Translate

Lograr armonía familiar

TEMAS... para el buscador.

  • OPTIMISMO
  • FAMILIA
  • VALORES
  • LIDERAZGO
  • EDUCACIÓN
  • PERSONA
  • NEURODESARROLLO
  • EDUCAR POR EDADES
  • MARCOS DEL DESARROLLO PEDIÁTRICO
  • PREADOLESCENTES
  • MUJER
  • AMOR EN PAREJA
  • ADOLESCENTES
  • EL PERDÓN
  • EL DOLOR
  • PELÍCULAS
  • TIC Y NNTT
  • NAVIDAD

domingo, 31 de mayo de 2015

SINERGIA EN PAREJA...

                                         

                                 CLAVES PARA LOGRAR SINERGIA EN PAREJA.

El día de la Boda nos comprometimos por amor, para amar a la persona querida, todos los días de nuestra vida… Prometer es decir que uno estará siempre ahí para el otro, a pesar de las dificultades de la vida. Y así, fundamos una familia única, singular. Por eso, alguien dijo que “la fidelidad a lo largo del tiempo es el nombre del amor”.

Desde ese momento, surge un nueva unidad: ya no somos solo un “yo” y un “tu”, sino un “nosotros” que cobra vida. Con un entretejerse de proyectos, emociones, amistad, actividades compartidas…, y todo sumergido en cariño.





La familia es la única institución natural que tiene dos jefes, o líderes, al mismo nivel. Por eso, su dirección es muy original, y cada uno aporta su forma de ver la realidad. Porque somos diferentes: el hombre tiende a lo general, le gustan los ideales, quiere arreglar el mundo, y también tiene más fortaleza. La mujer va más a lo concreto, le gustan los detalles, es más delicada… pero también perseverante.

Y por eso nos complementamos: cada uno aporta su forma de amar, de dirigir, o de educar…, y entre ambos se logra un efecto y eficacia mucho mayor, porque se potencian. Cada uno aporta al otro algo característico suyo, y que el otro carece.

Es preciso ver las diferencias para valorarlas, hacer equipo, y crear sinergia con ellas; no para criticar al otro porque no tiene la misma visión que nosotros…, lo cual sería lamentable. Porque las diferencias nos complementan y nos pueden unir más.



Así, la familia tiene dos “líderes”. Uno, por su forma de ser, se puede encargar más de poner de moda unos valores, centrados en principios, y el otro, generalmente la otra, de crear un ambiente de hogar cálido donde cada persona es importante, y manejar tensiones. En cada familia habrá que hablarlo, y cada pareja se organiza como le parezca mejor, pero hablando siempre, cooperando, viendo las diferencias para ponerlas al servicio del otro.






De todas formas, al formar una “nueva unidad”, siempre podemos trabajar en equipo, viendo las fortalezas de cada uno y trabajando con esas cualidades que nos son características, para crear sinergia positiva y lograr mayor eficacia.


Y formar “un solo equipo” sobre todo ante los hijos. Porque muchas veces no estaremos de acuerdo: es imposible, dadas las diferencias de cada persona, pero debemos dedicar tiempo, esfuerzo, energía, e ilusión, para ponernos de acuerdo en lo esencial. Y para tratar de vivirlo, y transmitirlo a nuestros hijos, porque nos están mirando todo el día…, y nos copiarán.


Si en algún momento no sabemos cómo actuar, o qué contestarles, un “ya lo pensaremos”, nos da una salida. Y hablarlo los dos, hacer un frente único…, especialmente cuando son adolescentes.




El primero...

Pero es bueno tener en mente, que la primera persona a la que tenemos que cuidar, querer, y mimar, es nuestro cónyuge. Porque a los hijos se les quiere sin más, por instinto maternal o paternal: llevan nuestra sangre. Pero el esposo o la esposa, no. Es como cuidar "una planta delicada": hay que regarla, abonarla, que le de la luz adecuada… Y por eso hay que esmerarse en cuidar nuestra relación: es lo más importante; nadie lo hará por nosotros. Y el anteponer los hijos pasa factura, puesto que, son el fruto, la consecuencia, de nuestro amor, y no el origen de él.


