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domingo, 28 de abril de 2013

PLANES DE ACCIÓN Y OBJETIVOS


                  
                CÓMO CONSEGUIR OBJETIVOS EN FAMILIA




            Para dirigir y llevar una familia, podemos actuar de forma que nuestros hijos participen, que se involucren, que nos ayuden a construir la familia, a “tirar del carro”..., enseñándoles a hacer unos encargos, con pequeñas responsabilidades.

          Cuando  los padres nos proponemos algún objetivo con ellos, lo podemos llevar a cabo mediante "planes de acción". Es una forma de concretar lo que esperamos de ellos. Así les ayudamos a adquirir hábitos, destrezas, diversos conocimientos, y les estimulamos en el proceso de su creciente autonomía y consiguiente responsabilización.

                  Para ello podemos pensar, entre los dos, un pequeño objetivo muy concreto, para avanzar poco a poco, pero con paso seguro. Y es bueno hacerlo bastantes días seguidos, más o menos 21 días, para que se transforme en un hábito estable.




                  El "plan de acción" se puede componer de varios elementos:


      1.  OBJETIVO. Puede ser la adquisición de un buen hábito, encargarse de algo, o de alguien, ducharse solo/a, hacer algunas tareas de la casa, estudiar un tiempo, pasar la aspiradora, poner el lavaplatos, atender el teléfono, cuidar el jardín, lavar el coche, comprar en el super, llamar a los abuelos... etc. , dependiendo de cada edad.


       2.  MEDIOS. Son como las ruedas del plan para que avance. Cuanto más concretos, mejor. Por ejemplo, si se quiere actuar en un capricho de un niño, se puede hacer en varios campos: en las comidas, (que coma de todo), en las "chuches", (sólo los domingos), y en la ropa, (que no se queje con lo que tiene...)


      3.  MOTIVACIÓN Como es algo costoso, la motivación facilita la lucha y ayuda a cada hijo en el objetivo que se persigue. Lo mejor es hablar con él, o ella, transmitiéndole lo que queremos con un lenguaje asequible para que lo entienda bien, mirándole a los ojos, y con una sonrisa, ¡mayor cuanto más costoso sea...!

       El tipo de motivación depende de la edad y los intereses del niño. Por ejemplo le podemos decir: “nos haría muy felices que recogieras los juguetes” o, “nos encantaría que pudieras estudiar un tema de la semana para que veas qué bonito es” o, “cuando acabes de estudiar, podrías pasar la aspiradora para que yo pueda descansar, o hacer un postre, o invitar a tus amigos”… O, ¿podrías llamar a los abuelos, para que se alegren...? 


        4.  DESARROLLO. Lo importante es que los padres hablemos de nuestros hijos, sobre cómo queremos que sean, con qué cualidades, y de cómo ayudarles a cada uno..., según su carácter, intereses, fortalezas...          
          También para hacer un poco de autoexamen, a ver si cumplimos nuestra parte, porque somos su modelo, y animarles para que hagan la suya.

          A veces estos planes pueden durar semanas, o un mes como mucho. Es bueno ir anotando si sale bien, o regular, haciendo énfasis en lo positivo. Y cuando se tienen “X” positivos, se hace un plan familiar estupendo que les ilusione. Puede ser una excursión, una salida al campo, una tertulia animada, una película comentada, una merienda con amigos…




        5.  RESULTADOS. A veces no se ve una mejora muy notable, pero poco a poco van adquiriendo hábitos, habilidades, pensar en los demás, ser agradecido, generoso, amable, resiliente..., o lo que nos hayamos propuesto en concreto.



         Los buenos hábitos van marcando el camino de su autonomía, forjando su carácter, y les ayudan a ser más responsables... Y, sobre todo, aumenta el cariño en la familia, porque pensamos y nos preocupamos de los demás. 


         Es importante alegrarnos con cada intento, más si es positivo, valorando el esfuerzo, y no solo los resultados.





         Incluso se puede marcar en un mural, o cartulina, en un tablón en la cocina..., atractivos, hechos con un tema que le guste, con creatividad, con colores animados… según las edades de los hijos, y participando ellos de su elaboración.




           Y, el conjunto de planes que vamos haciendo, va marcando un proyecto personal para cada hijo, o familiar, o de pareja... etc., según los objetivos que queramos, y a quiénes los dirijamos.






