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martes, 31 de marzo de 2015

EL AMOR Y EL DOLOR: LAS DOS CARAS DE LA REALIDAD.

                

                                  EL AMOR Y EL DOLOR.


          En familia, es importante que enseñemos a nuestros hijos el valor del amor. Que aprendan a querer al calor del cariño del hogar. Y  lo captarán a través de nuestro comportamiento: somos sus modelos. El ejemplo arrastra más que las palabras. Y el amor es lo que les aportará plenitud humana, y felicidad, si consiguen un amor bueno, verdadero y hermoso… 



            Enseñar a querer es enseñar a pensar en los demás. Y es enseñar a dar y enseñar a recibir, con generosidad y agradecimiento. Que se acostumbren desde muy pequeños, a dejar sus cosas a los demás, y vean la alegría del que lo recibe: que se pongan en su lugar, y que aprendan a captar sentimientos, a mostrar empatía.

            Cuando son algo mayores, que aprendan a hacer pequeños servicios en casa o en el colegio, con delicadeza. Y a aceptarlos, con agradecimiento. Que no se acostumbren a tener de todo, o a recibir todo lo que pidan: que se lo ganen con esfuerzo. 
         Y que aprendan el valor de la espera, para poder aplazar una gratificación y tener autocontrol a lo largo de su vida. Que sean personas que piensen y se controlen, antes de reaccionar. 

         Para enseñarles a pensar en los demás, podemos usar el arte de las buenas preguntas: ¿cómo se sentirán con esto que acabo de hacer?, o ¿qué esperan los demás de mí?, o, ¿qué puedo aportar?… O ¿necesito realmente eso?… Y muchas más que nos podemos hacer.




       Y con el amor, siempre está el dolor. Porque la vida conlleva sufrimiento, soledad, dificultades… Son las dos caras virtuales del binomio amor-dolor. No se puede amar verdaderamente sin sufrir, y por otra parte, el amor se hace patente en el dolor. Cuando por cariño, permanecemos a su lado...


             Pero hay que saber unir el sufrimiento al amor, para que cobre sentido y no nos destruya. Para descubrir un sentido, porque el dolor no impide la felicidad si lo unimos al amor.

           El dolor a veces nos permite hacer un alto en el camino, y dedicar tiempo y energía para reflexionar sobre lo importante de nuestra vida, y no tanto sobre lo inmediato o urgente que nos llama la atención. 

             Porque habitualmente llevamos una vida acelerada, y nos movemos en la superficie de las cosas. No vamos a las raíces de las cuestiones, nos dejamos llevar de las prisas...

           El dolor es un misterio, y a veces nos pone en predisposición de pensar, de reflexionar. Estamos acostumbrados a pensar enfocados en la resolución de problemas, pero no tanto respecto a los misterios, como la persona, la felicidad, el dolor…

       Así lo trivial cede paso a lo importante, y nos pone en situación de pensar, de usar la inteligencia. Y nos puede ayudar a ver el sentido de la vida...



        Por eso es bueno enseñar a nuestros hijos las “dos caras” del amor, porque lo aprenderán sobre todo al ver cómo nos manejamos en esas circunstancias. Y de ello depende su felicidad.

       Además, podemos aprender a transformar el dolor de los demás en condolencia, en un amor “más sabroso”. Para comprenderles, sintonizar, mostrar empatía, y poder ayudarles. Eso alivia mucho.


            Y saber unir el dolor al amor, para que nos de su fuerza, y un sentido para luchar.              



                    
           La experiencia del dolor nos hace más humildes, aceptamos nuestras posibilidades, y nos abrimos a la realidad de las cosas, y a los demás.

           Cuanto más amamos somos más vulnerables, nos exponemos a sufrir más por amor. Las personas de carácter más afectivo ponen mucho corazón en las relaciones familiares, en la amistad…, y suelen sufrir más. Pero merece la pena saber querer, aunque se sufra por ello.

          A veces hay situaciones traumáticas que provocan rupturas familiares. Otras veces sirven para unir más a las personas. Depende de cómo las afrontemos: si nos ayudamos y apoyamos en la familia, haciendo acopio de generosidad, es una oportunidad para madurar y querernos más. El secreto está en compartirlo, en llevarlo juntos, en ayudarnos.

