Translate

Lograr armonía familiar

TEMAS para el buscador

  • OPTIMISMO
  • FAMILIA
  • VALORES
  • LIDERAZGO
  • EDUCACIÓN
  • PERSONA
  • NEURODESARROLLO
  • EDUCAR POR EDADES
  • MARCOS DEL DESARROLLO PEDIÁTRICO
  • PREADOLESCENTES
  • CORAZÓN
  • MUJER
  • AMOR EN PAREJA
  • ADOLESCENTES
  • EL PERDÓN
  • EL DOLOR
  • PELÍCULAS
  • TIC Y NNTT
  • NAVIDAD

martes, 25 de noviembre de 2014

EL SECRETO DE LA EDUCACIÓN...

                               

                                
                     EL "SECRETO" DE LA EDUCACIÓN DE LOS HIJOS



        Ya vemos que educar es ayudar a crecer a nuestros hijos, en un ambiente de cariño y confianza, para que puedan construirse como personas singulares. Y darles alas para volar... Para eso es imprescindible descubrir sus fortalezas, sus cualidades especiales, lo que hacen bien..., sus anhelos profundos, para fomentarlo. También se trata de seducir con la belleza de unos valores, basados en principios, hechos vida.



             Y, valorar la libertad personal, puesto que es uno de los mayores dones que hemos recibido, y lo que nos permite ser personas y actuar como tales. Los padres debemos fomentar la libertad de cada hijo, para que sepa conducirse por él mismo en la vida, y pueda aprender a amar. Pero esa libertad, que nos da alas, debe ser una libertad responsable. Son las dos caras de la misma moneda. Porque, la responsabilidad es "la maduración de la libertad"...

          Por eso, es necesario que desde bien pequeños aprendan a decidir, y que les enseñemos que toda acción lleva sus consecuencias. A pensar antes de actuar: pensar cómo responder, y en las repercusiones de nuestras acciones.

           Además, podemos pensar poniendo el corazón en ello, pensando en los demás, en especial en la familia. Porque solo se ve bien con el corazón..., a la luz del cariño. Y esa libertad nos sirve para aprender a querer a los demás. 
      Por eso, los padres debemos poner nuestras fortalezas, ilusiones y habilidades, en ayudar a los hijos a lograr su plenitud. Los padres "son" para los hijos, pero los hijos no son para los padres... Es un regalo que nos ha sido dado para que, a través de nuestro cariño, y todas nuestra cualidades, les ayudemos a ser la persona singular y maravillosa que puede ser.

             


             *Un norte

           Para ayudarles a crecer, debemos pensar cuál es su bien, su mejor personalidad, para ayudarles a conseguirlo, y saber transmitirlo en la familia. Por ejemplo, qué tipo de personas queremos que sean nuestros hijos, o nosotros mismos, para luchar en ello. Ver dónde ponemos "el norte", hacia donde nos queremos encaminar… para intentar vivirlo con lucha y coherencia personal.

           Porque, no todas las estrellas que lucen merecen la pena, ni son nuestra meta. Algunas brillan mucho, pero quizá se desvanezcan pronto si carecen de fundamento. Y no nos llenan. 




         Ver qué valores son importantes, centrados en principios universales, que no pasan de moda, y que no cambian con las circunstancias, para anclar en ellos nuestra vida. Ya vimos que los valores están relacionados con ese trinomio, que ya conocían los clásicos, que nos puede orientar: la Verdad-el Bien-la Belleza. Son distintos aspectos de la misma realidad. 

            Porque, cada uno de ellos comprende los otros dos, y se arrastran entre sí. Por ejemplo, la verdad consiste en captar la realidad de las cosas y de las personas. Por eso la importancia del pensamiento. Y el bien es la mejor forma de esa realidad, su mejor forma, la más plena. 


            Y la belleza es el esplendor de la verdad y del bien, porque nos deslumbran y lo captamos también a través de ella. Por eso, Platón señala que educar es "enseñar a amar la belleza…" 







               * Cada persona

           Con esto tenemos una guía, un norte, que nos oriente en la vida. Ahora miramos a la persona, a cada hijo que debemos ayudar a lograr su mejor personalidad. Para ello tenemos como dos "vertientes" en las que trabajar: intimidad y apertura. 


                 -La primera, y muy necesaria, es su intimidad. Ayudarles a ser ellos mismos, a construirse como personas singulares, a ser su mejor "yo", a cultivar su intimidad y desarrollarse bien, a fijarnos en sus cualidades especiales y fortalezas para acrecentarlas... Y todo en un ambiente de libertad confiada, donde pueden luchar por dar lo mejor de cada uno. 


