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viernes, 31 de octubre de 2014

PREADOLESCENTES: ENSEÑAR A MANEJAR EL TIMON II, LA INTELIGENCIA.

       


                         "ENSEÑÁNDOLES  A  MANEJAR  EL TIMON" II.

                     
                                       LA  INTELIGENCIA 


              En lo que se refiere a la educación de nuestros hijos, hay tres aspectos centrales en los que debemos incidir, y de forma armónica, para que no haya hipertrofias de uno u otro. Y al desarrollar todos, lograr una personalidad con belleza interior. Esto está recogido en: enseñar a manejar el timón I.



                 Ahora nos vamos a centrar en la educación de la inteligencia, para hacer un uso inteligente de la misma… 



              Como ya sabemos, la inteligencia es una facultad de la persona, que le facilita la capacidad de pensar por cuenta propia. Podemos decir que el pensamiento es la capacidad y ejercicio de la inteligencia. Pero para sacar el máximo partido, debemos basarnos en criterios de verdad que iluminen el pensamiento. 





             La verdad ilumina el entendimiento, porque es la adecuación de él a la realidad. Por eso, la inteligencia y el pensamiento tienden a captar la verdad; es decir, la realidad de las cosas. Debemos fomentar la capacidad de descubrir lo auténtico, que no se nos embote esa capacidad para apreciarlo, porque si no, iremos a la deriva, y perdemos el rumbo, nos engañamos y no llegaremos a buen puerto.





             Nuestros hijos verán si nos esforzamos en vivir de acuerdo a lo que pensamos, o a lo que decimos. Es decir, si intentamos ser coherentes en nuestras actuaciones. Porque sin darnos cuenta, seremos sus referentes y nos imitarán: todo esfuerzo para ello merece la pena. 

             Además, los criterios claros, acordes con la verdad, nos permiten ir formando su conciencia. También con nuestro ejemplo, enseñándoles lo que está bien o mal, dándoles razones de todo, para que lo puedan interiorizar, pensar, reflexionar y no se los lleve el viento a la primera dificultad. Es la forma de que tengan criterio a la hora de tamizar la ingente información que pueden llegar a tener.

             En este sentido, es importante enseñarles a conocerse: decirles sus puntos fuertes, en lo que destacan, sus cualidades especiales…, y no estar todo el día “remachando” lo que hacen mal… Pensar en positivo, cambiar el chip. 





             El pensamiento, en estas edades, va cambiando. Desde los 6 años, que es más lógico, hasta los 12 en que se hace más abstracto. Así, va siendo capaz de relacionar ideas sencillas, aunque llegar a una definición general le resulta todavía algo difícil. 

            Es un pensamiento intuitivo, muy apoyado en imágenes. Le encanta lo relacionado con el descubrimiento y desarrollo intelectual, y se despierta su afán de exploración y la necesidad de preguntar todo. 


            Observan todo, analizan, relacionan, clasifican, y recaban mucha información: es la base del proceso de investigación. Podemos aprovecharlo para animarles a sacarle partido, en función de su formación, de sus intereses, y de lo que van a estudiar en el colegio, para que vean primero lo más práctico, y luego, al captar los detalles, y con todos los datos de los sentidos, lo puedan entender y aprender mejor. 

             Y fomentar el uso de la memoria, que para eso está, y es la edad ideal para desarrollarla, y que alimente al pensamiento. 





           También se desarrolla su creatividad: con manualidades, construcciones, papiroflexia…, dibujos, lecturas, enseñando a cambiar el final de una historia o de una película... etc.



              Podemos animarles a desarrollar algún hobbie en nuestros hijos, relacionado con la investigación, con lo que les guste más, o sobre materias del colegio. Por ejemplo el hacer colecciones les encanta: de hojas de árboles, con sus nombres concretos, de minerales, de fósiles, de sellos de distintos países, de mariposas…


              ¿Cómo podemos hacer para estimular la inteligencia de nuestros hijos? 


             Por ejemplo permitiendo su capacidad de asombro. El tener muchos caprichos, y todo tipo de cosas, anula esa capacidad, quita la ilusión. Debemos recuperar el asombro por las cosas pequeñas, por la naturaleza, por la belleza de la realidad, por los detalles, por las personas. Tener curiosidad por las cosas, saber que todo se puede razonar, nos lleva a los experimentar… 

            Eso les ayuda a tener iniciativa e interés por el estudio. La curiosidad es como un motor del aprendizaje, las “vitaminas” para aprender… E ir canalizando el caudal de intereses, o lagunas de conocimiento, para ir aprendiendo con ilusión, que es como mejor se fijan las cosas: porque nos interesan y disfrutamos con ello.



