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sábado, 7 de noviembre de 2020

NIÑOS, ADOLESCENTES Y PANTALLAS I



                               NIÑOS, ADOLESCENTES Y PANTALLAS I

                        
Siguiendo con algunas entradas sobre adolescentes, podemos repensar un poco el uso que hacemos de pantallas en familia, cuidando el cerebro de nuestros hijos, tanto en primeras edades como en esta etapa adolescente tan crucial. Vamos a ver los porqués...


Las "pantallas" están diseñadas para atrapar la atención sin apenas darnos cuenta. Hay una industria detrás de ello y se ha invertido mucho estudiando el cómo.


El cerebro de los hijos es, por así decirlo, muy sensible a todos los estímulos, pues apenas está desarrollado. También en adolescentes, cuyo cerebro está en pleno cambio y reestructuración de sinapsis y circuitos neuronales. En ellos se están formando y asentado las estructuras básicas que utilizará toda su vida. Cuidar esos dos momentos en especial es vital y de gran trascendencia.





Muchas veces las pantallas pueden dificultar o retrasar el buen desarrollo neurológico y personal. Nunca exponer a los pequeños. Además, ese tiempo no lo dedican a vivencias y aprendizaje en el mundo real, en el que se da precisamente el primer aprendizaje y más básico, por ser experiencial, vivencial, y de relación con los demás, fuente de configuración de la personalidad y de la afectividad: un componente eminentemente humano. 



* Estudios... 

Se ha visto en un estudio con un número importante de niños, avalado por los Institutos Nacionales de Salud de Estados Unidos, que el cerebro en edades tempranas es diferente cuando pasan tiempo frente a pantallas. Aumentan las zonas que procesan estímulos visuales, pero disminuye la capacidad lógica y del lenguaje, de veras importante para todo, porque el uso de la tecnología impide que se desarrolle adecuadamente.

Se pierde el contacto humano, enriquecedor de por sí, donde se aprende a interactuar, a captar sentimientos y sentirse a gusto, incluso necesario para la formación de propia personalidad, puesto que cada persona necesita la resonancia con otras personas para construirse a sí misma. Recordemos al filósofo judío Martin Buber: él dedica tiempo a estudiar el encuentro, y lo resume en "yo me hago gracias al tú."



Un científico y psiquiatra, Manfred Spitzer, con mucho sentido común, que ya he mencionado anteriormente muchas veces, hace reflexionar sobre el uso de los medios tecnológicos. Hace años que habla del concepto de "demencia digital"... Y de la importancia del aprendizaje personal, de la figura de los padres y el profesor para estructurar el conocimiento, de la capacidad de la inteligencia y el pensamiento, y del retraso de la maduración y el aprendizaje que pueden producir las pantallas, especialmente en niños, hasta incluso adolescentes. Te lo cuento en otras entradas.

La educación de una persona siempre será de tipo analógico. Hace falta aprender en familia lo importante de la vida, interactuar con los demás, atender a los sentimientos, mirar a los ojos, sentirse querido, saber sorprender, imaginar, ayudar, tener ilusión por descubrir, aprender a querer...


Otro neurocientífico, Michel Desmurget, señala que se ha observado que el tiempo que se pasa ante una pantalla por motivos recreativos... etc. retrasa la maduración anatómica y funcional del cerebro, por diversas redes cognitivas relacionadas con el lenguaje y la atención. Por eso apunta este autor que los nativos digitales son los primeros niños con un coeficiente intelectual por debajo de sus padres. Algo realmente preocupante.


Las capacidades humanas, tan propias de una persona, como la sonrisa, la comprensión, la empatía, unas palabras de aliento, la creatividad y la imaginación, la memoria tan relacionada, y el propio pensamiento, que depende de todo ello, las relaciones personales y la amistad, ¡los sueños...!, con el uso prolongado de pantallas se van perdiendo. 




