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jueves, 17 de octubre de 2013

LAS RAíCES... Y LAS GAFAS II


                      
                             LAS RAÍCES DE LA EDUCACIÓN, II/III


            Se podría decir que educar es ayudar a crecer como persona... Seguimos al hilo de otra entrada, sobre los "porqués" y "paraqués de la educaciónHemos visto cómo orientarnos con una brújula que nos da el norte... Ahora nos podemos hacer otra pregunta, ¿qué es educar?, ¿en qué consiste?, ¿cómo lo podemos hacer?

        Hesíodo, un poeta de la antigua Grecia, ya decía que la educación ayuda a la persona a ser, lo que es capaz de ser cada uno. Educar es ayudar a ser esa persona, con sus características singulares, con esos puntos luminosos de cada uno..., para lo cual se necesita luchar por hacerlos "reales" día a día.






      Y para eso, es preciso ver esas cualidades especiales, y también ver qué temperamento posee para ir modelándolo en carácter, forjándolo al calor del cariño. Pero, ¿cómo concretarlo?



          1.- En primer lugar, podemos desarrollar posibilidades y como consecuencia, compensar limitaciones. Fijarnos especialmente en los "puntos fuerte" de nuestros hijos, para potenciarlos, y que los pongan al servicio de los demás... Ver las cualidades específicas que tienen, aquello en lo que sobresalen, y ayudarles a desarrollarlas.

            Cada persona que viene a este mundo tiene algo único, específico, que le otorga una singularidad especial. Es preciso verlo primero, y no fijarnos tanto en sus defectos, que es muchas veces lo que vemos, sino solo para fomentar las virtudes opuestas, y sin ser pesados...


          Pensar siempre en positivo; fomentar lo bueno, estimularlo, valorarlo, y apoyarnos en ello para compensar debilidades, o fallos, sin estar recordándolo todo el día. 




         De esta forma, es como si nos pusiéramos unas "gafas especiales" que nos permitieran ver las cualidades positivas, especiales, de nuestros hijos, o de nuestro cónyuge, para tratar de descubrir lo característico y especial de cada uno, que les aporta belleza interior.





             Y de ese modo, intentar fomentarlo, para lograr su mejor personalidad, para enriquecer las relaciones familiares, para mejorar el mundo en el que nos movemos, para hacerlo más bello. Esas cualidades, en parte son un don, un regalo, y en parte una tarea a desarrollar. Y está encomendada, primero a los padres, sabiendo animarles, motivarles, estimularles, seduciendo con los valores vividos, y luego a los propios hijos, para que sigan desarrollando esos “talentos” y fortalezas con libertad personal, pero con esfuerzo.

               Y esto durante toda la vida: nunca dejamos de ser padres, aunque sí varían las circunstancias y los modos de actuar...

             Es indudable que esto requiere esfuerzo por nuestra parte. Está en juego el bien de nuestros hijos, y no debemos confundirlo con el bienestar, que eso sí que no requiere mucho esfuerzo: basta con dejarnos llevar de la comodidad, tanto nuestra, como de ellos...




                       
             2.- En segundo lugar, educar es enseñar a pensar, y a tomar decisiones desde pequeños. Primero en cosas fáciles, sin mucha trascendencia, y enseñándoles a hacerlo. Cuando son algo mayores, explicarles que una buena decisión precisa varios pasos: hace falta primero pensar, informarse, decidir, y posteriormente llevarlo a la acción.

                Es preciso que se vayan entrenando en cosas más complejas, siempre ayudándoles, pero desde “lejos” hasta que cojan más soltura. Así, van estrenando su incipiente libertad...  Y para ello hace falta enseñarles a pensar de forma crítica, y a tamizar la información que cae en sus manos, que con las nuevas tecnologías cada vez es mayor. Y luego hacer un "plan de acción" concreto en cada caso.


           De esta forma aprenden a valerse por sí mismos, y adquieren autonomía, que en el fondo es muy necesaria en la educación. Si los sobreprotegemos, si no les dejamos ser ellos mismos, formamos hijos inmaduros, tengan la edad que tengan..., incapaces de afrontar retos.

        Y si hacemos lo que les corresponde a ellos, si les facilitamos la vida, sucede lo mismo: no les dejamos crecer, ni luchar, ni tener iniciativa... Porque toda ayuda innecesaria limita a quien la recibe. Y ahora hay muchos jóvenes inmaduros viviendo con sus padres y muchos síndromes de Peter Pan... que no saben despegar.


         Además, cada decisión que tomamos nos influye en la vida, porque va conformando nuestra personalidad. Todo acto bien hecho nos mejora como personas, porque va formando hábitos, actitudes, y virtudes en nosotros. Pero todo acto que no sea correcto nos empeora como personas, y va formando hábitos poco saludables. 