                  Otra forma de  estimular el pensamiento es a través de buenas lecturas. Hace falta que sean acordes a sus edades, que alimenten su inteligencia, y también su corazón: que aporten belleza y valores que nos interesen o que tratemos de vivir en nuestra familia, para ejemplificarlos, y que sean más atrayentes. También es preciso que nos vean leer cosas interesantes, y ver buenas películas, repletas de valores humanos, también adecuadas a estas edades.





                 El diálogo es otra forma de estimular el pensamiento. El incorporarlos a la tertulia de los padres, cuando son un poco mayorcitos… Se sienten valorados, queridos, “importantes”, y aprenden un montón de lo que decimos, a veces sin intención directa, pero les queda registrado. Verán cómo pasamos de comentar las anécdotas del día, a las ideas en que se fundamentan, y de éstas a los detalles en que se encarnan…, para no quedarnos siempre en la superficie de las cosas, para ver los motivos de las actuaciones, y manejar ideas o conceptos.




                En estas edades, es bueno ir encauzando acontecimientos. No esperar a que pase la vida por delante, sino pensar qué hacer con cada uno de ellos: qué objetivos podemos tener, qué necesita más, qué le gusta más, para desarrollar su personalidad, según su carácter y temperamento.  

                 También dejando un espacio de tiempo para que descanse, para que piense, para que vaya interiorizando lo que le vamos enseñando, o lo que va aprendiendo. Y para que se relacione con sus hermanos y amigos: ¡¡¡para que juegue con ellos!!!



             Y siempre estando disponibles, con buena cara, con una sonrisa, escuchando, leyendo más allá de sus palabras, animándoles cuando lo precisen, celebrando lo positivo, conociendo a los amigos…, que se sientan acogidos.

              Enseñándoles a tomar decisiones desde pequeños, porque es donde se concreta la libertad de cada uno: primero en cosas intrascendentes, y luego en otras de mayor envergadura. 






                A la hora de formarles, pensar qué queremos conseguir, qué objetivos podemos plantear… Porque ahora tenemos mucha información a mano, pero hay que percatarse de la diferencia entre informar y formar. La información, de por sí, no es tan relevante; en cambio, la formación requiere conocer a la persona para ver qué necesita, cuáles son sus puntos fuertes, o débiles, y cómo la podemos ayudar. Y luego hacerlo vida.


            Alguien dijo que la formación es como “el cuello de una botella”: no se le puede meter todo de golpe, y sin pensar. Hay que saber, tener buen manejo y buen arte, para dosificar, ver lo que le conviene, poco a poco… , porque si no, se atasca.


              Con las personas pasa un poco lo mismo: hay que cuidarlo. Por eso se ve tanto exceso de información, y es difícil realmente discriminar lo importante, lo claro, lo bueno, o lo veraz, aprenderlo y concretarlo en la vida.


                Tenemos que enseñar a nuestros hijos a ser críticos con lo que cae en sus manos, con lo que oyen, con lo que ven en internet…, además de controlar el tiempo. Enseñarles a manejarse, no solo intentar controlar, o “controlarles” como niños pequeños, sino que ellos sean capaces de hacerlo, en la medida de sus posibilidades, por maduración cerebral...





                  TÉCNICAS DE ESTUDIO


              Respecto a aprender a estudiar, podemos seguirles de cerca y hablar con el tutor de nuestros hijos, aunque no haya problemas, para que nos oriente en cada caso. Es preciso que aprovechen bien las clases porque es la base del estudio.




          Conocí a un Director Escolar, con gran coherencia personal, que supo ejercer muy bien su liderazgo y buen hacer en su colegio. 

         Siempre estuvo atento a lo importante, a base de trabajar mucho y bien, cuidando los pequeños detalles. Por ejemplo considerando a cada persona, a cada profesor, a cada niño, a cada familia…, rezando al iniciar la clases, repartiendo botellines de leche todos los días, poniendo mensajes cortos con metas claras a realizar en el horario de clase, en el recreo, en el comedor…, para ayudar en la enorme tarea de formar a esos niños. Con un servicio constante y callado a todos. 