* Adolescentes

Aterrizando en los adolescentes, debemos ser un referente para ellos, también respecto a las pantallas, aunque parezca que ellos "saben" más. Cuando se acostumbran a su uso, ya no se sienten tan seguros en las relaciones personales, ni quieren fomentarlas. Les cuesta conversar, mostrar empatía, relacionarse..., hasta leer con atención un tiempo, o estudiar. Van a lo fácil, a lo que conocen mejor y no requiere habilidades personales. Algo también muy preocupante y los padres debemos prevenir. 

Lo ha estudiado otra experta, Sherry Turkle, profesora del MIT, Instituto Tecnológico de Massachusetts. Dice que es como "la comida rápida": fácil, pero poco saludable. Ella habla de la relevancia de la conversación cara a cara y las capacidades y habilidades que desarrolla, además de conectar con la otra persona. Lo desarrollo en otro artículo: "genuinamente humanos: conversar".







Pongo 3 puntos para comentar y profundizar, que iremos viendo. 


1) Ideas a tener en cuenta
2) Dependencia y efectos negativos
3) ¿Qué hacer?

Vamos con el primer punto.



1) Ideas para tener en cuenta


1- Conocer el desarrollo del cerebro y sistema nervioso. Este estrato anatómico madura como en una onda, desde zonas más básicas, internas, y posteriores, a otras más complejas, más externas, y anteriores, con las funciones superiores de la persona, relacionadas con la corteza frontal. Y no finaliza hasta los 25-30 años, o incluso más. 

De ahí que sea vital respetar los ritmos naturales de crecimiento de la persona. Los niños, y también los adolescentes, necesitan relación con un tú, experiencias vividas, movimiento, ejercicio físico, autonomía, pensamiento, y sobre todo cariño. Te lo contaba en "familia, cerebro y tecnología". 

También una vida sana, respecto a alimentación, sueño..., fundamental en ese conformarse del sistema nervioso y el cerebro, además del ejercicio físico o el deporte, que ayuda a la modelación de redes neuronales y conexiones cerebrales que van formando el "conectoma". Puedes leer en "marco infantil antropológico".


Centrándonos en la adolescencia, a la par que va madurando su cerebro, van descubriendo y afianzando su personalidad y su identidad, y va madurando y estabilizándose la afectividad, tan esencial en la vida del ser humano, creado para amar y ser amado.

En esta etapa es frecuente la inestabilidad afectiva y los altibajos emocionales. Y es debido a que el estrato anatómico emocional, el sistema límbico, y sobre todo la amígdala, está hiperfuncionante. 

Esto es debido al ascenso de hormonas sexuales en sangre, bien sean los estrógenos, o la testosterona. De esa forma se estimula la maduración de todo ello. Y la parte más racional, la corteza prefrontal, está todavía más inmadura. Ellos viven las emociones exaltadas e intensas, las ven con mucho colorido, y en ocasiones se sienten desbordados por ellas. Además valoran mucho su recompensa, a la vez que tienen poco pensamiento y autocontrol, porque su corteza prefrontal madurará más tarde. Y carecen de experiencia... Una combinación "explosiva".






Posteriormente, el sistema límbico hace conexiones a otras áreas, especialmente al cortex cerebral, y en concreto a la corteza prefrontal. Así se interrelacionan ambos y se puede poner pensamiento antes de dejarse llevar por una emoción o impulso. Pararse a pensar un momento y ver cómo responder. Pero esto madura mucho más tarde. 

La corteza prefrontal se encarga de lo más complejo de la persona: el pensamiento analítico y crítico, control de impulsos, la toma de decisiones y planificación, la voluntad para posponer recompensas, la empatía... Lo desarrollo en "8 ideas en adolescentes", y en "plasticidad cerebral en adolescentes".


Aunque es un proceso natural de maduración, que lleva su tiempo, a los adolescentes hay que enseñarles a tener recursos para usar el pensamiento, a pensar por cuenta propia y ponderar las cosas, a aprender a retrasar una gratificación, a imaginar soluciones con calma antes de que ocurran. En este sentido es bueno darles tiempo para pensar o anotar ideas, o hacer un planning en diferentes ámbitos. Y ayudarles a tener autocontrol y señorío de sí mismos: saber esperar y no sucumbir al primer reclamo. Tener voluntad entrenada en pequeñas cosas, saber posponer una recompensa por un bien mayor.