         Por ejemplo, dejo un plan concreto para ser más ordenados. También se puede hacer para ayudarles a pensar en los demás, con empatía, con comprensión, para ser más responsables..., para adquirir hábito de estudio, etc.




                    PLAN DE ACCIÓN PARA SER MÁS ORDENADOS


       OBJETIVO: Conseguir ser ordenados para tener todo en su sitio, que la casa resulte acogedora y, especialmente, para hacer la vida agradable a los demás, y no tanto por ser muy "cuadriculados"... También se puede hacer en clase, en el club juvenil... etc.


          MEDIOS:

        ·  Cuando se acaba de jugar, se recogen los juegos en su sitio, y antes de sacar otro se recoge el anterior.



        ·  Recogeremos la ropa cada vez que nos cambiamos, o nos duchamos. Por la noche se prepara lo que se va a poner al día siguiente, y se deja bien la habitación.


       ·  Empezaremos a estudiar a la hora prevista, antes de ver televisión o "pantallas". Aprovechamos el tiempo hasta el final, sin levantarse antes de tiempo...






       MOTIVACÓN: 

      Es lo más importante del plan. Para eso hay que transmitirles las ventajas de ser ordenado.

     Por ejemplo, al estar todo en su sitio, resulta más acogedor y estaremos más contentos. Además se encuentra pronto lo que se busca, y se puede invitar a los amigos. Además mamá estará feliz, y disfrutaremos más...

    También se aprende a ser ordenados, primero en las cosas materiales, luego en las tareas, y después en la vida personal, en nuestros pensamientos, etc. El orden va configurando el carácter y la personalidad.



       DESARROLLO: 
     Cada vez que se hace algo bien, se pinta una estrella en uno de los dibujos del plan, de la cartulina..., o se colorea un dibujo.

       Y, cuando se tienen 10 estrellas, o soles, o flores... se hace un plan divertido en casa, como una sesión de cine con palomitas, una tertulia familiar, leer un capítulo de un cuento, o una novela, en voz alta, u otro plan que nos interese o que nos haga disfrutar juntos…







       Espero que les haya gustado este post tan práctico, y lo pueden compartir con amigos... ¡Muchas gracias!


        Dejo enlaces relacionados:


- "Los pilares de la educación..."

-"Educar en valores"






                                                                          Mª José Calvo.

                                                                optimistas educando y amando




URL:
https://optimistaseducando.blogspot.com/2013/04/consiguiendo-objetivos.html


domingo, 21 de abril de 2013

LIDERAR LA FAMILIA CON UNA META CLARA... I



UNA FAMILIA EXCELENTE

DIRECCIÓN DE LA FAMILIA (I/III)




           ¿Qué podemos hacer los padres, para dirigir este proyecto que es la familia...?

            Podemos comenzar profundizando un poco en el concepto de familia. Una buena definición: "El lugar natural privilegiado en el que es posible nacer, vivir, y morir como persona", con la inefable dignidad que supone. Es del profesor P. J.  Viladrich. En ella se nos quiere por lo que somos, no por cómo somos, lo que tenemos o "valemos" en esta sociedad tan materialista..., sino por ser personas. Seres creativos, de aportaciones, capaces de amar a los demás.

           Como padres nos preocupamos de la formación personal de cada uno y, como directores, fomentamos la mejora personal y familiar, y la armonía entre todos los miembros, para que la familia esté unida, forme "una piña", y pueda ser optimista y alegre. Y en ese ambiente, dar lo mejor de cada una.

          Optimista, también, en el sentido de óptimos, de excelencia, porque solo lo mejor es lo más propio de la persona... De este modo, buscaremos ser "optimistas", en las relaciones familiares, y especialmente, en el cariño en pareja…, origen y fuente de los demás amores familiares.









        Dirigir la familia es atender a lo importante: a cada persona, y a sus relaciones verdaderamente humanas que se fraguan en ella. También cuidar los detalles que entretejen la convivencia diaria...

            En cada hogar hay gran diversidad, pero también debe haber unidad. Diversidad, por los caracteres de cada persona, edades de los hijos, intereses, gustos..., etc. Y la unidad se ve en la convivencia, gracias al cariño que hay entre todos, que unifica todo. Y, gracias a una manifestación de ese cariño, que es la autoridad de los padres. Que sirve para guiar el crecimiento y maduración de cada hijo, para orientar su creciente autonomía, y luego darle "alas" para que pueda volar alto... Y, con esa libertad incipiente, sea capaz de amar. 