       También, cuando eran algo mayores, enseñándoles a estudiar. Elaboró un folleto con algunas ideas y técnicas de estudio, con sentido del humor, que no han perdido actualidad. 

            Os transmito algunas, porque me parecen de vital importancia. Se titula: “Vamos a estudiar bien”, porque no todas las formas de estudiar son buenas… Con constancia y perseverancia.






                1-Ideas claras: el porqué y el paraqué de estudiar cada uno. Aquí podemos hablar con nuestros hijos, para hacérselo atractivo.

                2-Dónde: para poder concentrarse, atentos a desconectar pantallas y distracciones… Elegir lugar adecuado, con luz, cómodo..., mejor si es siempre el mismo.

                3-Cuándo: programa el tiempo, y organizarse. Crear un hábito de estudio, a hora fija, mejor.

            4-Cómo: ejercitar todas las facultades. Cuantas más actividades, mejor: subrayar, tomar notas, hacer esquemas, resolver, calcular, recitar, preguntar, responder…

                5-¡Esfuérzate, persevera, acaba bien tu trabajo hasta el final!

           6-Método: hay muchos, pero destaco por su sencillez y eficacia el de Luis Illueca Valero, profesor de psicología de Madrid: L2 SER.




Significa    L- Lectura rápida para tener una idea general.
                  L- Lectura detenida por párrafos. Analizar el contenido.
                  S- Subrayar lo importante.
                  E- Esquema o guión, sintetizando lo esencial.
                  R- Repetirlo para aprenderlo, y potenciar la memoria.


Aprendido un párrafo o tema, por siguiente. Y luego repaso global. 
Por la sencillez, habrá que adaptarlo a las distintas edades, y a los distintos tipos de materias o asignaturas.






         Hasta aquí el folleto. Algo importante es enseñarles a hacer buenas preguntas, a buscar respuestas, a reflexionar, a relacionar, a ser críticos. Y animarles a hacerlo ellos solos: ellos son los protagonistas. No crear un ambiente competitivo: que compitan con ellos mismos, que den lo mejor de sí, sin comparaciones. 

             Ayudarles a organizarse, a hacer un planning con el tiempo que van a dedicar al estudio, o a cada asignatura, para que puedan dejar espacio para hacer sus encargos, adquirir habilidades, atender a los demás, y ¡cómo no! divertirse y jugar… con los hermanos, con los amigos. 

             Y cuando lleguen las notas, levantar la mirada del papel, mirarles a los ojos, y ver primero a nuestro hijo o hija, lo que se ha esforzado, y no solo los números reflejados… Las notas son orientativas, pero nunca son un fracaso. Siempre se puede recomenzar, o poner los medios oportunos.

           Y si son muy buenas, ¡no hace falta premiarlas a toda costa! La simple satisfacción de aprender, de configurar su aprendizaje, de disfrutar, debe ser el premio. El saber conlleva una motivación intrínseca, mayor que cualquier premio material. Así se acostumbran a luchar, a esforzarse, a tomarlo como retos, se entrenan, y adquieren confianza en sí mismos.




           También se puede hacer "planes de acción" para motivarles o ayudarles en algún punto concreto: hacer un planning…, o conseguir un objetivo. Siempre en positivo, con nuestro apoyo y nuestro cariño.




           Por eso, el fin de semana ¡hay que hacerlo atractivo! Poner alguna sorpresa, hacer planes distintos, excursiones, potenciar la creatividad, la iniciativa, que lo organicen ellos según sus cualidades o gustos… y los de toda la familia, para disfrutar juntos, para pensar en los demás. 







            Con sentido del humor, que nos da una mirada amable, y es el que nos da la proporción de las cosas. 


            Y siempre marcando el camino por donde nos seguirán: dejando una huella indeleble, intentando ser buenos modelos. ¡Que seamos líderes de nuestros hijos! Que nos admiren, porque personificamos unos valores, basados en principios. No hace falta ser perfectos, pero sí, que nos vean luchar con espíritu deportivo.


            Espero que les haya sido útil, y gracias por compartir.


                                                                                   Mª José Calvo
                                                                       optimistas educando y amando










domingo, 19 de octubre de 2014

EL APOLO 13 Y EL DOLOR.

                              

                              EL APOLO 13 Y EL DOLOR.