Por eso es vital entrenar la voluntad con pequeños objetivos, metas, retos. Primero a corto plazo, para luego ir ampliándolo. Y necesitan tiempo para reflexionar, conocerse, para dormir en profundidad el tiempo que necesiten, escuchar música y disfrutar, amigos y deporte..., porque todo eso les ayuda en su maduración. Lo escribo en cerebro adolescente y afectividad. Deben ir aprendiendo a conjugar los dos aspectos: emociones y pensamiento.
     


      


2- Tecnología: ser cautos, pues repito, están diseñadas para enganchar. Valorar los silencios que construyen, para conocerse, pensar metas..., planear, y relacionarse. 

Y es importante que piensen qué hacen con su tiempo, que planeen y organicen lo que tienen que hacer, incluso anotarlo, para no perderse en mil cosas, o atrapados en los múltiples estímulos circundantes. 







3- Acompañarles: mucho diálogo. Contarles nuestras cosas desde pequeños, abrirles el corazón según la edad, escuchar sus temas y preocupaciones cuando ellos quieran, ver más allá de lo que dicen con palabras. Atenderles. Conectar. Es primordial construir confianza, abrir canales, mostrar empatía, sin dejar de exigir lo necesario..., pero con comprensión. Sin esa base será más difícil en etapas adolescentes, aunque nunca es tarde.

Primero damos ejemplo los padres, formando "un solo equipo". Siempre les podemos ayudar. Acompañarles les da seguridad y ven un referente al que imitar por la fuerza del cariño. Ir dando libertad para que se vayan responsabilizando; si no, siempre estaremos para ayudarles y darles apoyo y confianza en sus posibilidades. 










4- Vivir valores humanos y virtudes. Es algo que hacemos en la propia familia, y lo ven desde bien pequeños: formarles en valores que no pasan de moda, porque están basados en principios, e intentar hacerlos vida. Con integridad y coherencia personal..., que habla por sí misma, y tanto valoran.

Resaltaría la importancia del ambiente familiar confiado y alegre, en el que el cariño es lo importante: ayuda a ser mejores y a pensar en los demás. Así fomentar las cualidades y virtudes de cada uno, tener detalles de atención con todos. 

Guerra al individualismo, si no queremos hijos "blandiblug" que no sepan afrontar retos. Y se sienten solos. Animarles a entrenarse en autodominio para ser más libres y poder enfocarse en algo que merezca la pena. Metas nobles y valiosas, aprender a querer a los demás... algo vital para el ser humano, y fuente de verdadera felicidad.

Por eso son primordiales unos buenos hábitos y virtudes que forjen el carácter y la personalidad, que les ayuden a ser auténticas personas, a madurar, cada uno a su ritmo, con su singularidad característica, única, especial.




5- Necesitan un buen modelo de conducta, mucho más que discursos... Pensar qué referente les mostramos, también de uso de pantallas, bloqueando y respetando tiempos juntos, comidas, tertulias... Dejar el móvil al llegar a casa: centrarse en las personas que nos necesitan... Mirar a los ojos para llegar al corazón. Sin pantallas. Con calma. Saber escuchar, antes que hablar.

Desconectar para disfrutar de la convivencia con quienes más queremos. "Saturar" de cariño, alegría y buen hacer el ambiente familiar, lo cual es un antídoto contra las influencias negativas del exterior que dañan a la persona. Y los adolescentes y jóvenes son muy vulnerables.


Y el autocontrol personal ¡es vital!, entrenarse en ello en los diferentes ámbitos. Y los hijos aprenden a tratar a los demás viendo cómo lo hacemos, aunque a veces cueste, o podamos fallar... Pero volvemos a la brega.






6- Se puede hacer un planning familiar, o personal: todos implicados para ayudarse y crecer en algún aspecto. Por ejemplo, elaborar uno en familia según fortalezas, cualidades y talentos, o con referencia a los puntos más importantes y necesarios a transmitir según las edades, para intentar vivirlos. Ver qué objetivos y metas se quieren alcanzar, incluso ponerlo en un lugar visible para no olvidarse. O crear un enunciado de "misión familiar"..., y unas directrices con las pantallas: que no invadan la vida familiar.