         Escribió Jesús Urteaga: “Aquí todos los acontecimientos luminosos tienen sombras. Y no hay dolor que no encierre un contento en sus entrañas…” Van entremezclados. 



         De todas las maneras, es un misterio insondable. Como solía decir C. S. Lewis, Dios habla al hombre a través de la conciencia, pero nos grita con el dolor: “es el megáfono que usa para despertar un mundo sordo”. 

         Él tuvo una experiencia dura: falleció su madre cuando era pequeño. Y más tarde, ante el dolor por la muerte prematura de su esposa, decía: “la vida nos enseña, pero es una dura maestra…” Pero había elegido amar a pesar del sufrimiento.




          Otra muestra de amor incondicional, también en la enfermedad, se recoge en “Señora de rojo sobre fondo gris” de Miguel Delibes. “Desde su delicada capacidad para iluminar las vidas de los demás, Ana supo contagiar alegría y plenitud, también en la enfermedad.” Se preocupaba de alegrar el día a los suyos… Cada mañana pensaba en los motivos de estar alegre.




           Vemos que la esencia, y el principal cometido de la familia es custodiar y acrecentar el amor. Y es como encontramos nuestra realización personal. Así, cuando hay sintonía afectiva, las alegrías compartidas se hacen mayores y las penas disminuyen.


           Por eso, se trata de “educar para el amor, con amor, sin miedo a lo que puedan sufrir si saben amar de veras”…


           Es la tarea más importante y emocionante que tenemos entre manos. Y por otra parte, lo estamos enseñando sin querer: somos sus modelos, y nos copiarán. ¿Sabremos ser buenos modelos? Por lo menos podemos luchar en ello, porque también lo verán… Pero ¡¡con optimismo!!




     En estas vacaciones de Semana Santa, nos podemos ayudar de alguna película para pensar en ello. Por ejemplo, para toda la familia “El Hombre que hacía milagros” de Mel Gibson. Tiene unas figuras preciosas de animación, y unas expresiones muy bien logradas… con una música encantadora.










                                            
      Y con adolescentes mayores, se puede ver “La Pasión”, dirigida por Mel Gibson. Como él dice, es "la mayor historia de amor y de perdón de todos los tiempos..."



       Pero desde la perspectiva de un amor sin medida, de un derroche de amor infinito, más que desde el sufrimiento… 





       Porque Dios elige la cruz para manifestar su amor hacia nosotros, para que nos “entre por los ojos”. Y al morir ennoblece el dolor: hace nuevas todas las cosas… Les da un sentido de eternidad.







                                                                  Mª José Calvo




miércoles, 25 de marzo de 2015

PREADOLESCENTES IV: la afectividad y la amistad.




         PREADOLESCENTES IV: LA AFECTIVIDAD, LA AMISTAD, EL AMOR...


         En post anteriores, hemos visto cómo dar criterios claros para la inteligencia en estas edades que preceden a la adolescencia, y cómo motivar y seducir con la fuerza de los valores, para que puedan desarrollar bien su voluntad, a base de conseguir buenos hábitos, con esfuerzo y constancia. 

            Ahora vamos a tratar su afectividad, que es lo más sensible  tierno de cada persona, sobre todo en esta fase que prepara el descubrimiento de su intimidad. 







    Educar en estas edades es modelar el carácter, en base al temperamento heredado. La palabra carácter significa acuñar, y se logra creando hábitos positivos desde pequeños, para que tengan autodominio sobre sus impulsos, respuestas, estado sentimental…, y no "salten", o se bloqueen, con la primera dificultad, o no sepan gestionar las emociones.

         Por otra parte, debemos saber que nuestra conducta es el motor de su educación. De cómo seamos, de cómo actuemos, de nuestro criterio, de nuestra empatía, depende lo que vean, lo que aprendan y lo que hagan, porque somos sus modelos, y nos copiarán sin darse cuenta. Vamos marcando una senda, y dejando una huella profunda en ellos.


