padres, ambos, con nuestro cariño mutuo y buen hacer, somos ese referente y puerto seguro para los hijos, al que siempre volver, recargar energía, y volver a salir a la vida... con las ideas claras y metas nobles por las que luchar.





                     

Espero que te haya gustado, te recomiendo algún libro de María Calvo: "Paternidad robada", "La rebelión de los hombres buenos", y otro de una pediatra, Meg Meeker: "Padres fuertes, hijas felices", precioso.


Mª José Calvo                                                         
@Mjoseeopt  
                                
 

Y te dejo enlaces relacionados con el tema:

domingo, 17 de mayo de 2020

UN POCO DE LIDERAZGO... y una anécdota



                             LIDERAZGO Y PERSONALIDAD


¡Qué importante es cultivar la personalidad de cada uno...! La nuestra, y enseñar a nuestros hijos. Cada persona es única y singular. ¡Singularísima! 

Ayudarles a formar su personalidad es hacer una obra de arte. Consiste en descubrir cualidades y talentos específicos de cada uno, y saber seducir con la belleza de los valores humanos nobles, que no pasan de moda, hechos vida. Ése es el auténtico liderazgo.  



Los grandes filósofos griegos, con Aristóteles y Platón en vanguardia, consideran vital enseñar a tener buen gusto por lo bello. Es decir, reforzar las acciones nobles y bellas de cada persona. Se trata de descubrir y potenciar todo lo bueno, sacar a la luz todas las riquezas ocultas, hacerlas florecer. En la propia, y en la de los que tenemos cerca: familia, amigos...





Pero esto precisa pensar, dedicar tiempo, poner las mejores ideas y capacidades, y concretarlo. Señalar fortalezas, motivos, adquirir hábitos y virtudes que den autonomía en el obrar y ayuden a ser más y mejores personas… 

No es algo trivial, ni que se consiga a la primera; requiere esfuerzo y lucha constante, teniendo a cada persona como protagonista de su propia aventura. ¡Merece la pena todo esfuerzo!




Dejo a modo de índice unos puntos a desarrollar en dos artículos para no alargar demasiado.



1) PERSONALIDAD
2) CARACTERÍSTICAS Y TIPOS DE LIDERAZGO

3) LIDERARSE UNO MISMO
4) UNA ESTRELLA POLAR
5) LIDERAR: MISIÓN, PROACTIVIDAD, FOCO



1) PERSONALIDAD

      
A- Temperamento 

Partimos de lo heredado, de lo biológico: la naturaleza. El temperamento de cada uno. Así, ir desarrollando, formando, "acuñando", el carácter y la personalidad. 

Descubrir los talentos de cada uno, que se vislumbran con una mirada cariñosa. Aquellas características en las que es especial, para hacérselo notar, fomentarlas y apoyarse en ellas. 

Además, al desarrollar esas cualidades y fortalezas, otras muchas relacionadas también emergen, y compensan debilidades... Sin estar remachándolas todo el día: no vayamos de pesimistas y perdedores. Es la forma de ir forjando el carácter de cada uno.



También aporta una saludable autoestima, basada sobre todo en el afecto de las personas cercanas. 


La singularidad que nos diferencia de los demás es lo que hay que desarrollar, pulir, mejorar. Es la explicación más íntima de nuestro ser, único e irrepetible, y la razón de nuestra vida... Nos acerca al sentido más profundo, a nuestra "vocación" específica, y a nuestra misión. Pero todo eso hay que descubrirlo y trabajarlo.




B- Carácter

En base al temperamento heredado, con la experiencia personal y la educación, se va modelando y se forja el carácter de cada uno. Es algo que hay que luchar por conquistar día a día, pero confiere autonomía y control para pilotar la propia vida, con optimismo, superando retos y dificultades. Y nos da esperanza. 

Se basa en la adquisición de buenos hábitos, que dejan su impronta y conforman el estrato cerebral. Estos hábitos se transforman en virtudes, al hacerlo con libertad, porque se quiere, que es el mejor motivo. Así, se adquiere una facilidad y un disfrute cada vez mayor. Y ayudan enormemente la vida.






A veces se piensa que, a base de repetir algo muchas veces, se adquiere un hábito. Pero no siempre es necesario. Lo importante es interiorizar y aprehender su esencia, el bien que conlleva, y querer hacerlo poniendo el corazón: por amor. Así, "encarnarlo". Algo que parece sencillo, aunque requiere ilusión y lucha. Porque, lo que hacemos cada día... va dejando su impronta.