             Al conjugar la unidad y la diversidad en cada familia, se logra y se muestra la armonía familiar, y la armonía de amores familiares, que surgen del amor principal, el de la propia pareja.



      La primera originalidad de la familia es que tiene dos "jefes" o "líderes" al mismo nivel


        Dos personas, él y ella, unidos el día de la Boda, para quererse y realizar un proyecto vital. De esa manera se forma una "nueva unidad" de dos: un equipo. Aunque a veces no estemos de acuerdo en todo, podemos hablarlo y hacer un frente único, sobre todo ante los hijos. Para que tengan un referente claro. Es decir, hay que "hacer equipo", y la ventaja de ello es que logramos sinergia positiva. Esas cualidades y puntos fuerte, esas ideas, no solo se suman, sino que se multiplican...






            La madre, que puede ser la "directora del hogar" y, el padre, que podríamos llamarle "el jefe", o "líder" de la familia, forman un solo equipo y cada uno aporta su forma de dirigir, o de relacionarse, pero entre ambos se logra algo mucho mejor, sabiendo unificar criterios. Ambos se complementan, por las diferencias intrínsecas de ambos, y porque cada uno tiene unas capacidades y cualidades distintas, que las pone al servicio del otro, y así se obtiene esa sinergia. En todos los ámbitos: pensamientos, planes, proyectos, o acciones, porque cada uno apoya la iniciativa del otro...





          Por eso, uno se puede encargar más de poner de moda unos valores, centrados en principios, que sean importantes y que no pasen de moda... Y el otro, o la otra, generalmente, se puede encargar más de crear ambiente de hogar, de estar en los detalles, de manejar sentimientos y emociones y reducir tensiones. 



           Para hacerlo más gráfico, podemos hacerlo con una metáfora: la familia la podemos comparar a una "nave espacial", con rumbo a una meta concreta. Todos a bordo, con un plan de vuelo específico, una misión conjunta, y unos objetivos a corto plazo que vamos poniendo, según las edades de los hijos y las etapas de la vida...







            Y con una retroalimentación, para no desviarnos del rumbo fijado..., porque las tormentas y turbulencias nos sacarán del camino muchas veces, pero si mantenemos el norte claro, podemos "realinear" la trayectoria cuando sea preciso. Lo importante es tener un punto fijo en el espacio, para volver a la ruta. Por ejemplo, "un enunciado de misión familiar"... 






         La dirección familiar, como señala el profesor Oliveros F. Otero, es bueno que sea participativa, y con objetivos claros, para que todos contribuyan y la hagan "suya". Vamos por partes: 



          1º) La dirección de la familia es participativa por tener dos directores, o mejor, líderes, que han de trabajar en equipo sinérgico a ser posible. De esta forma cada capacidad o cualidad específica de cada uno, se pone al servicio de los demás, y entre los dos se logra sinergia positiva.





          Para ello podemos: 

 *Valorar las diferencias entre ambos, para tener más posibilidades a la hora de actuar.

 *Construir sobre los puntos fuertes de cada persona de la familia, de nuestro cónyuge y de los hijos, para suplir los puntos débiles...

 *Trabajar en los momentos mejores de cada uno.

                 
         También es participativa, en cuanto que no se trata tanto de hacer, sino de enseñar a hacer. Nuestros hijos aprenden todo, porque nos están mirando todo el día: somos sus modelos. Y tenemos que enseñarles con el ejemplo, y explicándoles las cosas según su edad. Que sepan lo que esperamos de ellos, y cómo hacerlo.


         Porque, los hijos tienen el derecho y el deber de participar en el progreso familiar. Y así van adquiriendo capacidades, habilidades, aptitudes y posteriormente responsabilidades. La familia la sacamos adelante entre todos, no solo entre los padres, que muchas veces lo haríamos más rápido y mejor. Pero es preciso que aprendan, que se integren y puedan volar. Toda ayuda innecesaria es una limitación para quien la recibe.









       2º) La dirección de una familia también debe ser con unos objetivos, ya que los padres necesitamos tener clara la meta de la familia, esa misión insustituible, para saber hacia dónde encaminarnos, y luego plantear objetivos y hacer partícipes a los hijos en el logro de todo ello. No es algo que salga solo, sino que hay que poner nuestras mejores ideas y recursos en ello, hablarlo, usar la imaginación y la creatividad, y luego llevarlo a la acción. 