        Pero ellos son los protagonistas: podemos ayudarles, motivarles, y sobre todo, quererles tal como son, con un cariño incondicional de padres. También demostrárselo con hechos: saber mirarles a los ojos, escuchar mas allá de las palabras, animar, aceptarlos, acogerlos, y dedicarles nuestro “valioso” tiempo…: es el mejor regalo.




        También podemos incluirlos en la tertulia familiar, donde se habla de las cosas importantes de la vida. De lo que nos pasa, de cómo nos sentimos, de cómo interpretar hechos de la vida, de por qué una película no transmite una realidad con buen criterio, de las trifulcas entre hermanos o amigos, de que el bien conlleva el premio... 
        También sobre su trabajo, que es estudiar con ilusión, y encargarse de sus tareas con responsabilidad, de la alegría de hacer bien las cosas, o de pensar en los demás…,  y de miles de cosas, que si no es de este modo, no las oyen, o no las ven. Y con todo ello van construyendo su naciente personalidad.







         LA AFECTIVIDAD.

        Los sentimientos tiñen toda nuestra vida, y las situaciones de cada día nos dejan una impresión interior, y nos afectan de una determinada manera: esto es la afectividad de cada persona. Nos puede "afectar" rápidamente, o de forma más pausada; más profundamente, o menos..., según el temperamento y el carácter de cada uno.

        Hay varios rasgos que definen un carácter, según Le Senne, como la resonancia, la emotividad y la actividad de cada persona. 


           1.- Uno es la actividad de esa persona. Si tiene mucha energía, si le gusta hacer muchas cosas, o es más pausada.


           2.- Otro es la impresionabilidad o resonancia de cada uno. Se puede ser más primario, o más secundario. Normalmente, se considera una persona de carácter más “primario”, cuando la impresión le afecta enseguida, pero permanece poco tiempo. Y secundario”, cuando tarda algo más, pero su duración es mayor. 


         Aunque este rasgo del carácter se puede ir modelando con voluntad y experiencia, para controlar las respuestas, o para no ser muy sensible en determinadas circunstancias... etc.



         Podemos pensar cómo son nuestros hijos, para potenciar sus puntos fuertes, teniendo cuidado en la forma en que decimos las cosas…  A veces les impresiona lo que viven en el colegio, y hay que cuidarlo, hablarlo con ellos, o paliar en lo posible sus efectos, dándoles todo nuestro apoyo y cariño cuando lo precisen.


         Porque son como “barro fresco” en manos del alfarero… Y se moldean por el sentimiento de saberse queridos, con un amor auténtico, con gestos concretos cada día. Regalándoles nuestro tiempo, nuestro interés, nuestra amabilidad, nuestra persona, y también con nuestra exigencia en los puntos clave, pero con una sonrisa. 




         3.- Si nos fijamos en otro rasgo del carácter, como es la emotividad, se puede ser más emotivo, o menos. Las personas muy emotivas son más sensibles a todo, tienen los sentimientos "a flor de piel", y les afectan las cosas de una forma más profunda. Por eso, hay que tener más cuidado de no herirles. La ventaja es que, si tienen un gran corazón, les es más fácil contactar con la gente, hacer amigos, y poder ayudarles. Esto tiene mucho que ver con el sistema límbico, que se está desarrollando al máximo en estas edades, debido al ascenso de hormonas en sangre, especialmente en la adolescencia.







         Además, están en la edad para aprender a querer, que significa poner el corazón en lo que vale la pena, forjarlo al calor del cariño, para llenar de sentido la vida. Es necesario explicar los “porqués" de las cosas…, ir a las raíces. Y empapado todo de afecto, mediante pequeñas conversaciones en las que abrimos también nuestro corazón.






         


        Por eso, en esta etapa en que preparamos el nacimiento de su intimidad, debemos ser más finos y delicados, confiar más, dar alas, sustituir el mandar de etapas anteriores, por el sugerir…, para que aprendan a actuar con criterio, y estrenen su libertad en la dirección adecuada..Que no significa dejarse seducir por el primer impulso que se presente, sino pensar primero hacia dónde se dirigen, y orientarse hacia una meta que merezca la pena…


             Para ello, nos podemos apoyar en la belleza: en la belleza del cariño, en la belleza de una sonrisa, de un mirar los ojos, de un escuchar empático, en la belleza de unos valores basados en principios, en la belleza de la naturaleza… Porque la belleza es el esplendor de la verdad y del bien: lo que capta nuestra atención por su gran atractivo, y está muy relacionada con la afectividad.