          Este post lo escribo pensando en una amiga, que en este momento tiene el sufrimiento como compañero de viaje. Pero en realidad, todos lo llevamos de una forma u otra, puesto que el dolor es parte de la vida. Tarde o temprano llega, y no se puede evadir. 

          También forma parte del amor, porque no se puede amar sin sufrir. Aunque sí se puede sufrir sin amar. Forman ese binomio del amor y del dolor: las dos caras de la misma moneda.


          Pero para que no nos rompa, hay que saber afrontarlo, e intentar darle sentido. Aprender a sufrir, para descubrir esa nueva dimensión de la vida. 

        Para ir exponiendo un pensamiento, nos puede servir de guía una película: El Apolo 13 de Ron Howard, con Ed Harris y Tom Hanks, en el reparto.

          Jim Lovell, el comandante de la nave el “Apolo 13”, muy unido a su esposa Marylin, se entrena para una misión: ir a la Luna con otros dos astronautas. Llegado el día de la cuenta atrás, se dirigen a su objetivo: el espacio. En pleno vuelo falla uno de los cinco motores, y piensan que es la pega de la misión; pero no: tendrán muchos más problemas...




          En un procedimiento rutinario, desde Houston les mandan remover los tanques de oxígeno. Al hacerlo se provoca una explosión, y acto seguido se encienden muchos paneles de alarmas. Falla la computadora, el guiado, la energía...


          Aparece el desconcierto y el nerviosismo en la nave, y en el control de la misión. Todos se ponen a trabajar para ver cuál es la situación y el problema: si es un fallo de potencia, de instrumentación, de guiado… 


           Hasta que Jim ve por la ventana que están expulsando algo al exterior: un gas, y se percatan de que el nivel de oxígeno está descendiendo drásticamente.    




          A veces, a nosotros en la vida nos pasa algo parecido. Vamos a toda potencia, seguimos objetivos que nos deslumbran, y de repente explotamos en nuestro navegar; o tenemos limitaciones, o enfermamos, o aparece una situación dolorosa, o simplemente no estamos animados…, y no funcionamos.

      Es el momento de detenernos para ver la situación, el problema, entendiendo por problema, cualquier situación a mejorar. Para poder pensar “que hacer con el tiempo que se nos ha dado…” Para ver qué es importante, para repensar la situación, para replantearnos objetivos, y ver qué sentido damos a las cosas.





             Habiendo visto el problema, desde Houston les dan unas directrices para intentar afrontarlo. Pero parece que se les escapa de las manos. Todo falla, hasta la computadora de guiado. En la base, todos hablan a la vez y les puede el pesimismo y el nerviosismo…  

              Entonces interviene el director de la misión, ejerciendo su dirección y su buen liderazgo


-A ver, ¡de uno en uno…
Abordando los problemas de forma individual.

-“¡No me digáis lo que falla, sino con qué contamos en la nave!” 
“¿Qué hay que funcione?”  
Viendo el lado positivo de esa realidad tan dramática...



video







              Aquí nos puede pasar un poco lo mismo. Nos "aturrullamos", vemos los fallos, lo que no va, lo que no conseguimos, nuestras limitaciones y defectos, y de esa forma vamos agrandando el problema

            Lo que da mejor resultado es centrarnos en lo que tenemos, en las posibilidades, en lo que podemos hacer con lo que nos queda. No mirar hacia  atrás y lamentarnos, sino hacia delante. Descubrir posibilidades en cada situación.


             ¡Estamos vivos, y eso es lo que importa! ¡Tenemos una familia, y eso es lo que importa!



             Más adelante van surgiendo múltiples problemas, a los cuales, el Director de la misión va afrontando de uno en uno, intentando resolverlos, apoyado en sus colaboradores, e intentando sacar lo mejor de cada uno de ellos. 



             Tiene muchas virtudes a imitar, cuando estamos en una situación dolorosa. Por ejemplo, la tenacidad para no desfallecer, la fortaleza, la resiliencia, el optimismo, a pesar de todo pronóstico. El intentar crear un clima positivo, de superación, animante, dando por entendido que todo tiene solución: solo hay que buscarla y encontrarla. La perseverancia hasta el final...


                  Vemos la fuerza que da tener una voluntad bien entrenada, guiada por una idea clara en la mente: ¡no los vamos a perder!