Disfrutar de las relaciones personales y la amistad entre todos, fuente de plenitud personal, donde cada uno puede ser él mismo, y mejorar como persona pensando en los otros.



* Algunas ideas prácticas que quizá te puedan servir

- Cuidado con las redes sociales, con lo que los lleve a ser competitivos con los demás... Educar en la cooperación y la amistad, que es lo que todos queremos. Las redes hacen justo lo contrario. Son frecuentes los problemas de autoestima... de sólo ver el cuerpo y no a la persona, trastornos alimenticios, hipersexualidad, etc. A este respecto, los jóvenes de la generación Z dicen que hubieran preferido no tener acceso a redes...

- Las pantallas, si las hay, se quedan en el salón por la noche para cargar. Todas.

- Se puede dar un móvil con mínimas cosas: para llamadas, cámara, whatsApp, quizá mapas..., o tener uno para la familia en un lugar común.

- En casa entrenarse en autocontrol. Siempre hay que hacer algo: encargos, tareas..., fuente de creatividad y responsabilidad. No quedar enganchados. Y los padres debemos ir siempre por delante seduciendo con la belleza de una vida alegre, servicial, coherente. Presente. Creando ambiente.




Además, los adolescentes pueden pensar cómo organizarse, qué cualidades les gustaría tener o desarrollar, partiendo de sus características, algunos objetivos pequeños cada día, quizá otros en otros ámbitos, y elaborar su propio plan de acción personal. Así se van entrenando en pensar con calma, planear, organizar, visualizar retos... Y luego luchar en ello.




Es preciso controlar los tiempos de pantallas, pues atrapan la atención y dispersan la mente. Parece que facilitan muchas cosas, se llega a gente lejana, pero uno se habitúa: no son inocuas ni neutras. ¡Crean dependencia!, y luego dejan un vacío interior que reclama mayor interactuación. Te lo explico en "pantallas y dependencia", y en "adolescentes y tecnología II". Además se banaliza la amistad, las relaciones, se crea un mundo semi-ficticio, y las relaciones digitales no "llenan". Se esfuman rápido.




7- Mucha comprensión y empatía con ellos. Usar las "neuronas espejo": que se sientan de veras valorados y queridos. Eso les aporta buena autoestima, algo que necesitan, junto con el optimismo, pues se sienten inseguros por tantos cambios y precariedad en ocasiones. Por ese motivo, a veces se muestran prepotentes, o, con conductas desconcertantes. Comprenderles es el primer paso para ayudarles. Sin discursos, con cariño e interés, con mirada cálida. Te cuento estas ideas en "Soltar amarras". 

Conectar con sus intereses... para conectar con ellos. Confiar. Sin confianza no podrán ser libres, y sin libertad, aún a riesgo de que se equivoquen, como todos, no aprenderán a ser responsables y a pilotar su propia vida. Y necesitan entrenarse muchas veces: no lo lograrán a la primera... Saberlo da paz, y animarles a luchar por ello con empeño.









Unas ideas de Gustave Thibon, un gran pensador, sobre tecnología, en unas conferencias recogidas en el libro "Los hombres de lo eterno", hace ya muchos años:


"El hombre del siglo XX es víctima de que se haya roto el equilibrio entre su poder sobre las cosas y su capacidad de vida interior"...

"El hombre moderno corre el peligro de no ser más que un cerebro que gira vacío entre el cielo y la tierra, gracias a un materialismo sin sangre y a un falso idealismo. 

Para evitar este riesgo, debemos volver a entrar en contacto con las dos grandes realidades con las que ningún artificio interfiere: la naturaleza, obra de Dios, y Dios mismo".




Dejo para otros artículos la tolerancia y dependencia, y qué hacer...




Espero que te haya sido útil, y puedes compartir con amigos. 

                                    


                                              Mª José Calvo
                                   optimistas educando y amando
                                              @Mjoseeopt 
                                               



Dejo algunos enlaces anteriormente comentados y relacionados: 



URL:
https://optimistaseducando.blogspot.com/2020/03/adol-y-pantallas.html

jueves, 8 de octubre de 2020

¿VALE LA PENA CASARSE?