Amar significa que el otro es lo primero en nuestra cabeza y en nuestro corazón, y hacer que así suceda. Saber priorizar, porque obras son amores… Y no estar pendientes de mirar sus defectos con lupa, ni echárselos en cara, ni comentarlos con nadie… saber comprenderlo y excusarlo, para así amarlo como necesita ser amado.  Es decir, viviendo en su corazón, siendo parte de él, porque ya no soy “yo”, me he comprometido…, somos “uno”.





Por eso, el “secreto de la educación” está en la armonía sincera de los padres, que nace del amor, y de formar equipo los dos. Porque somos  “el núcleo” de la familia, de donde nace el amor y la armonía, para desbordarse hacia los hijos.



Y armonía es buscar la unidad en la diversidad. Saber unificar nuestros distintos puntos de vista, "saltar" de las pequeñas discrepancias para conseguir la “unidad” de mente y de corazón.

Si no sabemos ponernos de acuerdo, los hijos se decantarán por uno u otro, según lo que les “convenga”, y puede ser origen de trifulcas y desavenencias conyugales. O, mucho peor, que crean que uno es “el bueno”, y el otro “el malo” de la película… 


Esto se puede evitar hablando antes, poniéndonos de acuerdo en los puntos importantes o, cediendo algo en nuestra forma de verlo, para unificar criterios.



Por eso es tan importante la armonía entre los dos, porque de esa forma se desborda el cariño hacia los hijos, se sienten queridos, se desarrollan bien, y dan lo mejor de ellos. Además les presentamos un buen modelo de amor, y nos copiarán…


           Dejo el artículo que elaboré para la revista Hacer Familia:






Espero que les haya gustado, y lo pueden compartir. ¡Gracias!




                                                                     Mª José Calvo

                                                       optimistaseducando.blogspot.com






viernes, 8 de mayo de 2015

LA CONFIANZA EN PAREJA.

                     


                              CONFIAR ES DAR "ALAS" PARA VOLAR ALTO...



                La confianza nace de la aceptación incondicional de cada persona. En la familia se nos acepta a cada uno, y se nos quiere sin más, por lo que somos. Esta aceptación incondicional de cada uno, es lo que nos da seguridad y confianza… ante la vida. Y hace posible que nos valoremos, a cualquier edad.

                La familia es lo más grande que nos podemos imaginar, porque, a la luz de la confianza y del cariño que nos brindan, nos permite realizarnos como personas. Nos ayuda a mejorar, y nos enseña a querer…

                Porque la relación en pareja se basa en una relación de amistad. Y la amistad es la que abre el camino a la confianza. El amor de amistad es generoso, incondicional, desinteresado. Y al estar rodeado de afecto, hace que sea más entrañable. 


                 Un gran escritor, C. S. Lewis, dice que la amistad “es el don más preciado que la vida nos puede ofrecer”. Y sigue: “La amistad es el instrumento por el que Dios nos revela las bellezas de los demás”… Las que nos enamoraron, y las que nos siguen enamorando.

                  Por eso, se trata de apreciar y valorar al otro en cuanto “otro”, agradeciendo sus cualidades y detalles. Y de confiar en él, para que se pueda realizar. 




                 La confianza nos da libertad para “construirnos” como personas, y para conducirnos en la vida. Para tomar las decisiones adecuadas, para ser más y mejor personas. 
                Para dirigirnos hacia una meta valiosa, con voluntad y perseverancia. Y una meta importante es amar más y mejor al otro. Con un amor de calidad. Ayudarle a alcanzar su plenitud. A ser su mejor versión, y a conseguir su mejor “yo”. 

                  Confiamos en el otro, cuando le presentamos sus mejores actuaciones. Cuando vemos lo mejor, lo más bueno, lo más verdadero, y lo más hermoso. Sus puntos fuertes, sus cualidades específicas en las que sobresale. Porque sabemos que hay mucho bueno y bello en él, que lucha por salir. Y tenemos una visión optimista suya. 