          Para ello hay que dedicar tiempo a pensar qué tipo de familia queremos ser, hacia dónde la queremos orientar, cómo nos queremos tratar, cómo queremos que sean nuestros hijos, qué valores podemos transmitir… Es decir, cual va a ser nuestro "norte", nuestra misión, para orientarnos. Y pensar, no solo en lo inmediato, sino también a medio o largo plazo. Esto se puede concretar en un lema familiar, en el que cada uno contribuye con sus ideas o preferencias..., incluso cuando los hijos son pequeños.


      Estas ideas y objetivos se pueden concretar en "planes de acción", para tratar de llevarlos a la práctica y hacerlos realidad. Para que no queden en sueños nunca realizados. Así, el conjunto de planes va perfilando un proyecto personal, o familiar, y va marcando el camino, la ruta a seguir.




       Por tanto, dirigir una familia quiere decir que cada hijo sabe lo que se espera de él, que está motivado positivamente para lograrlo, y que en todo momento conoce qué está haciendo bien, o mal, con todo nuestro cariño.


       Para ello nos podemos apoyar en los encargos que ponemos a nuestros hijos, incluso de muy pequeños. Desde traer los pañales para el hermanito, hasta cuidarle o leerle cuentos, poner la mesa,  regar las plantas, cuidar el coche, atender a los abuelos, arreglos, o planear las vacaciones... según la edad que tengan. Y con adolescentes, apoyarnos más en ellos: darles más responsabilidades y no tratarlos como niños, como si no fueran capaces de grandes cosas por los demás... Son los segundos responsables de la familia.


       Cuando son pequeños, primero habrá que hacer las cosas con ellos para enseñarles. Luego lo van haciendo solos hasta adquirir un hábito, y así van aprendiendo diversas habilidades y destrezas, y se van haciendo responsables de su pequeño encargo, y de pensar en los demás. Además aprenden a poner cariño en cada tarea, en cada encargo, a cuidar los detalles, y a preocuparse de los demás para hacerles la vida más agradable. 

         Por eso, ¡¡siempre alegres para alegrar a los que más queremos...!!

  
                         




                                                                          Mª José Calvo
                                                                optimistas educando y amando
                                                                          @Mariajoseopt


       Espero que les haya sido útil el post, y que lo compartan con amigos. ¡Gracias!




Dejo enlaces relacionados con el tema: 

¿Sabemos ejercer bien la autoridad...?

* "Los encargos" 



* ¿conciliar...?: "si-quieres-¡puedes!", y además logras sinergia







URL:
https://optimistaseducando.blogspot.com/2013/04/direccion-de-la-familia-los-padres.html 




domingo, 14 de abril de 2013

LOS PADRES..., Y EL COLEGIO




               ¿QUIÉN EDUCA A NUESTROS HIJOS?  


                   ¿SOMOS LOS PADRES LOS PRIMEROS Y PRINCIPALES EDUCADORES SUYOS? ¿COLABORAMOS CON EL COLEGIO...?

        


         ¿Por qué y para qué educarlos...? ¿Cómo llevarlo a cabo? ¿Qué ayudas podemos tener? 

       Podemos profundizar un poco en el sentido de la educación de nuestros hijos...

       Queremos que crezcan como personas, que tengan una buena personalidad, que sean capaces de relacionarse con los demás, que desarrollen sus cualidades y talentos, que tengan amigos, que sepan querer... etc.

            Educar es formar a una persona para que se construya a sí misma, y alcance su plenitud. Es hacerla libre y responsable para que sea capaz de pilotar su vida, de "abrir caminos y de transitarlos"... Hace falta que tengan autodominio y control sobre ellos mismos para que se enfoquen hacia una meta valiosa... Los educamos para que sean autónomos cuanto antes y libres, y, de esa forma, puedan amar y ser amados. Como consecuencia de esa plenitud personal, de ser mejores personas, serán felices..., porque la felicidad depende en gran medida de la capacidad de amar, y de la calidad de ese amor.