                                      ¿VALE LA PENA CASARSE?



Este post lo escribo a raíz de una conferencia en la Universidad de Puebla, UPAEP, México, del doctor Tomás Melendo, filósofo y experto en temas familiares, dirigida a jóvenes, y no tan jóvenes, sobre el amor, la sexualidad, el sentido de la vida, y lo esencial de comprometerse a querer a la persona que nos enamora. Decirle "¡sí quiero!", con toda el alma.

Escribo algunas pinceladas que salen en el vídeo que adjunto abajo, y otras en esa línea, de otros artículos y post relacionados con el tema.


Una pareja que está pensando si casarse, o probar a ver qué tal resulta la convivencia en común, le puede ayudar a clarificar ideas y ponderar cuestiones importantes. Y a todos nos puede animar a mejorar la "textura" y calidad de nuestro amor.



1- ¿Qué es lo importante...?

Porque, se suele pensar que lo importante es el amor que se tienen. ¡Y es verdad! Es lo más importante... Sin embargo, ese amor, además de cuidarlo y custodiarlo, de hacerlo crecer, hay que protegerlo: necesita de un "sí" inicial, con un compromiso que le dé seguridad para poder desarrollarse. El sí es un acto libre de la voluntad, que capacita a esas dos personas para quererse más cada día, y sobre todo, mejor. 




El amor es algo vivo, que, si no intento que crezca y se desarrolle, acaba languideciendo y marchitando. Hay que trabajarlo con cuidado y esmero. Empeñarse en hacerlo crecer con gestos y detalles cotidianos que lo alimenten, en un ambiente protegido. Así, poder querer con todas las fuerzas a esa persona.


Enamorase es ver toda la grandeza de que es capaz el ser humano, como condensada en esa persona tan singular que nos atrae con su belleza. Y es descubrir todas sus cualidades y puntos luminosos, por esa mirada de cariño que la envuelve. 


El amor no es ciego, como a veces se dice, sino al contrario: percibe todo lo bueno y bello de esa persona, y lo que puede llegar a desarrollar, si le ayudamos con la fuerza del cariño. Eso es quererle de veras.


Ese acto por el cual la pareja, o los novios, se comprometen y entregan toda su capacidad de amar les sitúa a otro nivel, y les da fuerza para aprender a quererse de una forma muy distinta: mejor, con más hondura y calado.


A veces se tiene miedo al compromiso, pero este acto no anula la libertad, sino que la hace operativa. Son "ataduras" que liberan. El para qué de la libertad es poder amar: es el medio que posibilita amar. La libertad debe fructificar en amor: es donde adquiere su mayor despliegue. Si no, no sirve de mucho. Y, como señala el doctor Melendo, "los lazos de la libertad son más fuertes que los de la sangre". Uno dice "sí" con todo el ser a la otra persona. Sin condiciones ni condicionamientos limitantes que angosten el amor. Poder quererle de veras cada día de la vida. 






2- El "sí quiero"

La entrega de cada persona, en ese acto único y primordial del "sí quiero" de la Boda, genera una capacidad de amar mejor. En él, cada uno recoge su pasado y lo entrega, lo comparte con la otra persona, y también presenta sus actos futuros, y toda su capacidad de amar, como mujer, o como varón, y lo regala a la otra persona. Por eso, uno se casa para querer al otro, y no al revés, aunque también... Es el comienzo de "la gran aventura" de la vida, en la que cada uno da confianza y apoyo al otro, con la fuerza de su cariño. Le ayuda a crecer como persona, e intenta ponerle fácil el que pueda a su vez amar.

Ese día es el punto de partida de esa andanza: amar más y mejor al otro, disfrutando juntos de la vida. Así, mejorar cada uno como persona, pensando en el ser querido. Cualquier esfuerzo es nada cuando se está enamorado, y, si se hace por amor, todo compensa. Y ¡compensa de veras...!