          
C- Personalidad

Es fundamental de por sí, en cada persona, y especialmente en el liderazgo. Independientemente de los talentos y fortalezas de cada uno, que ayudan a guiar el desarrollo y el carácter propio, 


"todos necesitamos pensar con claridad, 

 armonizar cabeza y corazón, 

y aprender a querer a los demás.



Y es importante la empatía y la inteligencia emocional:
tenemos unas "neuronas espejo" que facilitan 
comprender y querer.





Todo esto se aprende en familia. Se va perfilando una buena personalidad. En la infancia hay mucha afectividad, o debe haberla, todo está sumergido en cariño, y según van creciendo los hijos hay que potenciar el pensamiento, sin olvidar nunca el corazón. 

Entrenar el desarrollo de la razón y de la voluntad, que nos distinguen como personas, para hacer lo de veras bueno y correcto. La razón es luz que ilumina el sendero. Que guíe al corazón y sea un referente en el actuar de cada uno. Y luego, poner los sentimientos y afectos en todo lo que hacemos.




2) CARACTERÍSTICAS Y TIPOS DE LIDERAZGO


Y aquí enlazamos con el buen liderazgo personal. Sabiendo que, para liderar a los demás primero hay que liderarse uno mismo. Vimos algunas ideas en el post sobre liderar la propia familia. Pongo abajo enlace. 

Liderarse es forjar el carácter, con cabeza y corazón, autodominio y voluntad entrenada. También te lo contaba en el post sobre el carácter.

Comento, a grosso modo, con algunas ideas de la catedrática Nuria Chinchilla, de liderazgo en el IESSE de la Universidad de Navarra, y algunos tipos de liderazgo, junto con los motivos y motivaciones de cada uno, para tener claro cómo queremos y podemos actuar con nosotros mismos y con los demás. Y te recomiendo un libro fantástico suyo: "Dueños de nuestro destino".


1- Empezamos por el liderazgo de nivel más bajo: gestión de recursos. Todo se convierte en un recurso que se puede manejar con un fin. La persona se la reduce a un recurso. Aquí los motivos son puramente extrínsecos, del "tener". Son los que nos llegan desde fuera. Es decir del nivel más bajo también. Cuando fallan, ya no "compensa" seguir adelante. Forman relaciones poco estables, y no se aporta mucho a los demás.

2- El siguiente nivel es la dirección de personas, con objetivos y retos. Ya avanzamos un poco. Se mira a la persona, y sus motivaciones intrínsecas, como son el saber, el realizarse, plantearse objetivos profesionales, adquirir competencias y habilidades... etc. No está mal, pero no es el mejor. No piensa tanto en los demás, ni muchas veces en las consecuencias derivadas de sus actuaciones. 


3- El tercer nivel, y más alto, es el liderazgo relacional. Las personas somos seres relacionales, estamos diseñadas para los demás. En las relaciones personales desplegamos nuestra mejor forma de ser, y encontramos nuestra plenitud como personas. La persona necesita de esas buenas relaciones, como el oxígeno que respira. Y, como consecuencia de esa plenitud, somos más felices. Como señala un gran humanista, Tomás Melendo, cada uno nos hacemos y re-hacemos en ellas, en especial en la familia, al sentirnos queridos y poder querer a los demás. Aquí las motivaciones son altas, del tercer nivel: trascienden a cada persona, porque se mira a los demás, y es lo que da más sentido e ilusión en la vida. 

Este liderazgo es más sano, duradero y estable. El que arrastra con su buen hacer, su ejemplo y coherencia, con el servicio atento a los que tenemos cerca. 

Y puede ser a su vez de varios tipos: 

          *transaccional: repartiendo recursos, 

      *transformador: transformando recursos y apoyado en motivaciones, con cabeza y corazón...

     *trascendente: con acciones concretas que trascienden en los demás, creando nuevos recursos








*Liderazgo trascendente

Nos centrarnos en el trascendente. No sólo maneja recursos, sino que los transforma y crea otros nuevos, con imaginación y pensamiento, con la creatividad propia de la persona. Inspira, ayuda y trasciende a otras personas. Las acciones repercuten en el bien de ellas, no tanto en uno mismo. 