           También en los periodos críticos, en los que se aprende algo de forma natural, y especialmente en los puntos fuertes de cada uno: en las cualidades sngulares en las que sobresale, o en lo que más le ilusiona.

       Hace falta estimular lo positivo, para que esos hábitos que van adquiriendo se conviertan en virtudes, al razonarlo y hacerlo de forma libre. Por ejemplo, la sinceridad, la alegría, la responsabilidad en sus actuaciones, su gran corazón… Para que haga lo que tenga que hacer, y que además disfrute. Porque las virtudes son pequeñas especificaciones del bien, de la verdad, o de la belleza, y participan de ella. 




           Los padres tenemos la oportunidad de hacernos muy amigos de los hijos, sin dejar de ser padres, y hablar de todo con ellos. No hace falta dar grandes discursos, sino primero escuchar lo que nos quieren decir: lo que hacen en el colegio, sus amigos, lo que hablan, la música que les gusta, cómo lo pasan allí… Interesándonos por todo, y dando ideas claras de los aspectos importantes de la vida. Ver más allá de las palabras. También sembrar buenas ideas, que irán comprendiendo con el tiempo...

           Con coherencia entre lo que pensamos, lo que decimos, y lo que vivimos. Es decir, personificando esos valores que sabemos que son importantes. Algo necesario es que nosotros, los padres, nos queramos de veras, que pensemos más en el otro, que en nosotros mismos; en su bien, en hacerle feliz, en tener detalles de cariño frecuentes. Y eso lo ven, lo notan.

           Porque, ese cariño, y ese modelo de él, es lo mejor que les puede suceder. Es lo que les da seguridad, confianza, y les enseña a querer. aprenden a poner su corazón en algo que sea valioso, y no en cualquier punto luminoso que les atraiga, que se desvanece al momento...



         También es bueno ser líderes de nuestros hijos, estando atentos a lo importante, sin descuidar los detalles. Teniendo en cuenta a cada persona, a cada hijo, haciendo una llamada a lo mejor de cada uno. Vimos unas cualidades del liderazgo en la dirección familiar, que podemos trabajar: enlace liderazgo.



          Y siendo proactivos, dirigiendo la vida, haciendo que las cosas importantes sucedan.




              Para conseguir todo esto se necesita reflexionar y estudiar entre los dos cómo es cada hijo, ver lo bueno que tiene, pensar objetivos con cada uno de ellos, y ponerles los medios adecuados para que pueda hacerse operativo. Es decir, hacer “planes de acción” concretos para ir desarrollando hábitos, modelando su carácter, sintiéndose muy queridos, en ese ambiente impregnado de cariño, con alegría, serenidad, optimismo, delicadeza…


              Y luego confiando en ellos, incluso en ese aspecto en el que no son expertos… Pues solo así, les dejamos realizarse, aprender, ensayar, y dar lo mejor de ellos; es como darles alas para que vuelen alto… Si fallan, no pasa nada: lo intentan de nuevo, y volvemos a confiar.





            Además, el sentirse queridos es fuente de verdadera autoestima, porque no la basamos en falsas expectativas, sino en el cariño que les tenemos: porque los tratamos con respeto, amabilidad, y cariño. Y siempre podemos alegrarnos de sus mejores actuaciones y hacérselas notar para que aprenda a conocerse. 




      Aquí dejo un corte de "Mujercitas", con una Wynona Ryder magistral. Marmee, con su marido en la guerra, se queda sola con sus cuatro hijas: Jo es un torbellino; Meg más formal; Beth muy frágil y sensible, y Amy una romántica. 