Esto es debido a que el sí de la Boda genera y estimula la virtud de amar al otro por ese acto supremo de amor, condensado en ese momento, y por la entrega de por vida. Ésta es la diferencia radical.  


Y la virtud no es algo rancio y anticuado, sino fuerza y capacidad de querer. Cuando interviene el amor todo se eleva y mejora: se estimulan muchas virtudes relacionadas, que son pequeñas especificaciones de él. Se va formando un "círculo virtuoso" entre el amor y las distintas virtudes..., pues ambos se realimentan entre sí. Por eso se dice que el amor es la forma de todas las virtudes. Todas necesitan hacerse por amor; si no, no son tales. Simplemente por repetir una acción no se desarrolla esa virtud, sino cuando se hace cada vez con más amor. De esta forma, las virtudes nos van capacitando para amar mejor.




El acto de entrega inicial, que se concreta en la Boda, es un gran generador de virtud, que hace crecer el amor. Nos transforma y capacita para amar. Con él se tiene mucho ya ganado: no se parte de cero, sino de un acto de amor supremo que aporta energía para seguir bregando cada día. Luego, se van sumando los pequeños actos de amor cotidianos, las virtudes conquistadas a golpe de libertad, que diría Ortega, que van alimentando y avivando ese "fuego" del amor.





3- La persona: diseñada para amar

Somos "seres de aportaciones", como dijera el gran maestro Oliveros F. Otero. Estamos diseñados para dar, en especial cariño: para querer a los demás. 

Lo que hace crecer a una persona es el amor: que sea capaz de amar a los que tiene cerca. Y en ello cada uno se trasciende a sí mismo, y, sorprendentemente, encuentra su plenitud y su mejor personalidad.


Querer es cambiar la perspectiva del yo al "tú" de la persona querida; pasar del vivir para mí, tan egótico a veces, al vivir para ti, como señala J. B. Torelló. Olvidarse un poco del propio yo, que siempre surge una y otra vez, y poner en el centro del corazón al ser querido. 

También acogerle en sus iniciativas, facilitarle el que ame, ya que solo será feliz si es capaz de amar a su vez. Acogerle es algo profundo y activo. No es no hacer nada, sino salir a su encuentro para que se pueda dar... Aquí la empatía es importante, ese intentar comprender y ver los estados de su alma, aceptarlo y valorarlo. ¡Admirarlo!






Y ser conscientes de que, lo que no se hace por amor, no sirve, no construye, o incluso puede hacer daño. Puesto que, el amor es una realidad tan grande y tan rica, que se expande al compartirlo. Y en él sólo se "tiene" lo que se da... Sólo el amor une, crea un vínculo entre los dos; si no une, no es buen amor.



4- Desde pequeños

Por eso es tan importante aprender a querer desde muy pequeños. Ayudar a los hijos a pensar en los demás. Guiar sus grandes energías cuando van creciendo, para que ayuden, tanto en familia como a sus amigos. Muy en especial los adolescentes... Así, a la vez que van madurando, aprenden a tener voluntad y autodominio, a pilotar su vida, y sobre todo a querer a los demás. 

Querer implica señorío para ser dueño de sí, y de esa forma poder entregarse y querer a otra persona cuando sea el momento. Madurez es autodominio: de los impulsos, del carácter, de emociones... Es la forma de "poseerse", para darse y poder amar. 







5- Entonces, ¿estar dispuesto? ...

Ya se ve que, ¡merece la pena casarse!, solo que con la condición de estar dispuesto a darlo todo, a luchar por querer a esa persona cada día un poquito mejor. Empeñarse con ilusión en hacerlo vida.

La ilusión y el enamoramiento nos ayudan, y nunca debemos permitir que se vayan marchitando con el pasar de los días. Además, el que lucha por dar lo mejor de sí siempre está alegre, porque no da las batallas por perdidas. 


Tenemos un "arma" poderosa que es la voluntad libre: siempre podemos querer-querer a esa persona tan valiosa que nos ilumina el mundo entero, con la que hacemos un proyecto de vida en común. Uno se convierte en su proyecto vital, y el otro, la otra, en el propio. Como señala el doctor A. Polaino, casarse es como una "autoexpropiación" de uno mismo en favor del otro. Se trata de "llenar" el corazón con esa persona, querer su bien, y ayudarle a lograr lo mejor de sí misma. 