        Educar es una ciencia y un arte. Un arte, porque no hay reglas fijas y cada caso es único e irrepetible. Cada persona es como un universo, y un misterioso arcano. Siempre nos podrá sorprender. Podemos poner en marcha toda nuestra creatividad e ingenio. Pero, a su vez, es una ciencia, y como tal es necesario conocerla, estudiarla, y dedicarle un tiempo. Recabar la mejor información, hablarlo los dos, pensando qué objetivos queremos, ver qué es lo importante, para no estar atrapados en lo urgente que nos reclama la atención, y no encontremos tiempo o el modo de concretarlo. Y muchas otras cosas más... 

          También es preciso conocer a cada hijo, descubrir sus cualidades singulares, sus gustos y fortalezas, ver qué necesita, en qué destaca, cómo motivarle, cómo hacerle atractiva la exigencia en algún punto... E ir por delante nosotros, porque nos están mirando todo el día.



         Antes se educaba por intuición y, sobre todo, corrigiendo cuando aparecían los problemas. Ahora los tiempos han cambiado enormemente, se trabaja fuera de casa, y los niños están influenciados por un ambiente en el que hay crisis de valores y de coherencia personal muchas veces. Ahora debemos hacerlo de otra manera: adelantándonos a los acontecimientos, en positivo, sabiendo los avances de la neurología y la pediatría. Tenemos que cambiar el "chip": hace falta ser "buscadores de talentos" escondidos, para desarrollarlos y potenciarlos, y no tanto cazadores de defectos...





          Es preciso hacer “educación preventiva” mucho antes de que aparezcan los problemas. Pero debemos ser optimistas: tenemos a nuestro favor nuevos conocimientos en pedagogía, neurociencias, y también en relación con el desarrollo del niño.



 También podemos atender a los "periodos críticos" de las distintas edades, esos ritmos naturales en los que es más fácil adquirir unas funciones innatas, o vivir unos valores humanos concretos, como el orden, la generosidad, la empatía, la amistad, la gratitud, la responsabilidad... etc.





        Además, la educación la llevamos a cabo en la familia, que es el ámbito natural donde se forma a cada hijo, gracias al amor incondicional entre esas personas. Y surge de ese "generador" del amor de los esposos, que nos da su luz y su calor en todas las circunstancias de la vida. La persona aprende a querer por inmersión, cuando se siente querida.


       La familia es la escuela del más rico humanismo, donde se acepta a cada persona por lo que es, sin tener que demostrar nada. Donde se aprende lo importante de la vida con el enfoque adecuado.


         El amor y la confianza, que nacen de la aceptación incondicional, hacen que cada hijo se sienta muy querido, y permite que salga a la luz su mejor personalidad. Por eso, me gusta decir que el cariño y la confianza son como el "horno" donde se cuece la mejor personalidad de cada uno. Y es en la familia donde se forjan personas capaces de desarrollarse bien, y poder querer a los demás...



Los padres tenemos la misión de educar a nuestros hijos, que se traduce en hacerlos responsables de la vida. Es el mayor objetivo que nos podemos plantear, y una misión, además de reconfortante, ineludible. La conciencia de esta misión tan sagrada hace del padre y de la madre, auténticos líderes, estimulando lo mejor de ellos, y además los engrandece.


        Para ello, nos debemos apoyar en la autoridad, que es un servicio de guía, que prestamos los padres a la hora de ayudar a nuestros hijos para que crezcan fuertes, con autonomía, y con su naciente libertad. Necesitan que les guiemos en su formación, que les enseñemos lo que está bien o mal, y necesitan unas normas que vayan orientando y guiando su conducta... etc.





       También tenemos la libertad de pensar y decidir entre los dos, qué valores son más importantes, según la edad de los hijos..., para poner "de moda", que estén centrados en principios, e intentar vivirlos en familia. Y de esa forma, cuando los niños crecen, entorno a los 7 años, y al vivirlos con libertad, y al hacerlos por amor a los demás, se transformen en virtudes personales y en nuestra propia cultura familiar. Las virtudes, término griego que significa fuerza, son refuerzos de nuestras capacidades. Por eso, es necesario educar en libertad, para la libertad de los hijos, que, por otra parte, se concreta y madura en responsabilidad.





           La formación de cada persona depende de la educación de varias facultades o aspectos centrales como pueden ser la inteligencia, la voluntad, y la afectividad. También de la armonía entre ellos.