Nos pone alas para volar alto, por los motivos y valores trascendentes que lo impulsan: del tercer nivel. Aquí es importante las cualidades y la misión personal, lo cual da un 
sentido único a la vida. Algo que, si no lo hago yo, nadie lo hará. Eso ayuda a priorizar y anima a luchar por lo mejor de ello.

Ya lo decía el doctor Viktor Frankl: lo que más motiva en una situación difícil, incluso en la que él vivió, tan espantosa y llena de sufrimiento, es encontrar cada cual el sentido de su vida. Que siempre se relaciona con los demás. Te recomiendo sus libros. Él supo ver en esas condiciones extremas el corazón de cada persona que tenía delante... y de ese modo ayudarles.




Cada uno respondemos con nuestras acciones, y con la vida entera, a las preguntas que nos planteamos. Somos seres responsables, al menos en este sentido. Y hay que aprender a serlo en todos los sentidos. Ninguna ación queda sin consecuencias. Todo influye en los demás. De ahí la grandeza de ser íntegros, coherentes, y ayudar a los que tenemos cerca, de responder a sus necesidades, de alegrarles la vida. Algo tan propio de la persona. Muy en especial en pareja y en la familia. Es un talento personal interdependiente, que se mueve y se desarrolla con los demás. Y tiene mucho que ver con la capacidad de amar de la persona. 





Podemos refrescar algunos puntos que vimos del liderazgo en la familia, (enlace abajo), para "trabajar" el liderazgo personal.


*Atento a lo importante, sin descuidar los detalles. Enfocarse en lo de veras importante: algo que al hombre se le da bien. Respecto a los detalles, la mujer es especial: le gusta estar en ellos, es su forma de ser. A él le gusta más enfocarse en ideales y grandes temas. Lo concreto se lo deja a ella. Pero ambos logran sinergia en su cooperación: estamos diseñados para esa reciprocidad, esencia del amor en pareja. La mujer diseñada para el varón, y el varón para la mujer. Y en su unión conquistan lo mejor de sí.





*El buen líder sabe priorizar, pone atención a cada persona, y le presta la ayuda que necesite. Pero sólo la precisa, teniendo en cuenta que, "toda ayuda innecesaria limita a quien la recibe..."

*Se mueve por valores, basados en principios, que dan coherencia e integridad a su persona. Sabe crear ambiente acogedor y optimista, donde es más fácil luchar por dar lo mejor de cada uno.



*Sabe tomar buenas decisiones, basadas y fundamentadas en el ser: ser persona íntegra y noble. Y no tanto en el actuar, aunque trasluce el ser. Los motivos de fondo, sus cualidades y distintivo, su persona, es lo que atrae e inspira.



*Confía. Un buen líder genera confianza. La confianza tiene mucho que ver con la buena comunicación y la empatía. Si no, cuesta abrir el corazón y se hace difícil conectar. La empatía se aprende en familia, desde pequeños, gracias a esa relación tan estrecha con la madre, con el padre, en la que se desarrolla, haciendo uso de las neuronas espejo. Esa confianza ayuda a desplegar "las alas"...


*También hace una llamada a lo mejor de cada uno, y le da libertad para que lo pueda realizar. Anima y estimula a desarrollar las cualidades y puntos fuerte de cada uno. Talento y trabajo cotidiano.




*Se caracteriza por su optimismo, que ha de ser contagioso. Ver siempre lo positivo y lo bueno de las personas, de las circunstancias... etc. Es la capacidad de descubrir retos incluso en las dificultades. Todo nos ayuda a crecer como personas. Ya lo decía Frankl: cuando no podemos cambiar una situación, "nos encontramos ante el desafío de cambiarnos a nosotros mismos". Pensar qué hacer con el tiempo que se nos ha dado...


* Tiene detalles de cuidado y servicio para alegrar la vida de los demás. Sabe trabajar, luchar, y cumplir las promesas, y pedir perdón siempre que sea preciso.




* Una anécdota

Sucedió en San Francisco, en un Congreso de grandes gurús del liderazgo por el 50 aniversario de la ONU. Lo relata Brian Bacon en uno de sus libros. El mensaje que más había impactado era el de una persona, que no participaba en él, pero que le animaron a decir unas palabras al final del Congreso: la Madre Teresa de Calcuta. Solo habló unos segundos. Subió al estrado y se quedó un momento en silencio, y con voz suave dijo: 

Así que queréis cambiar a la gente. Pero ¿conocéis a vuestra gente? ¿Y les queréis? Porque si no conocéis a las personas, no habrá comprensión, y si no hay comprensión, no habrá confianza, y si no hay confianza, no habrá cambio.