             Como vemos, el director es un anclaje fuerte en el éxito de la nueva misión: traerlos a casa.




         Esto nos puede servir para pensar, para retomar el camino. Centrarnos en lo importante, en nuestra familia, y en el cariño, que hace que sea una unidad viva, donde se nos quiere tal cual somos, donde podemos compartir las penas, los dolores, los agobios, y de esa forma disminuyen, y en cambio, las alegrías se multiplican. Porque la familia es el lugar al que siempre se quiere volver…







             ¡Vamos con los astronautas de la nave!

           De ellos depende en gran parte el éxito de su misión. Forman un equipo, y se han entrenado para estar bien compenetrados. Aunque hubo un cambio de ultima hora, y Jack sustituyó a Kent por razones médicas. 


A raíz de la explosión, necesitan poner su ingenio, su esfuerzo y su trabajo a prueba, y no desfallecer en el intento. 

          Confiar unos en otros, para ir resolviendo una cadena de problemas que van surgiendo, y llevar a cabo su nueva y más importante misión: seguir con vida para poder volver a casa…

            Hay un momento que deben apagar la computadora principal para ahorrar energía, y poder llevar a cabo la reentrada. Llevan ya mucho tiempo esforzandose, nerviosos, sin dormir, con frío…, y parece que a Jack le sientan mal las palabras de otro astronauta: Fredo. Es como si le echara en cara haber causado la explosión por remover los tanques de oxígeno. 

         Aquí interviene el comandante de la nave, Jim, para calmarlos, poniendo una nota de confianza en Jack: “Si a mí me dicen desde Houston que remueva los tanques, yo los remuevo.” Y serena el ambiente. 


         Señores: así no solucionamos los problemas. ¿Qué intenciones tienen? Les hace pensar y no dejarse llevar del estrés o del sufrimiento. ¡Vamos a centrarnos en volver a casa!



             Otro detalle de Jim tiene lugar cuando Fredo está ya muy cansado, con fiebre, congelado, y le da masajes para que entre en calor, le anima, le dice que falta poco para llegar al Pacifico Sur, abrir la escotilla, ver el cálido sol, y llegar al portaaviones… Se preocupa de que no desfallezca, de que no se rinda. 

           Atento a lo importante, sin descuidar los detalles: el malestar de su compañero, incluso en esa situación tan precaria. No se puede pasar de largo ante el dolor ajeno: hay que tratar de confortar en lo posible.









             Hay una anécdota del comandante, Jim, tiempo atrás, cuando iba pilotando un avión. Tuvo un fallo del motor, y, además, se le apagaron las luces de la cabina. Él, luego, decía con optimismo, que las cosas a veces pasan, dando vía a una solución. Y justo por eso, pudo ver la luminiscencia de las algas marinas, señalándole el camino a casa. Decía: “Nunca se sabe lo que puede ocurrir para traerte a casa…” 


              Tener siempre en el punto de referencia la familia: nuestra misión más importante. Fomentar el cariño entre todos, para poder sobrellevar mejor el dolor. Cuando se comparte con nuestros seres queridos, sobre todo con nuestro/a esposo/a…, une a las personas, y alimenta el amor, siempre que se lleve entre los dos. 

          La felicidad de un momento está unida al sufrimiento de otro, por el amor de ambos. Es lo que permite llenar de sentido todos los espacios de la vida: también las dificultades y dolores. Podemos ser felices si van cargados de amor, aunque se sufra...



          Hay veces que Dios permite situaciones aparentemente negativas, que nos abren nuevas perspectivas. Si no hubieran pasado, no se nos hubieran presentado nunca. Hay que saber sacar siempre algo bueno de cualquier situación, por espantosa que nos pueda parecer… Cuando se cierra un puerta, siempre se abre una ventana.


              Escribió Jesús Urteaga: “Aquí, todos los acontecimientos luminosos tienen sombras. Y no hay dolor que no encierre un contento en sus entrañas…” Van entremezclados.



               La experiencia del dolor solo es terrible si permanecemos en la superficie. Si no vemos más allá. Muchas veces nos permite hacer un alto en el camino, para pensar, reflexionar, ver qué estamos haciendo con nuestra vida, a qué damos importancia, o si nos movemos solo en la superficie de los acontecimientos…, si no vamos a los "porqués" y "paraqués" de las cosas.