            -La otra vertiente es la relación con los demás. Ayudarles a relacionarse, puesto que una persona es un ser relacional, y "un ser de aportaciones”: se realiza dando, y sobre todo dando cariño, en especial en familia. Por eso, la misión insustituible de los padres es enseñarles a querer de veras, sin sucedáneos. Pensando en los demás antes que en uno mismo... Hay que apuntar alto para movilizar energías. 








      1- "FACTORES DE CRECIMIENTO" PERSONAL


         Cada persona, para crecer y desarrollarse bien, necesita varios factores. 

            1- Uno, la confianza. Sin ella no puede ser ella misma, ni dar lo mejor que encierra en su interior. Confiar es permitir...




               2- Otro es la libertad. Si no se siente y es libre no puede volar. Claro que el primer día no le vamos a soltar donde se puede hacer daño si cae. Es un proceso gradual de libertad, que conlleva aprender a ser responsable...   


               Para ello vamos dando pequeños encargos, gestiones, colaboraciones, y vamos confiando más en ellos, para seguir dando otras responsabilidades mayores según la edad.




              Es decir, a mayor confianza, mayor responsabilidad por parte de ellos, porque de alguna forma estimulamos su comportamiento responsable cuando los creemos capaces de algo grande. Y a mayor responsabilidad, mayor libertad, para que pueda apostar por grandes ideales y retos. Siempre esperar lo mejor de ellos, y animarles a que vuelen alto...



             3- Y otro factor, imprescindible para crecer y madurar, es el amor mutuo de los padres, que se desborda eficaz hacia los hijos, y es el artífice de su formación como personas singulares.

              La confianza y el cariño son como “el horno” donde se cuece su mejor personalidad. Porque le permitimos realizarse, porque le damos nuestro "calor" del bueno, y ese amor les permite lograr lo mejor de ellos mismos, al sentirse queridos realmente.



           Si enlazamos, tenemos una libertad responsable, que nos sirve para aprender a querer, para poner el corazón en lo que vale la pena. 


                Y ¿cómo vamos a plasmar esto? 
             Pues, fundamentalmente, con nuestro ejemplo y cariño. Con la huella que vamos dejando con nuestro actuar: somos sus modelos continuamente, cansados o no, preocupados o no...




        2- UN MODELO, UNA FUENTE, UN SECRETO...

                El amor de los padres es como una hoguera que da su cariño, su calor, y su luz, a todo el que se acerca a ella, en especial en la familia. Es un desbordarse eficaz de cariño hacia los hijos. Y ese cariño es el artífice de su maduración como personas.






                 Por eso, "el secreto" de la educación no es tanto las miles de ideas que podamos tener, los encargos, los planes de acción, enseñarles a estudiar, ayudarles a esforzarse, a tener voluntad, que tengan actividades, o educar su corazón… aunque son necesarios, sino, más bien, el cariño de los padres, que nos queramos de veras, y que ese amor se derrame y trascienda más allá de nosotros, de forma eficaz, hacia los hijos. 

               Luchar por lograr en pareja un amor verdadero, un amor bueno, un amor hermoso, que alimente y de su energía también a nuestros hijos. 

                 E incluirles en ese amor, acogerles, y no provocarles una vida fría e independiente por nuestro actuar, por no tener tiempo para ellos, o por no atenderles de la forma adecuada en cada momento, dándonos personalmente.



                Por tanto, el secreto de la educación está en una armonía sincera, optimista, y alegre entre los padres, por el amor que se tienen. Y es lo que transmite belleza y calor de hogar a la familia entera. 


              Es como decirles: ¡vale la pena esforzarse por esto! ¡Es una aventura maravillosa!





                Esta armonía está anclada en un amor de la mejor textura: un amor desinteresado, un amor incondicional al otro. Porque pensamos primero en é, en ella. Es un dar con alegría, y no tanto un esperar continuo, un recibir egoísta... Ya decía Aristóteles que querer a alguien es procurar su bien.




             Pero esto requiere una lucha constante en elevar la calidad de nuestro amor, mejorar cada día un poco, subir cada día un escalón. Concretar los detalles hacia el otro cada mañana…, pensar en él, en ella, con frecuencia, y hacérselo notar. 

             Y procurar que los pensamientos y sentimientos negativos no ahoguen los positivos. También con sentido del humor ante las dificultades.



                 Hace falta soñar y apuntar alto, tener ideales, y luego agradecer lo que sale bien, y pedir perdón cuando hemos fallado, para volver a empezar. Y así poder dejar clara "una senda" por donde nuestros hijos podrán caminar: dejar claras las huellas de nuestro caminar para que tengan un referente nítido en su vida. Marcamos una senda, la “senda de los exploradores”, porque nos están mirando todo el día y siempre nos imitan, aunque no nos demos cuenta...