¿Y queréis a vuestra gente? Porque si no hay amor en lo que hacéis, no habrá pasión, y si no hay pasión, no estaréis preparados para asumir riesgos, y si no estáis preparados para asumir riesgos, nada cambiará.


Así que, si queréis que vuestra gente cambie, pensad: ¿conozco a mi gente?, ¿y quiero a mi gente?


El mensaje de la madre Teresa había quedado suspendido en el auditorio y se notaba que había golpeado. Tan fuerte como cuando alguien escucha la verdad.




¿Quieres que alguien cambie en algo? Después de aceptarle tal como es..., conocer, comprender, empatizar, querer, y animar y ayudar con la fuerza del cariño... Y el resto está en sus manos.




*Liderazgo característico en la mujer y en el hombre 

Ambos somos seres recíprocos: él está creado para ella, y ella para él, y al salir de sí, y encaminarse hacia el otro, cada uno alcanza su mejor personalidad. Especialmente en el amor. Además, al aunar cualidades y fortalezas se logra una sinergia creciente, y se enriquece lo humano.

El liderazgo de la mujer es curioso, y diferente del hombre, porque tiene unas capacidades innatas propias, quizá debidas, como señala la filósofa y pedagoga Jutta Burggraf, a su estrecha relación con la vida. Mira, y ve, con ojos de mujer, lógicamente. Ese estar atenta a acoger a los demás, a priorizar las relaciones personales, a trabajar en equipo, la mayor flexibilidad, los talentos de la inteligencia emocional, tan propios suyos... etc. Todo ello de la mayor importancia, y es su forma de ser ella misma, de estar en el mundo. 





El liderazgo del hombre, con sus puntos más específicos, como ese punto de agresividad, que no es violencia, y ayuda a superar obstáculos, el velar por lo importante, los grandes ideales, cuidar y proteger a las personas queridas, resolver problemas..., y otros muchos que ponen un toque de éxito global en su vida. 


Estas características son importantes, en especial en el trabajo de liderar la familia, en ese crear ambiente de hogar, velar por cada uno, y hacer vida esos valores humanos nobles. Aquí se complementan y aúnan ambos liderazgos. 


A la mujer le resulta más fácil poner afectividad en su familia, pero, a ellos hay que dejarles que pongan más cabeza y corazón en la vida familiar, pero a su estilo, diferente al nuestro. No sólo resolver tareas, que se les da muy bien, sino apoyarse en ellos por ejemplo, a la hora de afrontar problemas y dificultades. Porque, en el trabajo profesional ya lo suelen hacen con más frecuencia. 



Es decir, con lucha personal de cada uno, él y ella, por ser quien son, con sus cualidades y fortalezas cultivadas, al servicio de la familia, de las relaciones personales y de amistad. Y todo redundará en círculos concéntricos, comenzando por los más cercanos...


Todo lo que consiguen ambos en la familia, origen y "cuna" de las relaciones personales, lo pueden poner en el ambiente de trabajo, humanizando ese ámbito. Y viceversa. 

Los campos en los que se mueve la persona, junto con el ámbito social y de amistades, se benefician. Se logra sinergia. Por eso, no se trata tanto de "conciliar" o "encajar" horarios, como de aprovechar lo de cada ámbito para utilizarlo en el otro, en especial las cualidades desarrolladas y las virtudes personales fomentadas día a día. Así "humanizar" las relaciones fuera de la familia.




Continuará..., con un poco de virtudes que cualifican a cada persona, y le dan mayor libertad y proactividad para pensar en los demás y actuar en consonancia, y por tanto ser feliz.

Y te dejo otro libro, con "el secreto" del alma masculina, en especial para ellos: "Salvaje de corazón", de John Eldredge. Su esposa tiene otro en referencia a la mujer.



                                                                     Mª José Calvo
                                                                  optimistas educando
                                                                     @Mariajoseopt



Espero que te haya sido interesante, y puedes compartir y comentar. Gracias.


Dejo enlaces relacionados: 


 * Dirección familiar y liderazgo (con ideas de liderazgo familiar)

* Afrontar la vida con optimismo 





                                                                
                                                            
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