                    Al confiar, permitimos su progreso y su crecimiento personal. Es como mirarle con unas "gafas especiales", para ver sobre todo sus fortalezas. Así le permitimos que  las desarrolle y llegue a su plenitud. 







                     La confianza estimula a dar lo mejor de cada persona. Es como darle “alas” para que se realice. Y también estimula el optimismo en el otro, porque le capacita para ver las posibilidades como retos, y superar los problemas sin desánimos. Con perseverancia en la lucha.




                    Por eso, la confianza y el cariño son como el “horno” donde se “cuece” y sale a la luz la mejor personalidad de cada uno. Porque lo miramos con cariño, y le damos grandes espacios vitales para que se pueda mover.  


                 De esta forma, no intentaremos controlarle, porque lo asfixiaríamos. Sino que lo dejamos libre, sabemos que es valioso, y lo aceptamos tal como es. Esperamos lo mejor de el sin encasillarlo, ni etiquetarlo, ni juzgarlo, ni mostrar rigideces, para que pueda conseguir lo mejor de él/ ella. 

               Y nos damos a conocer, le hacemos partícipe de nuestra intimidad, sin máscaras, sin protección. Y el hará lo mismo si se siente acogido y amado, si hay confianza.






                          Y amar es confiar en el otro, verle capaz de grandes cosas, hacerle ver que tiene un valor incalculable, una belleza intrínseca, una dignidad infinita, y decírselo.

                     Es tratarle mejor de lo que es, para estimularle a conseguir su mejor versión. Y es manifestar la alegría de estar a su lado, con  agradecimiento. 





                     Por eso es importante cuidar el ambiente de hogar, para conseguir ese “microclima" alegre, confiado, delicado, donde crecen las personas al calor del cariño, tengan la edad que tengan.

                     La confianza es la base del cariño. Y al quererle aparecen con nitidez las cualidades específicas que le adornan, esos puntos luminosos de su personalidad, que solo el que bien le quiere sabe descubrir.




                    También nos permite ponernos en las manos del otro, con la seguridad de que es el que más nos ama en este planeta. Saber que tenemos un amigo que no nos defrauda nunca, en el que podemos confiar. 


                     La confianza nos permite asumir riesgos, tomar la iniciativa, y hacer que las cosas sucedan… Una cita de S. Kierkegaard: “Arriesgarse es perder el equilibrio momentáneamente. No arriesgarse es perderse a uno mismo”…



                   Confiar es saber perdonar, es permitir un nuevo comienzo, es creerle mejor de lo que es o de lo que ha hecho…, porque todos somos frágiles, y nos podemos equivocar. Y es de sabios rectificar.




                    La desconfianza genera incomunicación. Los secretos y los rencores son como barreras que separan, cuando no se quieren hablar. Entonces se rehusan esos temas, y se “instala” la incomunicación, el ir cada uno por su lado, como las vías del tren: van juntas, pero no se tocan.





                    Una cita de C. K. Chesterton, respecto al amor en pareja: “Es lo que más necesitado está de un lento desarrollo, de paciencia, de largos plazos de tiempo, de compromiso magnánimo, de modales llenos de amabilidad”… Que solo se consiguen en un clima de confianza y cariño.



                     Una consecuencia de la confianza y del cariño es la felicidad, que aparece en la medida en que nos preocupamos del otro… Es proporcional a nuestra generosidad y entrega, porque en definitiva, eso es “querer”. 



                     La confianza es fuente de paz y de gozo que realimenta los sentimientos positivos de admiración y de entrega hacia el otro. Es una corriente de ida y vuelta sumergida en afecto. Un dar y un recibir siempre positivo que entreteje, embrida, y consolida más nuestro amor.






                Dejo el articulo que escribí para la revista "Hacer Familia":








                                                                                  Mª José Calvo.
                                                                       optimistas educando y amando
                                                                                  @Mariajoseopt