         De todas formas, siempre podemos pararnos a pensar, hacer un alto en nuestra vida, para pedir perdón y volver a empezar. Nos podemos reiniciar y volver a la lucha, porque el perdón sana las heridas, tanto en nosotros como en los demás. Pone un punto y final en las acciones menos honorables, y nos libera de las consecuencias. También es necesario aprender a perdonar..., sobre todo en familia, donde nos quieren infinito. Además cuanto más se ama, más fácil resulta.


        




             3.- En tercer lugar, educar, especialmente en esa etapa llamada adolescencia, es permitir que nazca su intimidad. Es mostrarles el cariño, aunque de otra forma; explicarles lo que les pasa, porque pueden estar un tanto desconcertados y no se gustan. También es hacerles atractivos los valores, seducir con su belleza, con coherencia, con integridad personal, porque los intentamos vivir, y ellos nos miran todo el día...

           Sufren una serie de cambios, no sólo fisiológicos, sino también afectivos, psicológicos, anímicos…, hormonales, que no se reconocen. Está naciendo su intimidad, y necesitan buscar unos valores donde anclarse. No los que les dicen sus padres, sino los que ellos creen o piensan que les gusta... Por eso son tremendamente inseguros.


               Hay que apoyarles y animarles a dar lo mejor de ellos, y ayudarles en el proceso de maduración de esa intimidad. Y es preciso resaltar las cualidades positivas que poseen que, a veces, ni las conocen. Por eso suelen tener la autoestima muy baja. Hay que sonreírles con frecuencia, y demostrar que les queremos con detalles concretos..., aunque no lo quieran reconocer. ¡Nos necesitan!

            También aclararles el concepto de libertad. Ellos la entienden como independencia, pero no se dan cuenta que conlleva responsabilidad. Son las dos caras de una moneda: a mayor libertad, mayor responsabilidad. Porque, como expresa el profesor Oliveros F. Otero, la responsabiliad es la maduración de la libertad... Hace falta ir dándoles libertad, para que aprendan a ser responsables. 

            Se trata de conseguir una libertad responsable. Si no son responsables, debemos reducir su independencia... La libertad es como una cota que deben ir ganando con su actuar responsable.


           Y enseñarles a asumir las consecuencias de sus acciones desde pequeños. Considerarles "segundos responsables" de la familia: que nos apoyemos en ellos, según sus fortalezas, y su edad. Preguntarles qué opinan, cómo nos organizamos, sus gustos, tenerles en cuenta..., que resuelvan problemas, que tengan iniciativa..., que piensen en los demás.

               

            Algo importante es aclararles que el amor no es solo cosa de sentimientos, sino una decisión firme de la voluntad de querer querer a la persona elegida. Y un compromiso de hacerlo real. Tienen mucha información en materia sexual, reducida a conexiones anatómicas, pero nadie les enseña lo que es el amor, que abarca a toda la persona, desde el centro del corazón, con su capacidad intelectual y volitiva, además de afectiva. Debemos ser ls padres quienes les aclaremos esto, no solo de palabra, sino también a través del modelo de amor que les presentamos.





                    Porque, el marco en el que la sexualidad cobra todo su sentido es un amor auténtico. Si no, nos "cosifica", y pasa factura. El amor está más en dar que en recibir; en pensar en el otro, más que en uno mismo… Tiene mucho que ver con la generosidad y la empatía..., y con ser felices haciendo felices a los demás.




            Y darnos cuenta que, a veces, necesitan más amor del que se merecen. Otras, intentan llamar la atención con conductas inadecuadas. Entonces es preciso saber escuchar, incluso, lo que quieren decir y no saben expresar, o lo dicen con esa conducta, ese piercing, etc. Frecuentemente, lo que reclaman es atención y cariño, aunque no lo saben, o no lo quieren reconocer… Y si doblamos nuestro interés y cariño hacia ellos, con mano izquierda, sin agobiarles, seguro que mejora la situación.






           Se trata de favorecer un clima de amistad entre padres e hijos, confiando siempre en ellos, para que intenten ser mejores, y dar lo mejor de ellos. Y que puedan confiar en nosotros, para compartir conversaciones, ayudas, opiniones, consejos... en el momento adecuado, sin machacar.

                 Ensañarles a valorar la verdadera amistad, que tanto les gusta,el trabajo en equipo...






              Y fomentar las formas positivas de rebeldía: ayudarle a luchar contra lo que nos despersonaliza, nos empequeñece, nos masifica, o nos "cosifica", canalizando las negativas… Es bueno que quieran luchar, pero a veces no saben cómo hacerlo, o contra qué luchar: debemos orientarlos, enseñándoles a usar la cabeza, a poner el filtro del pensamiento ante las fluctuaciones emocionales que tienen.



Espero que les haya gustado el post, y que lo compartan con amigos. ¡Muchas gracias!




                                                                                                            Mª José Calvo
                                                                   optimistaseducando.blogspot.com







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