         Marmee tiene el don de saber crear un ambiente de familia, donde cada una puede lograr su mejor personalidad. Sabe motivar, marcar un rumbo, decir lo necesario, y dejarles que tomen la iniciativa... Y tendrá que irles encaminando hacia su plenitud, enseñándoles el valor de las cosas, de la amistad, de la familia, del dolor, del perdón, de la libertad, del amor, rodeado de cariño y ternura, hasta que encuentran cada una su camino.









                 LA AMISTAD.

              En estas edades es muy importante tener buenos amigos (enlace), los que ayudan a ser mejores. Además les encanta, e influye mucho en su afectividad, especialmente en las chicas. Es bueno que tengan unas aficiones en las que disfruten, y amigos en los que confiar, pasar buenos ratos y también poderse ayudar. 

            El deporte y otros hobbies pueden ser ocasiones de tener buenos amigos. También les ayuda a ser luchadores, resilientes, a no ser “quejicas", a ver el valor del esfuerzo en la vida… Y si está rodeado de amigos, tanto mejor: son todo ventajas. 



              Aprovechar alguna ocasión para explicarles que en la “cima”, hay sitio para muchos, porque lo importante es superarnos cada uno; se puede escalar con muchos, sin servirnos de ellos para lograr el éxito, sino ayudándoles. 

        Y hablarles sobre el valor de la amistad, y la diferencia con el simple compañerismo, o con la complicidad para hacer algo que no es correcto.











             LA VIDA, EN EL CONTEXTO DEL AMOR.

             En nuestro objetivo de educar su afectividad para enseñarles a querer, hay que explicarles el misterio y la belleza de la vida humana, en su contexto adecuado: el amor entre dos personas, él y ella, en el que la dignidad de cada una lo es todo. Y como siempre, inmerso en cariño. 

        Esto se debe hacer personalmente, a cada uno/a, con delicadeza, a pequeñas dosis, resolviendo dudas, adelantándonos…, con confianza, sin agobio ni falsos pudores. Lo vemos en otra entrada.



            Aquí dejo un vídeo precioso sobre la concepción.







            Porque, para amar, hace falta poner cabeza y voluntad; no solo sentimientos. Por eso, que no se dejen llevar de emociones sin antes pensar, poniendo la cabeza, pensando qué quieren o deben hacer. Y luego hace falta voluntad para poder llevarlo a la acción, aunque el sentimiento no acompañe. Con una buena dosis de generosidad, de comprensión, de empatía…, para lo cual hay que entrenarse en pequeñas cosas cada día.






            Porque, como muy bien expresa Juan Bautista Torelló, “la madurez afectiva depende de la capacidad de amar". Y es el egocentrismo, el mirarse a sí mismo cada uno, lo que incapacita para amar. Hay que explicarles que para madurar es necesario aprender a retrasar una gratificación, tener autocontrol, y en definitiva pasar del “vivir para mí” al “vivir para ti””… 

              Hay niños o niñas que son muy afectivos, con un gran corazón, y les resulta fácil pensar en los demás, pero lo frecuente es que les cueste más y les tengamos que enseñar, animar, y hacer planes concretos con ellos. Que vean nuestras obras...


            También hablar del sentido de la sexualidad, adaptado a su edad, en el marco del amor, que lo veremos en otra entrada. Porque es distinto formar que informar: cualquiera puede informar; pero formar, solo se puede hacer en familia, porque es el ámbito natural del amor, y hace falta saber cómo es cada hijo, lo que necesita, cuáles sus puntos fuertes, para apoyándonos en ellos, quererle tal cual es, y como consecuencia ayudarle a crecer como persona, atendiendo a todas sus facultades y potencias. Es un trabajo de artesanía, una obra de arte, ¡un trabajo para la eternidad...!




      Dejo para otra entrada, cómo educar el corazóncómo enseñarles a querer. Gracias, y espero que les haya sido útil. Lo pueden compartir con amigos.








                                                                                              Mª José Calvo

                                                           optimistas educando y amando
                                                                   @mariajoseopt 


   https://optimistaseducando.blogspot.com/2015/03/ensenar-manejar-el-timon-iviv-la.html







miércoles, 11 de marzo de 2015

EL AMOR NO TIENE "SOMBRAS".