                  Si queremos hacer felices a nuestros hijos, tenemos que introducirlos en nuestro amor, hacerlos partícipes de él, que se desborde ese cariño hacia ellos. Es la riqueza y la belleza de la familia.






                  Por eso, cuando tengamos puntos de vista distintos, o no estemos de acuerdo, y estén ellos delante, una palabra, una contraseña, y luego hablamos de ello, o nos "peleamos" si hace falta, pero sin que nos vean o nos oigan… Aunque luego acabemos con un abrazo...

                Para no hacerles sufrir, para no quitarles esa seguridad de nuestro cariño. Para que sepan que estamos unidos por un cariño auténtico, a pesar de las diferencias. Si nos ven divididos sufren lo indecible y pierden la confianza en lo que se les dice. Además se hacen inseguros y les privamos del cariño tan esencial para ellos, para su buen desarrollo.




                  *Con adolescentes

               Cuando son adolescentes, nace su intimidad, e intentan llamar la atención. Nos dicen “aquí estoy yo”, con conductas de mayor reclamo si no estamos pendientes, si no se sienten valorados y queridos. Nos gritan con sus piercings, con sus modos de vestir, con la música estridente…, con su indiferencia, o agresividad a veces.


          Entonces necesitan un cariño de mayor calidad, un amor desinteresado, donde solo cuenten ellos, y no esos detalles que no nos gustan, esa notas, ese desorden…  Donde les queramos por quienes son, no por lo que hacen. Quieren que les prestemos atención, aunque no les comprendamos al principio. 






              Cuando se sienten queridos y valorados, con el tiempo, mejoran. 
Hay que confiar en ellos, ver más allá de su conducta actual, para estimularles a sacar lo mejor que llevan dentro. Además, una persona que se siente querida es capaz de darlo todo, y lograr lo mejor de ella.




                 También hay que enseñarles lo que es el amor verdadero, desde pequeños, de forma gradual, porque tienen una imagen deformada con lo que puedan ver en películas, internet… Y también con nuestro ejemplo, aunque no seamos perfectos, que vean que luchamos por mejorar, y sobre todo, ¡¡que nos queremos!!   


                   Porque, al final, es el amor de los padres lo que ejerce una poderosa atracción sobre los hijos. Es ese cariño mutuo, y ese volcarse con ellos, lo que evitará que sucumban ante el tirón de la padilla, cuando proponen actuaciones absurdas que les empeoren como personas. Y ante la movida nocturna, el botellón, y otras conductas poco deseables...


                   Necesitan de nuestra "autoridad-prestigio", que más que un mandar es un estar ahí, de una forma determinada, con integridad, con coherencia, con tono humano, marcando un camino coherente. Que contagiemos luz y carño. 

                Y con sentido del humor ante situaciones tensas, cansancios, limitaciones, nerviosismos, fallos… Es lo que verán cuando "otras luces" se apaguen… Y, aumentando la categoría de nuestro amor por ellos, atendiendo sus demandas razonables, leyendo en su mirada, considerándoles importantes..., y apoyándonos en ellos en las distintas situaciones.





                   3- EL "DERECHO" DE LOS HIJOS  

            Por eso, podemos vislumbrar cuál es el único "derecho" de nuestros hijos: tener un hogar atractivo, donde los padres nos amemos de veras. Dando lo mejor de cada uno, y esperando lo mejor del otro, pero sin exigirlo. Teniendo en cuenta la gratuidad del amor, y creando el clima apropiado para que el otro se sienta querido, valorado, y admirado. Y, de esta forma, crecer juntos en el amor, y madurar juntos, sin pretender que el otro sea perfecto...




                
                   Porque lo único que realmente necesitan es nuestra unidad y nuestro cariño, para formar parte de él. Y nuestro pedir perdón, si fallamos y lo ven... Es lo que marcará un huella indeleble en su alma, y aprenderán a querer de la mejor forma posible. Así serán felices, y nosotros también, a pesar del esfuerzo que supone, sin morir en el intento. ¡Vale la pena ayudarles en esa tarea de aprender a amar!


Dejo enlace sobre "el "derecho" de los hijos", por si quieres ampliar...





                        Aquí dejo un corte de una película
 clásica, entrañable, con sentido del humor, "Los tuyos, los míos y los nuestros"...







Espero que te haya gustado el post, y que lo compartas con amigos... ¡Gracias!




                                                                                                                                                                                              Mª José Calvo
                                                            optimistaseducando.blogspot.com
                                                                          @Mariajoseopt



https://optimistaseducando.blogspot.com/2014/11/el-secreto-de-la-educacion-de-los-hijos.html