De aquí el concepto de "demencia digital" que acuñó el neurocientífico Manfred Spitzer, tan preocupante, si cada vez dependemos más de pantallas, y no usamos las propias capacidades cerebrales. Lo que no se usa se atrofia, y las sinapsis desaparecen, o simplemente no se forman, si se trata de niños o adolescentes. Por eso, cuidar las vivencias y experiencias desde edades tempranas, junto con las relaciones personales llenas de afecto, tan esenciales en el desarrollo de cada niño, joven, o no tan joven.
Porque, la persona se forma y se "forja" en familia, en esas interacciones personales: en las conversaciones que se crean cara a cara, en la empatía con los demás y la ayuda consiguiente. Ahí puede querer y sentirse querida: su mayor anhelo. Te cuento más ideas en "Humanos: conversación y empatía".
Recuperemos lo valioso de la vida, sin "asistentes mentales" que nos lleven donde los estímulos y algoritmos quieran, a costa de renunciar a nuestro yo singular, depender cada vez más de ello, y crear una adicción de forma tan sutil y anodina, por no pararnos a pensar "qué hacer con el tiempo que se nos ha dado"... Puedes leer más en este artículo sobe Tolkien, o, en: "Párate y piensa".
* DESARROLLAR UNA RERESVA COGNITIVA
La mejor forma de preservar, y hacer crecer la potencia y capacidades cognitivas es entrenar un cerebro pro-activo, porque aporta una "reserva cognitiva" que protege y previene el deterioro cognitivo.
Como acabamos de ver, se trata de usar el cerebro desde su interior, con esfuerzo e intención, con trabajo interior profundo y entusiasmo. Así crear redes cerebrales bien asentadas. Y, ante un posible deterioro, bien sea por una lesión o enfermedad, o simplemente por la edad o falta de uso de algunas capacidades, formar circuitos alternativos que den capacidad de pensamiento y actuación, y calidad de vida.
Para potenciar esa reserva hay que tener en cuenta distintos factores que conforman un estilo de vida:
El ejercicio físico, fundamental, los hábitos de vida saludables, las buenas relaciones interpersonales, el sueño nocturno reparador, los retos cotidianos, la curiosidad y ¡el entusiasmo!, aunque uno tenga cien años... Todos ellos van conformando ese estilo de vida que protege, o no.
Vamos a estudiarlos cada uno en otro artículo, pero aquí lo hago a modo de pinceladas para no alargar mucho.
1) Ejercicio físico
El ejercicio es vital, desde que nacemos. Y si es en entornos naturales, mejor. En los bebés, en la fase sensorio-motora se forman las primeras conexiones neuronales o sinapsis. Y a partir de ahí se seguirán construyendo bases estructurales cerebrales.
El movimiento y el deporte son necesarios: se producen mioquinas, y un factor neurotrófico en los músculos que estimula el crecimiento y la plasticidad neuronal: el BDNF. Algo que nutre el tejido cerebral, produciendo nuevas ramificaciones y sinapsis, llevando al máximo sus capacidades tan asombrosas.
El ejercicio revitaliza el organismo: aumenta la captación de glucosa, mejora la sensibilidad a la insulina, disminuye la inflamación, regula apetito... Y reduce el estrés y el cortisol, tan frecuente y nefasto para la salud.
En definitiva, se ha visto que, además de mejorar la coordinación motora, aumenta la musculatura, incluso la masa ósea, y por tanto la supervivencia, pues la masa muscular es "almacén" y proveedora de muchas sustancias metabólicas beneficiosas para la salud de la persona.
Todo ejercicio es bueno, depende del estado inicial de la persona, y se puede ir avanzando progresivamente. Hasta en personas mayores: aporta mayor movilidad y fuerza para pequeñas tareas cotidianas.
2) Estilo de vida con una dieta sana
El estilo de vida es fundamental, con hábitos saludables: desde ejercicio, una dieta sana, especialmente la mediterránea, baja en hidratos de carbono, con aceite de oliva virgen, así como el sueño reparador y las relaciones personales. Es bueno exponerse al sol de la mañana, sin gafas, pues pone en marcha el reloj interno circadiano, protege del sol del medio día, y libera óxido nítrico, (vasodilatador y antiagregante), que protege de problemas cardiovasculares. Todo ello ayuda a la hora de dormir mejor por la noche.
La dieta mediterránea es fundamental: baja en carbohidratos y azúcar, rica en fibra, lípidos saludables y proteínas, y sin ultraprocesados, que son los verdaderamente dañinos, y con aceite de oliva virgen extra.
Es decir, por ejemplo, lácteos enteros, huevos, verduras variadas, que contienen todos los minerales, especialmente las de hoja verde, y su volumen sacia, legumbres, ricas en proteína, cuya fibra disminuye el índice glucémico, carnes de ave y carnes rojas, frutas enteras, con fibra, (no zumos), pan integral, alimentos ricos en omega 3... como los pescados grasos: salmón, atún, sardinas, y frutos secos, sobre todo nueces y almendras.
3) Sueño nocturno reparador
El sueño es muy importante. En él el cerebro trabaja activamente... Se regula el sistema inmune, se secreta la hormona del crecimiento o GH que repara sistemas, se limpian proteínas tóxicas, se regulan funciones básicas para la vida, como la temperatura, la tensión arterial, funciones respiratorias... etc. Y consolidan aprendizajes en la memoria de largo plazo y el cortex cerebral.
4) Relaciones personales
Son muy importantes: nos "dan la vida" y nos hacen sentir valorados y queridos. Pertenecientes a una familia, por ejemplo.
Hay muchos estudios sobre el envejecimento, últimamente uno en la Universidad de Harvard, en el que se llega a la conclusión de que el envejecimiento se "frena" con las buenas relaciones personales. La soledad "mata", como el sufrimiento sicológico y el estrés... Sentirse acompañado y comprendido por otros siempre ayuda.
Por eso, las conversaciones son muy relevantes. Permiten comunicar lo que llevamos en nuestro interior, no estar aislados, generar confianza y empatía. Y conectar con otras personas en ese diálogo que construye. Escuchar, enriquecerse y enriquecer.