Es apostarlo todo, quemar las naves. Partir a la aventura de nuestras vidas, que eso es el amor, con esa persona que nos deslumbra y enamora. Por eso, si cada uno se empeña en querer al otro, en hacerle feliz, todo irá bien, aunque no falten dificultades y problemas en el camino, que servirán para afianzar el amor. Con la mutua ayuda todo mejora, porque se logra sinergia, y el amor lo multiplica todo.


Si uno no se propone ir amando más y mejor cada día, se acaba amando menos y peor, y luego se dice que se ha acabado el amor. Por eso, la única condición es empeñarse en enamorar cada día a esa persona tan querida: que se sienta de veras única, especial, amada por sí misma.






6- Y, ¿cómo se concreta todo esto?


* Siendo ama-ble, en la forma más propia de la expresión. Es decir, dejarse querer, ser agradables de amar, ponérselo fácil a la otra persona. 
  
Y se manifiesta de mil maneras. Por ejemplo, poniéndose atractivo para que el otro disfrute, reflejando la belleza personal por esas cualidades singulares y virtudes que se lucha por adquirir... Es la forma de hacer más estimulante y grata la convivencia, y de mantener viva la sensualidad y el cariño. Cuidando los sentidos, que alimentan los afectos y el amor.

Otra forma, relacionada más con el carácter, que hemos mencionado, se traduce en cuidar la delicadeza en el trato, las formas, la sonrisa, la atención, las contestaciones..., que también construyen esa amabilidad personal.

Cada uno tiene la tarea de estimular el cariño del otro, suscitar su amor...


* Buscando pequeñas cosas que unen, y haciéndolas operativas. 




* Enfocándose en la otra persona, en quererla, en ayudarle a lograr su mejor versión. Admirando y partiendo de sus características, cualidades y fortalezas, y valorando su empeño en querer.

La clave para construir la relación, y ser feliz, es darle prioridad al tú. 

Porque, la felicidad es algo un tanto paradójico, pues no se logra persiguiéndola, ni pensando en el propio yo, sino que es proporcional a lo que uno es capaz de darse y amar. 



      

* Con tiempo y cariño: "querer-querer". Cuidar el tiempo juntos para disfrutar de su compañía. Cada día es importante un rato para conversar, conectar, comunicar... y "estar" simplemente. Usar la creatividad y concretar.

Y siempre se puede pensar cada día algún gesto o detalle de atención hacia la otra persona que demuestre ese cariño, que vaya construyendo y consolidando el amor. Para ello, pensarlo, y hacer que las cosas importantes sucedan, como señala S. Covey: primero "las piedras grandes".



* Contando con la afectividad en la dirección de acrecentar en el amor, aprendiendo a ser romántico, no teniendo miedo de mostrar ternura y afectos tiernos, como señalara D. von Hildebrand, ni a demostrar los sentimientos más finos e íntimos. El corazón se alimenta de los sentimientos y hacen crecer el amor. Experimentar la dicha de hacer feliz al otro, ¡saborearlo! 



Como dice Jose Pedro Manglano, el amor es como el pan: tiene que ser del día, el de ayer se ha quedado duro...



Pues sí, ¡¡vale la pena casarse...!!
  




      
Dejo el video tan interesante de la intervención del profesor en la Universidad UPAEP, con muchas ideas que te pueden ayudar, tanto si estás en las primeras etapas del amor, como si ya celebras "unos cuantos" aniversarios...




Espero que te haya gustado, y que compartas con tu familia y amigos. ¡¡Muchas gracias!!



Pongo algunos enlaces de post relacionados con el tema:



*  Sinergia  














                   
                                                                                                                                                                     
                                                                            Mª José Calvo
                                           Optimistas Educando y Amando 
                                           optimistaseducando.blogspot.com
                                                        @mariajoseopt     




URL:
https://optimistaseducando.blogspot.com/2020/10/vale-la-pena-casarse.html