                   Desenmascara el velo de las apariencias para descubrir la realidad de las cosas. A veces nos hace valorar más el aire que respiramos, la naturaleza, lo valioso del tiempo. Nos hace ver el mundo de otra forma. Valoramos más a las personas. Entonces, lo superfluo y accesorio cede paso a lo importante.




              Hay un impulso en lo más profundo de nuestro ser, que nos lleva a rechazar el sufrimiento. Ya sea nuestro, o de los seres queridos. Es natural que tengamos una lógica rebeldía hacia el dolor, a nadie le gusta, pero a veces es inevitable. Es un misterio insondable, que va unido al hombre. 

                Pero si no lo podemos paliar, es mejor sacar algo positivo de él, para que no nos destruya. Hay que darle sentido, para que nos fortalezca esa experiencia. Es una oportunidad de aprender a querer, y aprender a sufrir, para cuando lleguen momentos difíciles, estar preparados. 


             Por eso, una educación del amor, sin enseñar el sentido del dolor, no nos ayuda mucho. Es como cerrar los ojos ante esa realidad. El amor y el dolor forman ese binomio inseparable. Y, por otra parte, cobra más sentido el dolor, al unirlo al amor. Porque como decía el profesor Oliveros F. Otero, el amor y el dolor se unen en las "fronteras" de la misericordia. 


           De esa forma es más fácil superar el dolor, enseñando a querer en familia, donde todo se aprende por “ósmosis”, en un ambiente de cariño y confianza. 


              Entonces, es importante la ayuda de otros cuando pasamos por un momento difícil, y en concreto de los seres queridos: de nuestro/a esposo/a, de nuestros hijos… Nunca pasar de largo ante el sufrimiento ajeno. 

                A veces, nos permite, no solo escuchar, sino comprender, e intentar empatizar con el otro, captar sus sentimientos, para poder entender cómo se siente y ayudar en lo posible.                          


                   Alguien dijo que la compasión es la única forma en la que se puede entrar en las profundidades de otra persona. 


             Una gran pedagoga y filósofa, escribió sobre “La escuela del dolor”, por experiencia propia. Decía que el dolor es un gran educador. Cuando una persona sufre, sintoniza pronto con los que sufren, los comprende. Se muestra solidaria con ellos. El dolor no nos hace mejores, ni peores, pero  ilumina lo que somos. 

          Es como un termómetro de la calidad humana. Hace ver las disposiciones interiores de cada uno. Si tenemos nuestras convicciones fuertemente ancladas, no se desmoronarán. Hará que crezcamos en madurez, en fortaleza, que nos abramos a los demás. Nos muestra la grandeza espiritual de la persona.

              Porque, al final, no podemos evadir las preguntas eternas. ¿Qué sentido tiene todo?  ¿Para qué sirven los planes, títulos, y tesoros…? ¿De dónde venimos? ¿Cual es nuestra  meta? ¿Para qué estamos en este planeta?… El dolor nos hace pensar, cavar más hondo, ponernos en situación de coherencia entre lo que pensamos y lo que vivimos. 

         También comprender el valor de la dignidad humana. Aprovechar las circunstancias dolorosas de la vida para crecer, para sacar lo positivo que nos dan, para aprovechar ese “talento”, y no echarlo a perder, negándolo, o rechazándolo, porque de esa forma sufrimos más, o nos puede destruir.



              De todas las maneras, es un misterio insondable. Como solía decir C. S. Lewis, Dios habla al hombre a través de la conciencia, pero nos grita con el dolor: es el megáfono que usa para despertar un “mundo sordo”. 

              Él tuvo una experiencia muy dura en su infancia. Y ante el dolor por la muerte prematura de su esposa, decía: “la vida nos enseña, pero es una dura maestra…” 


          A veces, Dios permite el dolor, porque sabe obtener algo bueno de grandes males… Pero debemos tener presente que la bondad de Dios siempre es mayor que todo lo que podamos sufrir… 



              Siempre aparecerá un rayo de esperanza en medio del dolor. Por eso, debemos esforzarnos en ser lo más felices que podamos, mientras estemos en este planeta, sabiendo aprender lo que nos enseña el sufrimiento, e intentando contagiar alegría y optimismo a nuestro alrededor, incluso en esa situación...








                                                                                    Mª José Calvo 

                                                                                    optimistas educando
                                                                                    @Mariajoseopt