                            


                            EL AMOR NO TIENE “SOMBRAS”…


          Leía en un tuit: “La sexualidad es tan bella que no se merece nada menos que estar protegida por el amor.” Me pareció muy acertado, porque la sexualidad es un bello misterio donde el amor personaliza.

Es algo tan grande, tan bello, tan bueno, que solo cobra su sentido en el marco apropiado: el amor.

            Y, ¿qué es el amor?
           Amar es “ser especial” para el otro, y viceversa. Es confiar, es saber que hay algo bueno y bello en él o ella que lucha por salir. Es darle la oportunidad de que lo exprese, es permitírselo. 

            Y es hacerle descubrir que es único, digno de atención. Ayudarle a ver su valor incalculable, su belleza, y el sentido de su existencia. Y también es manifestar al otro la alegría de estar a su lado, de apoyarle, de ayudarle a conseguir su mejor versión.



          Amar es desear el bien del otro, alegrarse de su felicidad. Es “tener hambre juntos, no devorarse el uno al otro”… como señala Gustave Thibon.





         El amor es una relación entre dos personas de igual dignidad. Es un diálogo entre el dar y el recibir entre dos que se quieren. Una corriente de ida y vuelta, un acoger y un ser acogidos por el otro.

          Y la base de la relación es el respeto. Porque le consideramos muy valioso, digno de ser querido.

             Por eso, cada uno ama y es feliz en la medida en que se preocupa del otro, de hacerlo feliz, de procurar su realización. No se trata de someterlo, sino de reafirmarlo en su persona. 






           Podemos hacer un inciso. El universo se rige por unas leyes naturales, que las seguimos sin apenas darnos cuenta porque están impresas en nuestra naturaleza. Son saludables, buenas, ecológicas, y nos hacen felices. 

             Pero el hombre como es libre, a veces, en vez de orientarse por ellas y caminar hacia una meta valiosa, que en eso consiste la libertad, se aparta de su naturaleza, la “rompe”, y se encamina hacia algo sin sentido… que le atrapa, y le produce un estado de vacío, de tristeza, de infelicidad. Porque todo lo que se hace en contra de la naturaleza pasa factura.

             Y, ¿qué decir de la sexualidad? Para que una relación sea sana, la unión debe realizarse en todas sus dimensiones: afectiva, emocional, corporal, intelectual, y espiritual. Afecta a toda la persona.

             En esos momentos es importante la ternura, para que el otro se sienta querido. Porque cuando permitimos que el otro sea lo primero, somos más felices: es la prueba de que queremos de verdad.


                Y el placer es uno de los elementos de la experiencia sexual, pero no es el centro. Si dejamos que lo sea, se convierte en una trampa. La sexualidad, cuando se la reduce a placer de receptor epidérmico, periférico, de “gustirrinin”, pierde su sentido. 

             Vaciamos de sentido al acto más importante y creativo de unión entre dos personas que se quieren; a lo más entrañable.


           Y al perder su significado nos quita parte del sentido de la vida. Acabamos obsesionados, desilusionados, aburridos… y no somos felices.







               Aquí debería terminar el post, pero en vistas de algunas “sombras” que hay por el ambiente, quería comentar alguna idea. 


               Cuando no damos primacía al amor, y pensamos en la sexualidad a secas, la sacamos de su marco, y entonces nos podemos “animalizar” un poco… 




                Y el dolor, ¿cómo enfocarlo? Porque el amor a veces conlleva dolor, pero es un dolor “sano” que me viene dado. Y ante él, primero hay que poner todos los medios humanos para tratarlo, para que desaparezca. Si no lo podemos erradicar, lo mejor es sobrellevarlo entre los dos, compartirlo juntos. 

                 Pero nunca es sano buscar el dolor por el dolor, y mucho menos hacer de la belleza de la sexualidad, un problema, o algo patológico. 


              Alguien pensará: ¿y si lo ves solo por curiosidad...? 
Podemos hacernos otra pregunta: ¿tomas un veneno, por ver cómo es su sabor?





Dejo el artículo que escribí para la revista Hacer Familia:





               Lo que pasa, es que así se prescinde del amor y de la dignidad de cada persona.





                                                                                 Mª José Calvo