        En el desarrollo personal interviene la transmisión genética, pero también el entorno y el ambiente, la educación de cada familia, a través de los procesos de desarrollo, de la inteligencia, la formación de la voluntad, y la afectividad. La influencia genética es mucho mayor en lo referente al cuerpo, a la herencia somática, mientras que el aprendizaje es mayor en la educación de la persona con sus facultades específicas, como son la inteligencia y la voluntad libre, para acometer metas y retos.







        El gran papel de los padres en la formación de sus hijos corresponde sobre todo, a educar su voluntad y su afectividad en armonía. Cabeza y corazón como ya señalaran los clásicos. Para que, conociendo lo que está bien, lo que es correcto, deseen llevarlo a la acción, y además disfruten por ello. Que sean felices haciendo felices a los demás. Se trata de seducir con los valores auténticos hechos vida. Y, de esa forma, aprenderán a luchar por dar lo mejor de ellos, y a relacionarse con los demás...



  Por eso es vital tener en cuenta su afectividad y su corazón. Es necesario educar los sentimientos. Explicarles que nuestras acciones repercuten en los demás, y hay que pensar antes de hacer algo, si conviene o no. No podemos despreciarlos o no tomarlos en cuenta... Así serán capaces de pensar en los demás, de comprenderlos, de mostrar empatía, y de querer a las personas más cercanas... Además nos observan con atención y copiarán nuestra conducta.





       Con estos factores se realiza todo aprendizaje, dependiendo de la plasticidad neuronal, que permite establecer conexiones o sinapsis neuronales nuevas, o reforzar las ya existentes, según el propio aprendizaje, la educación, y los hábitos conseguidos... También por la información que les proporcionemos, la motivación, o la capacidad de imaginar alternativas, y de reaccionar ante las situaciones. 





       Y todo a la luz del cariño que les brindamos, con coherencia personal, que es lo que les atrae y transmite un comportamiento.





           Como resultado obtenemos un perfil de inteligencia, no medible, porque tiene muchos aspectos, que se traduce en aptitudes, capacidades y actitudes que podemos alentar o motivar. Entre ellas la creatividad, tan propia y específica de la persona humana; o la empatía, para conectar con los demás y establecer lazos afectivos. 


      Además hay muchos tipos de inteligencia, y lo importante es descubrir en qué es bueno cada hijo, sus fortalezas y sus anhelos más profundos, para fomentarlos, y que los desarrolle. Así, disfrutar siendo esa persona singularísima que es. 


     Porque, al fin y al cabo, educar es seducir con la belleza de los valores auténticos. Y todos necesitamos pensar con claridad, desarrollar hábitos y virtudes que nos faciliten la vida y nos orienten en buena dirección, que nos mejoren. También tener sentimientos cada vez más finos y nobles, para cultivar lo mejor de nosotros y relacionarnos con los demás de forma más entrañablemente humana.



       Para poder hacer real todo esto, tan importante es el ambiente de familia (enlace), como el poder elegir un colegio adecuado a nuestros ideales. Porque si no, el trabajo que se realiza en casa se vería destruido por un colegio que no coincidiera en lo importante con nuestro ideario. Y los niños soportan muy mal las incoherencias: es preciso trabajar en la misma dirección... Está en juego su formación y plenitud personal, y su felicidad.




        En lo referente al colegio, os dejo este vídeo que han hecho unos padres, y me ha gustado especialmente...







         También dejo otro vídeo de agradecimiento a los profesores, sobre la necesidad de trabajar juntos, en equipo, por el bien de nuestros hijos. Porque los protagonistas son ellos.


       









    
        Copio un poema de la Madre Teresa de Calcuta, muy significativo: 

"Enseñarás a volar, pero no volarán tu vuelo. 
Enseñarás a soñar, pero no soñarán tu sueño. 
Enseñarás a vivir, pero no vivirán tu vida. 
Sin embargo, 
en cada vuelo, 
en cada sueño, 
en cada vida... 
perdurará siempre la huella del camino enseñado..."



            Espero que te haya gustado el post y, que lo compartas con amigos. ¡Gracias!


Dejo enlaces relacionados con el tema: 

*las raíces de la educación y los hábitos: plasticidad neuronal 



* ¿conciliar...?: "si-quieres-¡puedes!", y además logras sinergia




                                                                  Mª José Calvo
                                                                     optimistas educando y amando




URL:
https://optimistaseducando.blogspot.com/2013/04/los-padres-primeros-y-principales.html